/ jueves 26 de mayo de 2022

Cable Diplomático | No aprendemos 

No se puede vivir de buenas intenciones y de buenos deseos. En esta semana fuimos testigos del terrible acontecimiento que ocurrió en Texas, donde más de 21 personas, niños y maestros de una escuela fueron abatidos a tiros por un individuo que, por razones de odio, cometió este crimen. No es el primero (pero sí ha sido el más letal de los últimos diez años) y se suma a otros que han acontecido en las últimas semanas en Estados Unidos. Lo anterior, debido a la terrible falta de control y el fácil acceso que hay en este país a las armas de fuego. Lo hemos dicho hasta el cansancio: es más fácil comprar una pistola que una cerveza. No tiene sentido alguno.

¿Por qué las cosas no cambian? Porque la política pública no cambia, porque cada vez que hay un ataque y un atentado masivo, lo único que hay son momentos de silencio, lamentos, oraciones, buenas intenciones, y nada más. No existe un cambio de política que realmente modifique el rumbo de las cosas. Seguir deseando que las cosas sean diferentes sin mover una coma a las regulaciones no tendrá ningún efecto. Según Einstein esa es la definición de locura: seguir haciendo lo mismo y pensar que las cosas van a ser distintas.

Si los políticos en Estados Unidos realmente quisieran que esto dejase de suceder, sabrían que no bastan las oraciones y los lamentos: hay que pasar a la acción. En lo personal creo que será sumamente complicado porque este tema y el asunto del aborto son los dos tópicos más controversiales que dividen al electorado en el país vecino del norte.

Pero en México también podemos aprender la lección. Si bien no existe un problema de esta naturaleza, lo hay de otras en términos de violencia y en términos de inseguridad; en términos de economía, de sociedad, de división política. No importa el asunto al que nos refiramos. Cada país tiene sus propios problemas, pero lo que es verdaderamente común es que nadie puede vivir de buenas intenciones y no aprendemos que, con los deseos y las ganas por sí solas no se llega a ningún lado.

No caigamos en la definición de la locura de Einstein y pensemos que si seguimos haciendo lo mismo, nuestros resultados serán diferentes. También tiene aplicaciones personales y con razón. Aprendamos que, para imprimir un cambio en nuestra sociedad y en nuestra comunidad, tenemos que modificar patrones de conducta, leyes, hábitos, etc. No será fácil, pero es posible.

En Estados Unidos las cosas siguen igual porque cambiar de opinión es perder poder político y obviamente nadie quiere eso. Por eso las cosas se quedan iguales. Pero mientras se siga privilegiando la posición política por encima del interés, no podrá haber avances. Esto tiene aplicaciones universales, en Estados Unidos, en el continente, en el mundo. En conclusión, hay que estar dispuestos a renunciar a ciertas cosas para emprender una ruta de acción que verdaderamente conduzca a resultados diferentes. Pero mientras no se aprenda esa lección, las cosas seguirán igual.

No se puede vivir de buenas intenciones y de buenos deseos. En esta semana fuimos testigos del terrible acontecimiento que ocurrió en Texas, donde más de 21 personas, niños y maestros de una escuela fueron abatidos a tiros por un individuo que, por razones de odio, cometió este crimen. No es el primero (pero sí ha sido el más letal de los últimos diez años) y se suma a otros que han acontecido en las últimas semanas en Estados Unidos. Lo anterior, debido a la terrible falta de control y el fácil acceso que hay en este país a las armas de fuego. Lo hemos dicho hasta el cansancio: es más fácil comprar una pistola que una cerveza. No tiene sentido alguno.

¿Por qué las cosas no cambian? Porque la política pública no cambia, porque cada vez que hay un ataque y un atentado masivo, lo único que hay son momentos de silencio, lamentos, oraciones, buenas intenciones, y nada más. No existe un cambio de política que realmente modifique el rumbo de las cosas. Seguir deseando que las cosas sean diferentes sin mover una coma a las regulaciones no tendrá ningún efecto. Según Einstein esa es la definición de locura: seguir haciendo lo mismo y pensar que las cosas van a ser distintas.

Si los políticos en Estados Unidos realmente quisieran que esto dejase de suceder, sabrían que no bastan las oraciones y los lamentos: hay que pasar a la acción. En lo personal creo que será sumamente complicado porque este tema y el asunto del aborto son los dos tópicos más controversiales que dividen al electorado en el país vecino del norte.

Pero en México también podemos aprender la lección. Si bien no existe un problema de esta naturaleza, lo hay de otras en términos de violencia y en términos de inseguridad; en términos de economía, de sociedad, de división política. No importa el asunto al que nos refiramos. Cada país tiene sus propios problemas, pero lo que es verdaderamente común es que nadie puede vivir de buenas intenciones y no aprendemos que, con los deseos y las ganas por sí solas no se llega a ningún lado.

No caigamos en la definición de la locura de Einstein y pensemos que si seguimos haciendo lo mismo, nuestros resultados serán diferentes. También tiene aplicaciones personales y con razón. Aprendamos que, para imprimir un cambio en nuestra sociedad y en nuestra comunidad, tenemos que modificar patrones de conducta, leyes, hábitos, etc. No será fácil, pero es posible.

En Estados Unidos las cosas siguen igual porque cambiar de opinión es perder poder político y obviamente nadie quiere eso. Por eso las cosas se quedan iguales. Pero mientras se siga privilegiando la posición política por encima del interés, no podrá haber avances. Esto tiene aplicaciones universales, en Estados Unidos, en el continente, en el mundo. En conclusión, hay que estar dispuestos a renunciar a ciertas cosas para emprender una ruta de acción que verdaderamente conduzca a resultados diferentes. Pero mientras no se aprenda esa lección, las cosas seguirán igual.