/ miércoles 19 de junio de 2019

Centro de Barrio | 200 millones de pesos

En febrero de 2010, cuando inició operaciones Ecobici, las grandes ciudades del mundo estaban organizando los sistemas de bicicletas compartidas a partir de una rápida evolución tecnológica. Entonces, los operadores estaban relacionados con empresas de publicidad: Clear Channel y JC Decaux eran los actores dominantes.

En fechas recientes, una serie de servicios privados ha irrumpido en las calles de México y otros países: Jump, Dezba, Vbike y Mobike, para la Ciudad de México; Lime y Motivate para otras latitudes. Estas empresas han operado sin subsidio, a diferencia de lo que ocurrió con Ecobici, donde se pagó un costo de instalación, se le dieron autorizaciones publicitarias a Clear Channel y después se han pagado servicios de mantenimiento y operación. En 2018, los pagos superaron los 197 millones de pesos.

El cambio tecnológico exige un replanteamiento. En 2010 muy pocas personas usaban teléfonos inteligentes, hoy son la tecnología dominante, por lo tanto más personas acceden a aplicaciones que de inmediato liberan una bicicleta para su uso. El desarrollo de estos sistemas en China abarató la producción de bicicletas de uso rudo.

La irrupción de bicicletas compartidas privadas detonó un desorden en las calles: bicicletas concentradas en ciertas áreas públicas, estorbando a peatones, sin una distribución estratégica que desaliente los viajes en auto. La falta de regulación provocó tanto el desorden como la furia de vecinos. Lo que urgía era no sólo el orden, sino una estrategia de la autoridad: de un lado, un gasto de casi 200 millones de pesos al año, pero presencia sólo en tres de las 16 demarcaciones. Del otro lado, la posibilidad de crecer la cobertura de bicicletas compartidas sin recurrir al subsidio y a un costo para el usuario similar al de Ecobici.

La Secretaría de Movilidad, a cargo de Andrés Lajous, no alcanza a visualizar una estrategia de expansión en la cobertura. En una subasta, recaudó 9.61 millones de pesos de tres empresas de bicicletas compartidas que sólo podrán operar en las mismas tres alcaldías en que ya opera Ecobici. Son unos genios, diría José Meade.

En vez de adoptar estrategias que potencien el uso de la bicicleta, como alternativa frente al automóvil, las limitan para recaudar unas migajas, mientras que el enorme subsidio a Ecobici podría reducirse dramáticamente si hubiera una licitación pública del servicio.

Sin embargo, hasta el momento no hay noticia oficial de que haya un proceso público para reemplazar a Clear Channel de la operación de Ecobici, si es que no se ha concretado el cambio en absoluto sigilo (se rumora la asignación discrecional a la empresa Motivate, que en otras latitudes opera sistemas privados sin anclaje).

Hay que poner la lupa sobre los 200 millones de pesos que hoy cuesta Ecobici, porque está claro que en la Semovi no están tomando las mejores decisiones. Una mejor distribución de ese recurso llevaría las bicicletas compartidas a más de la mitad de las demarcaciones, o bien, podríamos reducir de manera considerable ese subsidio. Pero no, la Semovi optó por limitar la expansión de las bicicletas privadas y mantener las transferencias a un sistema que da el mismo servicio. Tal vez eso explica por qué Motivate no se interesó en la subasta.

En febrero de 2010, cuando inició operaciones Ecobici, las grandes ciudades del mundo estaban organizando los sistemas de bicicletas compartidas a partir de una rápida evolución tecnológica. Entonces, los operadores estaban relacionados con empresas de publicidad: Clear Channel y JC Decaux eran los actores dominantes.

En fechas recientes, una serie de servicios privados ha irrumpido en las calles de México y otros países: Jump, Dezba, Vbike y Mobike, para la Ciudad de México; Lime y Motivate para otras latitudes. Estas empresas han operado sin subsidio, a diferencia de lo que ocurrió con Ecobici, donde se pagó un costo de instalación, se le dieron autorizaciones publicitarias a Clear Channel y después se han pagado servicios de mantenimiento y operación. En 2018, los pagos superaron los 197 millones de pesos.

El cambio tecnológico exige un replanteamiento. En 2010 muy pocas personas usaban teléfonos inteligentes, hoy son la tecnología dominante, por lo tanto más personas acceden a aplicaciones que de inmediato liberan una bicicleta para su uso. El desarrollo de estos sistemas en China abarató la producción de bicicletas de uso rudo.

La irrupción de bicicletas compartidas privadas detonó un desorden en las calles: bicicletas concentradas en ciertas áreas públicas, estorbando a peatones, sin una distribución estratégica que desaliente los viajes en auto. La falta de regulación provocó tanto el desorden como la furia de vecinos. Lo que urgía era no sólo el orden, sino una estrategia de la autoridad: de un lado, un gasto de casi 200 millones de pesos al año, pero presencia sólo en tres de las 16 demarcaciones. Del otro lado, la posibilidad de crecer la cobertura de bicicletas compartidas sin recurrir al subsidio y a un costo para el usuario similar al de Ecobici.

La Secretaría de Movilidad, a cargo de Andrés Lajous, no alcanza a visualizar una estrategia de expansión en la cobertura. En una subasta, recaudó 9.61 millones de pesos de tres empresas de bicicletas compartidas que sólo podrán operar en las mismas tres alcaldías en que ya opera Ecobici. Son unos genios, diría José Meade.

En vez de adoptar estrategias que potencien el uso de la bicicleta, como alternativa frente al automóvil, las limitan para recaudar unas migajas, mientras que el enorme subsidio a Ecobici podría reducirse dramáticamente si hubiera una licitación pública del servicio.

Sin embargo, hasta el momento no hay noticia oficial de que haya un proceso público para reemplazar a Clear Channel de la operación de Ecobici, si es que no se ha concretado el cambio en absoluto sigilo (se rumora la asignación discrecional a la empresa Motivate, que en otras latitudes opera sistemas privados sin anclaje).

Hay que poner la lupa sobre los 200 millones de pesos que hoy cuesta Ecobici, porque está claro que en la Semovi no están tomando las mejores decisiones. Una mejor distribución de ese recurso llevaría las bicicletas compartidas a más de la mitad de las demarcaciones, o bien, podríamos reducir de manera considerable ese subsidio. Pero no, la Semovi optó por limitar la expansión de las bicicletas privadas y mantener las transferencias a un sistema que da el mismo servicio. Tal vez eso explica por qué Motivate no se interesó en la subasta.

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