/ viernes 4 de enero de 2019

Bolsonaro

La toma de protesta de Jair Bolsonaro es un hecho político y trascendente para América Latina, porque confirma la hipótesis del agotamiento de las élites políticas en el mundo. Los electores vuelven a preferir a alguien que no represente el status quo.

Su ascenso al poder anuncia tormentas. Un proyecto excluyente, neoliberal, muy cercano a Trump, sin que desprecie la visión militarista y con acentos fascistas. Entre sus medidas anuncia como su pilar de crecimiento un programa de privatización por casi 2 mil millones de dólares, que se haría de manera rápida.

América Latina estará atenta a dos grandes proyectos radicalmente diferentes. Andrés Manuel López Obrador con un proyecto social e incluyente en el que se incrementan salarios mínimos; se desarrolla un ambicioso plan de infraestructura basado en la austeridad sin aumentar impuestos, contraer deuda, y sobre todo, sin deshacerse del patrimonio nacional; una estrategia de desarrollo para pueblos indígenas y zonas marginadas; creación de universidades y becas para jóvenes excluidos, por mencionar algunos.

En contratesis, está la estrategia de Bolsonaro, quien desapareció el Ministerio de Medio Ambiente y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales; aprobó que la demarcación de las tierras indígenas sea controlada por el Ministerio de Agricultura, lo que daría pauta a la explotación de los recursos naturales de la Amazonia, además del anuncio de destituir a funcionarios con ideologías “comunistas”.

Las diferencias no terminan ahí, mientras que la mitad de los miembros del gabinete de Andrés Manuel son mujeres, Bolsonaro es abierta y públicamente misógino. Ha mencionado que su mayor error fue haber torturado y no matado; Andrés Manuel ha planteado una política de cero represión.

Las dos potencias de América Latina enfrentarán historias diferentes y se constituirán en modelos a seguir. El parámetro más importante serán los resultados y cómo los demás países de la región adoptan o copian las políticas de uno u otro.

Sin duda el modelo con más posibilidades de éxito es el de Andrés Manuel López Obrador, dado que tiene una lógica política, social, económica y humanista. Bolsonaro pareciera ser una copia anacrónica del “salinismo”, que ya sabemos en qué termina.

Este es uno de los momentos en los que da orgullo y tranquilidad ser mexicano.

La toma de protesta de Jair Bolsonaro es un hecho político y trascendente para América Latina, porque confirma la hipótesis del agotamiento de las élites políticas en el mundo. Los electores vuelven a preferir a alguien que no represente el status quo.

Su ascenso al poder anuncia tormentas. Un proyecto excluyente, neoliberal, muy cercano a Trump, sin que desprecie la visión militarista y con acentos fascistas. Entre sus medidas anuncia como su pilar de crecimiento un programa de privatización por casi 2 mil millones de dólares, que se haría de manera rápida.

América Latina estará atenta a dos grandes proyectos radicalmente diferentes. Andrés Manuel López Obrador con un proyecto social e incluyente en el que se incrementan salarios mínimos; se desarrolla un ambicioso plan de infraestructura basado en la austeridad sin aumentar impuestos, contraer deuda, y sobre todo, sin deshacerse del patrimonio nacional; una estrategia de desarrollo para pueblos indígenas y zonas marginadas; creación de universidades y becas para jóvenes excluidos, por mencionar algunos.

En contratesis, está la estrategia de Bolsonaro, quien desapareció el Ministerio de Medio Ambiente y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales; aprobó que la demarcación de las tierras indígenas sea controlada por el Ministerio de Agricultura, lo que daría pauta a la explotación de los recursos naturales de la Amazonia, además del anuncio de destituir a funcionarios con ideologías “comunistas”.

Las diferencias no terminan ahí, mientras que la mitad de los miembros del gabinete de Andrés Manuel son mujeres, Bolsonaro es abierta y públicamente misógino. Ha mencionado que su mayor error fue haber torturado y no matado; Andrés Manuel ha planteado una política de cero represión.

Las dos potencias de América Latina enfrentarán historias diferentes y se constituirán en modelos a seguir. El parámetro más importante serán los resultados y cómo los demás países de la región adoptan o copian las políticas de uno u otro.

Sin duda el modelo con más posibilidades de éxito es el de Andrés Manuel López Obrador, dado que tiene una lógica política, social, económica y humanista. Bolsonaro pareciera ser una copia anacrónica del “salinismo”, que ya sabemos en qué termina.

Este es uno de los momentos en los que da orgullo y tranquilidad ser mexicano.

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