/ miércoles 4 de abril de 2018

Centro de barrio

  • La antítesis de la planeación

Una de las cualidades de Andrés Manuel López Obrador es su capacidad para simplificar la comunicación. Así, el candidato de Morena pregunta ¿para qué queremos otro aeropuerto con tres pistas, si ya tenemos dos pistas en el Benito Juárez y una en Santa Lucía? Simple: tres pistas hoy permiten una operación a la vez, tres pistas en Texcoco permitirán tres operaciones simultáneas, pero eso es lo que menos importa en su simplificación.

Una discusión que parecía superada, y que estuvo presente en México durante tres décadas, ha revivido. La ubicación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. El gobierno de Miguel de la Madrid cometió el error de urbanizar áreas colindantes con el aeropuerto actual, con lo cual canceló la posibilidad de una tercera pista. Ésta se pudo construir dentro del Lago de Texcoco, pero en la ubicación más adecuada optamos por edificar una pirámide de basura. Somos malos para la planeación.

Sé que hay múltiples preocupaciones ambientales en torno al proyecto de Texcoco, también respecto a los costos de operación, pero tengamos en cuenta la situación presente y futura de ese espacio, cuyo valor ambiental, hoy, no es mucho más que el paso de aves migratorias. Texcoco no es el Amazonas. Texcoco no es un solo lago, sino muchos cuerpos de agua. La profundidad de Texcoco siempre fue mínima, por eso era un lago de agua salada, lo que ha limitado su biodiversidad. El lago no tiene habitantes, por lo que no hay población desplazada para construir el aeropuerto.

El sistema de lagos de Tenochtitlan fue sustituido por una urbanización que no estamos dispuestos a des- aparecer. Prevalecen muy pocos cuerpos de agua. Podemos hacer mucho por esos espacios y deberíamos desarrollar una estrategia para ello, incluyendo la recuperación de los ríos que entubamos, pero no se trata de labores sencillas ni baratas, la sustentabilidad ambiental debe tener sostenibilidad económica.

El aeropuerto debe ser la solución, no el problema. De abandonar la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se convertirá en el elefante blanco más grande en la historia del país, fruto de una polémica política. Los partidarios de López Obrador se vuelven automáticamente opositores al proyecto de Texcoco, en una sociedad incapaz de separar sus filias y sus fobias políticas de discusiones concretas. Será el peor mensaje en términos de planeación, pues al final de cuentas ninguna obra podrá superar el sexenio en el futuro, sin ser presa de la demagogia electoral. Un país que sujeta sus inversiones a ciclos políticos será un país sin posibilidades. Si las tendencias no varían, AMLO será el próximo presidente de México.

No votaré por él pero al ser un demócrata, no tengo problema con ser gobernado por él y su partido, será mi presidente. Sostengo diferencias abismales en su agenda, pero la que más me preocupa es el posible abandono del aeropuerto en construcción porque se convertirá en la peor decisión que haya tomado un presidente mexicano en décadas, al cancelar grandes posibilidades de desarrollo para el centro del país y, como lo he dicho ya, al cancelar para siempre la posibilidad de que haya inversiones que trasciendan ciclos sexenales.

  • La antítesis de la planeación

Una de las cualidades de Andrés Manuel López Obrador es su capacidad para simplificar la comunicación. Así, el candidato de Morena pregunta ¿para qué queremos otro aeropuerto con tres pistas, si ya tenemos dos pistas en el Benito Juárez y una en Santa Lucía? Simple: tres pistas hoy permiten una operación a la vez, tres pistas en Texcoco permitirán tres operaciones simultáneas, pero eso es lo que menos importa en su simplificación.

Una discusión que parecía superada, y que estuvo presente en México durante tres décadas, ha revivido. La ubicación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. El gobierno de Miguel de la Madrid cometió el error de urbanizar áreas colindantes con el aeropuerto actual, con lo cual canceló la posibilidad de una tercera pista. Ésta se pudo construir dentro del Lago de Texcoco, pero en la ubicación más adecuada optamos por edificar una pirámide de basura. Somos malos para la planeación.

Sé que hay múltiples preocupaciones ambientales en torno al proyecto de Texcoco, también respecto a los costos de operación, pero tengamos en cuenta la situación presente y futura de ese espacio, cuyo valor ambiental, hoy, no es mucho más que el paso de aves migratorias. Texcoco no es el Amazonas. Texcoco no es un solo lago, sino muchos cuerpos de agua. La profundidad de Texcoco siempre fue mínima, por eso era un lago de agua salada, lo que ha limitado su biodiversidad. El lago no tiene habitantes, por lo que no hay población desplazada para construir el aeropuerto.

El sistema de lagos de Tenochtitlan fue sustituido por una urbanización que no estamos dispuestos a des- aparecer. Prevalecen muy pocos cuerpos de agua. Podemos hacer mucho por esos espacios y deberíamos desarrollar una estrategia para ello, incluyendo la recuperación de los ríos que entubamos, pero no se trata de labores sencillas ni baratas, la sustentabilidad ambiental debe tener sostenibilidad económica.

El aeropuerto debe ser la solución, no el problema. De abandonar la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se convertirá en el elefante blanco más grande en la historia del país, fruto de una polémica política. Los partidarios de López Obrador se vuelven automáticamente opositores al proyecto de Texcoco, en una sociedad incapaz de separar sus filias y sus fobias políticas de discusiones concretas. Será el peor mensaje en términos de planeación, pues al final de cuentas ninguna obra podrá superar el sexenio en el futuro, sin ser presa de la demagogia electoral. Un país que sujeta sus inversiones a ciclos políticos será un país sin posibilidades. Si las tendencias no varían, AMLO será el próximo presidente de México.

No votaré por él pero al ser un demócrata, no tengo problema con ser gobernado por él y su partido, será mi presidente. Sostengo diferencias abismales en su agenda, pero la que más me preocupa es el posible abandono del aeropuerto en construcción porque se convertirá en la peor decisión que haya tomado un presidente mexicano en décadas, al cancelar grandes posibilidades de desarrollo para el centro del país y, como lo he dicho ya, al cancelar para siempre la posibilidad de que haya inversiones que trasciendan ciclos sexenales.

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