/ miércoles 24 de octubre de 2018

Centro de barrio | Cambiemos la ecuación

La definición legal de “Ciudad de México” deja de lado las dinámicas metropolitanas como de una sola ciudad. De pronto, Acolman, Texcoco, Nezahualcóyotl o Ecatepec, municipios colindantes con los terrenos del Aeropuerto en construcción, se convierten en ciudades distintas. Esto significa que si cierra el aeropuerto Benito Juárez y abre el de Texcoco, lo que pierde la Ciudad de México lo ganan los municipios que mencioné. Visto así, el juego “suma cero”.

Es completamente cierto, y la jefa de gobierno electa, Claudia Sheinbaum, ha destacado que con el cierre del aeropuerto se perderán empleos en la “Ciudad de México” . Para ser precisos, el día que baje el switch el Benito Juárez y lo suba el de Texcoco, el PIB de la Ciudad de México bajará de 3 a 5 puntos porcentuales. En sentido opuesto, el Estado de México incrementará su PIB en la misma proporción.

Sin embargo, la mudanza del aeropuerto no es un juego suma cero. Es una acción que impacta con la productividad de la ciudad. Conformar un sistema de aeropuertos, como se plantea como alternativa, sólo atiende el problema de la saturación, no construye una solución de largo plazo que dé lugar a nuevas oportunidades. Encarece costos.

En el equipo del nuevo gobierno de la Ciudad de México oigo voces que se oponen a convertir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en un “hub” es decir, en un centro de intercambio mundial. Sin embargo, ya en su escala lo es, pero con el NAIM y los aviones de última generación, casi cualquier ciudad del mundo podría quedar conectada desde México. Si fuera una mala idea un hub, Países Bajos, Francia y Alemania los rechazarían, pero forman parte de sus oportunidades económicas y de empleo.

Lo mismo podemos decir de la carga, cuya capacidad crecerá para convertir al NAIM en el aeropuerto más importante de América Latina. Son empleos y oportunidades de una zona metropolitana: somos una sola ciudad.

Vincular a la Ciudad de México con más ciudades del mundo, algo consecuente con el aeropuerto de Texcoco, no con las otras opciones, es un acto congruente con la política comercial de México: tenemos tratados de libre comercio con casi medio centenar de países. Eso significa empleos: sí se pierden al cerrar el Aeropuerto Benito Juárez, pero se pueden compensar (y mejorar) con estrategia, mitigando los impactos negativos y potenciando los positivos. Estamos hablando de oportunidades en sectores como turismo, construcción, financiero, servicios, entre otros.

A esta visión sumémosle otro punto ¿cuál es el efecto de sacar a las secretarías federales de la ciudad? Es pérdida de empleos. Vale la pena, si al final de cuentas el crecimiento económico nacional detona otros empleos en la capital. La realidad es muy distinta, así que quien piense que cerrar el Aeropuerto Benito Juárez significa perder empleos debería, seriamente, oponerse a la salida de instituciones federales de la ciudad, cuyo efecto es el mismo pero sin los posibles beneficios del incremento a la productividad local que sí ofrece la construcción de un gran aeropuerto en el otrora lago de Texcoco.

Como decía cierta propaganda electoral ... ¡Cambiemos la ecuación!

La definición legal de “Ciudad de México” deja de lado las dinámicas metropolitanas como de una sola ciudad. De pronto, Acolman, Texcoco, Nezahualcóyotl o Ecatepec, municipios colindantes con los terrenos del Aeropuerto en construcción, se convierten en ciudades distintas. Esto significa que si cierra el aeropuerto Benito Juárez y abre el de Texcoco, lo que pierde la Ciudad de México lo ganan los municipios que mencioné. Visto así, el juego “suma cero”.

Es completamente cierto, y la jefa de gobierno electa, Claudia Sheinbaum, ha destacado que con el cierre del aeropuerto se perderán empleos en la “Ciudad de México” . Para ser precisos, el día que baje el switch el Benito Juárez y lo suba el de Texcoco, el PIB de la Ciudad de México bajará de 3 a 5 puntos porcentuales. En sentido opuesto, el Estado de México incrementará su PIB en la misma proporción.

Sin embargo, la mudanza del aeropuerto no es un juego suma cero. Es una acción que impacta con la productividad de la ciudad. Conformar un sistema de aeropuertos, como se plantea como alternativa, sólo atiende el problema de la saturación, no construye una solución de largo plazo que dé lugar a nuevas oportunidades. Encarece costos.

En el equipo del nuevo gobierno de la Ciudad de México oigo voces que se oponen a convertir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en un “hub” es decir, en un centro de intercambio mundial. Sin embargo, ya en su escala lo es, pero con el NAIM y los aviones de última generación, casi cualquier ciudad del mundo podría quedar conectada desde México. Si fuera una mala idea un hub, Países Bajos, Francia y Alemania los rechazarían, pero forman parte de sus oportunidades económicas y de empleo.

Lo mismo podemos decir de la carga, cuya capacidad crecerá para convertir al NAIM en el aeropuerto más importante de América Latina. Son empleos y oportunidades de una zona metropolitana: somos una sola ciudad.

Vincular a la Ciudad de México con más ciudades del mundo, algo consecuente con el aeropuerto de Texcoco, no con las otras opciones, es un acto congruente con la política comercial de México: tenemos tratados de libre comercio con casi medio centenar de países. Eso significa empleos: sí se pierden al cerrar el Aeropuerto Benito Juárez, pero se pueden compensar (y mejorar) con estrategia, mitigando los impactos negativos y potenciando los positivos. Estamos hablando de oportunidades en sectores como turismo, construcción, financiero, servicios, entre otros.

A esta visión sumémosle otro punto ¿cuál es el efecto de sacar a las secretarías federales de la ciudad? Es pérdida de empleos. Vale la pena, si al final de cuentas el crecimiento económico nacional detona otros empleos en la capital. La realidad es muy distinta, así que quien piense que cerrar el Aeropuerto Benito Juárez significa perder empleos debería, seriamente, oponerse a la salida de instituciones federales de la ciudad, cuyo efecto es el mismo pero sin los posibles beneficios del incremento a la productividad local que sí ofrece la construcción de un gran aeropuerto en el otrora lago de Texcoco.

Como decía cierta propaganda electoral ... ¡Cambiemos la ecuación!

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