Alan Diaz

  / miércoles 10 de abril de 2019

Cada quién su Emiliano

Años después de la traición de la Hacienda de Chinameca que terminó con la vida de Emiliano Zapata, se comenzó a recordar el 10 de abril la figura del revolucionario cuya lucha por los trabajadores del campo, por su condición social y económica sigue siendo una meta a cien años de distancia de su muerte.

El reclamo de Emiliano Zapata por las tierras que pertenecían a las comunidades agrarias en los últimos años del porfiriato; sus combates contra la dictadura, su apoyo y posterior rompimiento con el gobierno de Francisco I. Madero; su participación en las luchas entre las facciones que habían derrotado a Victoriano Huerta y su asesinato perpetrado por el coronel Jesús Guajardo durante el gobierno de Venustiano Carranza, quedan en la memoria del país y trascienden las fronteras como otras tantas leyendas de luchadores sociales en el mundo.

Los postulados de Emiliano Zapata, no obstante el artero crimen del diez de abril de 1919, fue decisiva no sólo en la conformación y promulgación de la Constitución de 1917, sino en los años posteriores de la Revolución como una aspiración, aún no satisfecha de justicia a los campesinos que en su mayoría no han sido redimidos de la pobreza.

Junto con la de Francisco Villa, la imagen de Emiliano Zapata está lo mismo en el corrido y el canto popular que en la poesía y es referencia imprescindible en todo planteamiento de reivindicación política, económica y social. Es una figura romántica del imaginario popular e intelectual de buena parte del mundo. No obstante esa dimensión casi mitológica, la imagen de Emiliano Zapata ha tenido, a cien años de su muerte, transformaciones en el concepto de su trascendencia y en la interpretación y aplicación de sus postulados.

Lázaro Cárdenas fue el primero cuyo gobierno llevó a la práctica el reparto de tierras y la desaparición del oprobioso latifundio que no existe más en el campo mexicano. El lema de Zapata –la tierra es de quien la trabaja con sus manos—exigía desde el gobierno de Cárdenas dar a los campesinos, además de la tierra, los elementos para trabajarla con el crédito, la maquinaria y los factores de la técnica moderna para hacerla producir en su provecho y para el bien del país. Siguieron años de políticas, planes y programas, organizaciones gremiales del sector campesino como parte del sistema de gobierno sin que hasta ahora se haya logrado dar al campesino el nivel de vida, la dignidad y la condición imaginados por Emiliano Zapata.

Lejos o cerca de la causa de los campesinos, para los sucesivos gobiernos la lucha de Zapata ha sido tema del discurso político o de propaganda, pero los trabajadores del campo, en su mayoría siguen siendo parte de la gran masa de pobres del país, que suman más de la mitad de la población. ´Toca al gobierno de Andrés Manuel López Obrador la conmemoración del centenario del asesinato de Emiliano Zapata. Mil novecientos diez y nueve ha sido declarado Año de Zapata; su nombre, su lucha están en el discurso político y en los actos de recordación. Como otros gobernantes han adoptado figuras de la historia como timbre de su administración, la de Zapata está en el papel oficial del actual gobierno.

Falta saber si el de López Obrador logrará redimir, aunque sea en parte, a los campesinos del país de la pobreza y la marginación social y económica. No es con nuevo reparto, no de tierra, sino de dinero en forma de limosna a cada campesino como se logrará rescatarlos de su condición de pobres. Crear empleos dignos, programas concretos para elevar la producción y el trabajo del campesino, ya no sólo con sus manos, es el reto del gobierno actual más allá de la vocación poética, romántica, de una vida sacrificada por el bien de la sociedad.

Años después de la traición de la Hacienda de Chinameca que terminó con la vida de Emiliano Zapata, se comenzó a recordar el 10 de abril la figura del revolucionario cuya lucha por los trabajadores del campo, por su condición social y económica sigue siendo una meta a cien años de distancia de su muerte.

El reclamo de Emiliano Zapata por las tierras que pertenecían a las comunidades agrarias en los últimos años del porfiriato; sus combates contra la dictadura, su apoyo y posterior rompimiento con el gobierno de Francisco I. Madero; su participación en las luchas entre las facciones que habían derrotado a Victoriano Huerta y su asesinato perpetrado por el coronel Jesús Guajardo durante el gobierno de Venustiano Carranza, quedan en la memoria del país y trascienden las fronteras como otras tantas leyendas de luchadores sociales en el mundo.

Los postulados de Emiliano Zapata, no obstante el artero crimen del diez de abril de 1919, fue decisiva no sólo en la conformación y promulgación de la Constitución de 1917, sino en los años posteriores de la Revolución como una aspiración, aún no satisfecha de justicia a los campesinos que en su mayoría no han sido redimidos de la pobreza.

Junto con la de Francisco Villa, la imagen de Emiliano Zapata está lo mismo en el corrido y el canto popular que en la poesía y es referencia imprescindible en todo planteamiento de reivindicación política, económica y social. Es una figura romántica del imaginario popular e intelectual de buena parte del mundo. No obstante esa dimensión casi mitológica, la imagen de Emiliano Zapata ha tenido, a cien años de su muerte, transformaciones en el concepto de su trascendencia y en la interpretación y aplicación de sus postulados.

Lázaro Cárdenas fue el primero cuyo gobierno llevó a la práctica el reparto de tierras y la desaparición del oprobioso latifundio que no existe más en el campo mexicano. El lema de Zapata –la tierra es de quien la trabaja con sus manos—exigía desde el gobierno de Cárdenas dar a los campesinos, además de la tierra, los elementos para trabajarla con el crédito, la maquinaria y los factores de la técnica moderna para hacerla producir en su provecho y para el bien del país. Siguieron años de políticas, planes y programas, organizaciones gremiales del sector campesino como parte del sistema de gobierno sin que hasta ahora se haya logrado dar al campesino el nivel de vida, la dignidad y la condición imaginados por Emiliano Zapata.

Lejos o cerca de la causa de los campesinos, para los sucesivos gobiernos la lucha de Zapata ha sido tema del discurso político o de propaganda, pero los trabajadores del campo, en su mayoría siguen siendo parte de la gran masa de pobres del país, que suman más de la mitad de la población. ´Toca al gobierno de Andrés Manuel López Obrador la conmemoración del centenario del asesinato de Emiliano Zapata. Mil novecientos diez y nueve ha sido declarado Año de Zapata; su nombre, su lucha están en el discurso político y en los actos de recordación. Como otros gobernantes han adoptado figuras de la historia como timbre de su administración, la de Zapata está en el papel oficial del actual gobierno.

Falta saber si el de López Obrador logrará redimir, aunque sea en parte, a los campesinos del país de la pobreza y la marginación social y económica. No es con nuevo reparto, no de tierra, sino de dinero en forma de limosna a cada campesino como se logrará rescatarlos de su condición de pobres. Crear empleos dignos, programas concretos para elevar la producción y el trabajo del campesino, ya no sólo con sus manos, es el reto del gobierno actual más allá de la vocación poética, romántica, de una vida sacrificada por el bien de la sociedad.

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