/ miércoles 9 de septiembre de 2020

Centro de Barrio | Arquitectura Pilares

Hace unos días, transitando por Ermita, a la altura de una de las múltiples avenidas cuyo nombre no importa porque todo el mundo las conoce como “Las Torres”, veía por fuera uno de los “Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes”, PILARES, que ha instalado el Gobierno de la Ciudad de México en las 16 demarcaciones. Lo que pensé en ese momento fue parece una cárcel.

Los PILARES se han instrumentado con mucha prisa, lo que me deja dudas sobre su efectividad. En febrero, en este espacio, me preguntaba sobre ello, cuando la Jefa de Gobierno advirtió que los niños que no fueran recogidos a tiempo de las escuelas se fueran a las fiscalías desconcentradas. Por qué no a los PILARES, me preguntaba si el objetivo es crear comunidad en torno a ellos.

Sin embargo, está claro que es uno de los programas prioritarios de la jefa de gobierno, y también leo que si los PILARES se arraigan entre la población, si los utilizan, si los ven como sus espacios, entonces el programa, en el tiempo, podría significar un antes y un después para las colonias populares.

Me dio gusto, hace unos días, leer la noticia de que 25 arquitectos desarrollarán igual cantidad de PILARES. Hay imágenes espectaculares de cómo quedarán los nuevos Puntos. Si los impactos son como los percibo, la experiencia de tener obras de arquitectas como Frida Escobedo, Tatiana Bilbao o Fernanda Canales, podría entusiasmar a muchas niñas de esos barrios para seguir estudiando, por poner algún ejemplo.

En las colonias populares domina la autoconstrucción. No existen las “proporciones arquitectónicas”, y a su vez no falta el que trata de evocar un castillo o un monumento internacional de forma fallida. Algunos dirán que es su gusto, pero otros pensamos que la estética nos ayuda mucho a mejorar el entorno y cómo nos vemos a nosotros mismos.

Pronto, 25 comunidades urbanas contarán con arquitectura de calidad, en contraste con el PILARES de Ermita y Las Torres.

Me gusta la idea de generar aprendizaje a partir de la experiencia. Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a otros continentes nos influenciamos de lo que ahí vemos y pensamos en ideas replicables, en fusión con componentes locales. Una arquitectura de calidad debería ir acompañada de un entorno más caminable, que propicie la convivencia local.

Los PILARES de las alcaldías de la periferia se asientan en barrios que podrían tener un comportamiento fantasma durante el día, porque sus adultos salen a trabajar. Los niños se han criado solos las últimas dos generaciones y eso explica muchos fenómenos de la pobreza urbana. Me gusta la idea de que la buena arquitectura se convierta en semilla. Estos arquitectos, en general, en la medida que fueron consolidado sus talleres, de forma voluntaria desarrollaron proyectos con comunidades locales. Es el caso de Jose Castillo, de Tatiana Bilbao, de Javier Sánchez, de Francisco Pardo, por mencionar algunos.

Espero que el esfuerzo no se limite a los PILARES, el Gobierno de Ciudad de México debería buscar mejorar el espacio público inmediato, y me refiero no sólo a parques y juegos, sino a banquetas modelo, huertos urbanos, composteros y a su vez involucrar a otras profesiones. Seguro que muchos podemos aportar desde nuestras propias experiencias y conocimientos.

Hace unos días, transitando por Ermita, a la altura de una de las múltiples avenidas cuyo nombre no importa porque todo el mundo las conoce como “Las Torres”, veía por fuera uno de los “Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes”, PILARES, que ha instalado el Gobierno de la Ciudad de México en las 16 demarcaciones. Lo que pensé en ese momento fue parece una cárcel.

Los PILARES se han instrumentado con mucha prisa, lo que me deja dudas sobre su efectividad. En febrero, en este espacio, me preguntaba sobre ello, cuando la Jefa de Gobierno advirtió que los niños que no fueran recogidos a tiempo de las escuelas se fueran a las fiscalías desconcentradas. Por qué no a los PILARES, me preguntaba si el objetivo es crear comunidad en torno a ellos.

Sin embargo, está claro que es uno de los programas prioritarios de la jefa de gobierno, y también leo que si los PILARES se arraigan entre la población, si los utilizan, si los ven como sus espacios, entonces el programa, en el tiempo, podría significar un antes y un después para las colonias populares.

Me dio gusto, hace unos días, leer la noticia de que 25 arquitectos desarrollarán igual cantidad de PILARES. Hay imágenes espectaculares de cómo quedarán los nuevos Puntos. Si los impactos son como los percibo, la experiencia de tener obras de arquitectas como Frida Escobedo, Tatiana Bilbao o Fernanda Canales, podría entusiasmar a muchas niñas de esos barrios para seguir estudiando, por poner algún ejemplo.

En las colonias populares domina la autoconstrucción. No existen las “proporciones arquitectónicas”, y a su vez no falta el que trata de evocar un castillo o un monumento internacional de forma fallida. Algunos dirán que es su gusto, pero otros pensamos que la estética nos ayuda mucho a mejorar el entorno y cómo nos vemos a nosotros mismos.

Pronto, 25 comunidades urbanas contarán con arquitectura de calidad, en contraste con el PILARES de Ermita y Las Torres.

Me gusta la idea de generar aprendizaje a partir de la experiencia. Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a otros continentes nos influenciamos de lo que ahí vemos y pensamos en ideas replicables, en fusión con componentes locales. Una arquitectura de calidad debería ir acompañada de un entorno más caminable, que propicie la convivencia local.

Los PILARES de las alcaldías de la periferia se asientan en barrios que podrían tener un comportamiento fantasma durante el día, porque sus adultos salen a trabajar. Los niños se han criado solos las últimas dos generaciones y eso explica muchos fenómenos de la pobreza urbana. Me gusta la idea de que la buena arquitectura se convierta en semilla. Estos arquitectos, en general, en la medida que fueron consolidado sus talleres, de forma voluntaria desarrollaron proyectos con comunidades locales. Es el caso de Jose Castillo, de Tatiana Bilbao, de Javier Sánchez, de Francisco Pardo, por mencionar algunos.

Espero que el esfuerzo no se limite a los PILARES, el Gobierno de Ciudad de México debería buscar mejorar el espacio público inmediato, y me refiero no sólo a parques y juegos, sino a banquetas modelo, huertos urbanos, composteros y a su vez involucrar a otras profesiones. Seguro que muchos podemos aportar desde nuestras propias experiencias y conocimientos.