/ miércoles 21 de noviembre de 2018

Centro de barrio | Cablebús público-privado

Hace algunos años, cuando se realizó el concurso para la construcción del tranvía de Buenavista a Pino Suárez, el esquema se planteó como una “Asociación Público Privada”, en este caso con la intención de que el ganador del concurso proyectara, construyera, operara y mantuviera el tranvía. Habría sido la mejor forma de gestionar el servicio.

Algo así ocurrió con la contratación de los trenes de la línea 12 del Metro, donde, sin embargo, la población tiene una opinión negativa del esquema financiero con el que operan: Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) es el dueño de los trenes, les da mantenimiento y cobra una renta por los mismos (pactada en dólares a 16 pesos). A los 15 años de operación, los trenes serán de la Ciudad de México y deberán estar en perfectas condiciones, por lo que el riesgo de su deterioro fue transferido a los proveedores.

En los próximos meses comenzará el desarrollo de los primeros teleféricos de la ciudad, como un servicio masivo de transporte de pasajeros. Miles de personas podrán ser transportadas cada hora. Sólo existe un antecedente en nuestro país de este tipo de teleféricos, el Mexicable. Debo reconocer que tanto en el caso de Mexicable, como en el Metrocable de Medellín, la operación de este servicio es a cargo del gobierno, a través de un organismo descentralizado.

Sin embargo ¿qué pasaría si la operación del teleférico de la Ciudad de México fuera privada y a cargo del consorcio constructor?

Este tipo de servicios requiere un mantenimiento puntual. Por seguridad, debe parar algunos días al año para mantenimiento preventivo. ¿Está garantizado que los vidrios no estén rayados como en el metro de la Ciudad de México? ¿Quién se encargará de cambiar las cabinas cuando éstas envejezcan? Hay muchos riesgos inherentes a la operación, como el deterioro del nivel de servicio.

Una asociación público privada es la mejor garantía de que el estándar de operación siempre sea el mismo, mientras ésta se mantenga. La operación del tren suburbano sigue un esquema similar. La misma empresa fabricante de los trenes es la operadora del servicio y da mantenimiento a la infraestructura.

Sé que la administración a cargo de Claudia Sheinbaum no será partidaria de que uno de sus mayores legados en materia de transporte sea operado mediante una asociación público privada, pero sin duda tendría que evaluarse.

Es importante tener en cuenta que, de ocurrir una APP para el Cablebús, se tendrían otras dos ventajas importantes, además de que un particular gestione los riesgos en la operación. Una de ellas es lo inherente a la puesta en marcha del servicio. El ganador de la licitación no empieza a recibir ningún pago mientras no entregue la obra, por lo cual cuenta con incentivos para su puesta en operación en menor tiempo. La otra, el mantenimiento, tanto de las estaciones como el espacio público en su entorno, también puede quedar a cargo del contratista, evitando que haya un deterioro conforme se eleva la demanda de usuarios, como ha sucedido en las estaciones del Metro.

Ojalá el nuevo gobierno sea frío y no apegado a ideologías, cuando analice las alternativas de operación del Cablebús, pues a la larga ésta será la que dé mayor valor a la ciudad.

Hace algunos años, cuando se realizó el concurso para la construcción del tranvía de Buenavista a Pino Suárez, el esquema se planteó como una “Asociación Público Privada”, en este caso con la intención de que el ganador del concurso proyectara, construyera, operara y mantuviera el tranvía. Habría sido la mejor forma de gestionar el servicio.

Algo así ocurrió con la contratación de los trenes de la línea 12 del Metro, donde, sin embargo, la población tiene una opinión negativa del esquema financiero con el que operan: Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) es el dueño de los trenes, les da mantenimiento y cobra una renta por los mismos (pactada en dólares a 16 pesos). A los 15 años de operación, los trenes serán de la Ciudad de México y deberán estar en perfectas condiciones, por lo que el riesgo de su deterioro fue transferido a los proveedores.

En los próximos meses comenzará el desarrollo de los primeros teleféricos de la ciudad, como un servicio masivo de transporte de pasajeros. Miles de personas podrán ser transportadas cada hora. Sólo existe un antecedente en nuestro país de este tipo de teleféricos, el Mexicable. Debo reconocer que tanto en el caso de Mexicable, como en el Metrocable de Medellín, la operación de este servicio es a cargo del gobierno, a través de un organismo descentralizado.

Sin embargo ¿qué pasaría si la operación del teleférico de la Ciudad de México fuera privada y a cargo del consorcio constructor?

Este tipo de servicios requiere un mantenimiento puntual. Por seguridad, debe parar algunos días al año para mantenimiento preventivo. ¿Está garantizado que los vidrios no estén rayados como en el metro de la Ciudad de México? ¿Quién se encargará de cambiar las cabinas cuando éstas envejezcan? Hay muchos riesgos inherentes a la operación, como el deterioro del nivel de servicio.

Una asociación público privada es la mejor garantía de que el estándar de operación siempre sea el mismo, mientras ésta se mantenga. La operación del tren suburbano sigue un esquema similar. La misma empresa fabricante de los trenes es la operadora del servicio y da mantenimiento a la infraestructura.

Sé que la administración a cargo de Claudia Sheinbaum no será partidaria de que uno de sus mayores legados en materia de transporte sea operado mediante una asociación público privada, pero sin duda tendría que evaluarse.

Es importante tener en cuenta que, de ocurrir una APP para el Cablebús, se tendrían otras dos ventajas importantes, además de que un particular gestione los riesgos en la operación. Una de ellas es lo inherente a la puesta en marcha del servicio. El ganador de la licitación no empieza a recibir ningún pago mientras no entregue la obra, por lo cual cuenta con incentivos para su puesta en operación en menor tiempo. La otra, el mantenimiento, tanto de las estaciones como el espacio público en su entorno, también puede quedar a cargo del contratista, evitando que haya un deterioro conforme se eleva la demanda de usuarios, como ha sucedido en las estaciones del Metro.

Ojalá el nuevo gobierno sea frío y no apegado a ideologías, cuando analice las alternativas de operación del Cablebús, pues a la larga ésta será la que dé mayor valor a la ciudad.

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