/ miércoles 17 de marzo de 2021

Centro de Barrio | Comunicación electoral

En la esquina de Malintzin con Centenario, el Partido del Trabajo forró por completo una casona antigua, protegida tanto por el INAH a través de la Declaratoria de Zona de Monumentos Históricos de 1990, como por el Gobierno de la Ciudad de México, por medio de la declaratoria de Patrimonio Histórico Tangible de la Ciudad de México, de 2019. El inmueble hoy luce grotesco, con colores que contrastan con la zona, aunque tampoco esperaría una acción de las posibles autoridades involucradas: INAH, INBAL o PAOT; al ser del mismo grupo político, en un entorno de desmantelamiento de procesos legales que medio funcionaban, veremos de aquí a junio los colores rojo y amarillo.

Tomo la violación a las leyes por parte del Partido del Trabajo como un ejemplo porque supongo que hay un incentivo a que tal violación ocurra, las campañas políticas. ¿Qué son las campañas? Son actos de comunicación de un mensaje emitido por candidatos y partidos, para lograr una votación a favor de quien emitió el mensaje. Esto es bastante obvio.

El problema es que en una sociedad que se informa y documenta poco, los mensajes políticos siempre se han enviado por vías bastante informales. Además, las reglas favorecen a los partidos grandes en la comunicación del mensaje: obtienen más recursos y más tiempos en medios de comunicación. Para colmo, el eje de las campañas ha sido la comunicación superficial: la guerra de colores de los partidos, y los spots de 20 o 30 segundos. El resultado es desastroso para nuestra sociedad: no discutimos los verdaderos problemas y tomamos como buenas las ideas de la mayoría en turno.

Por décadas hemos destacado los rostros de los candidatos como si una sonrisa o una cara seria, una cara bonita o fea, una playera o un traje, hicieran la diferencia. Las ideas serían en realidad la diferencia, pero éstas no están llegando a los electores potenciales porque las campañas son superficiales, y mientras esto no cambie, no esperemos que las campañas sean mejores, ni que el resultado en políticas públicas lo sea.

Me parece que entonces el punto clave es que los organismos electorales, nacional y locales, deberían enfocarse justo a tratar de generar condiciones para que el mensaje llegue a los electores en una condición de igualdad, que los “productos” sean comparables, como hasta ahora no lo son. En un escenario ideal, los electores deberíamos poder comparar la propuesta sin ponerle cara, voz o colores de partido. Desde mi punto de vista, en el caso concreto de la Ciudad de México, el Instituto Electoral debería trabajar canales de comunicación que alcancen a todos los ciudadanos, mediante los cuales los canales sean comparables. A su vez, a nivel nacional, podríamos disminuir el financiamiento a partidos si el INE generara una política en la misma vía.

Entonces, fenómenos como la violación a la legislación en exceso de gastos de campaña, propaganda colocada en sitios prohibidos y la contaminación visual como la que menciono para el caso de Malintzin 183, en Coyoacán, debemos verlos sólo como un síntoma de una enfermedad más profunda, que es la deficiente comunicación entre partidos y candidatos, con sus potenciales electores.

En la esquina de Malintzin con Centenario, el Partido del Trabajo forró por completo una casona antigua, protegida tanto por el INAH a través de la Declaratoria de Zona de Monumentos Históricos de 1990, como por el Gobierno de la Ciudad de México, por medio de la declaratoria de Patrimonio Histórico Tangible de la Ciudad de México, de 2019. El inmueble hoy luce grotesco, con colores que contrastan con la zona, aunque tampoco esperaría una acción de las posibles autoridades involucradas: INAH, INBAL o PAOT; al ser del mismo grupo político, en un entorno de desmantelamiento de procesos legales que medio funcionaban, veremos de aquí a junio los colores rojo y amarillo.

Tomo la violación a las leyes por parte del Partido del Trabajo como un ejemplo porque supongo que hay un incentivo a que tal violación ocurra, las campañas políticas. ¿Qué son las campañas? Son actos de comunicación de un mensaje emitido por candidatos y partidos, para lograr una votación a favor de quien emitió el mensaje. Esto es bastante obvio.

El problema es que en una sociedad que se informa y documenta poco, los mensajes políticos siempre se han enviado por vías bastante informales. Además, las reglas favorecen a los partidos grandes en la comunicación del mensaje: obtienen más recursos y más tiempos en medios de comunicación. Para colmo, el eje de las campañas ha sido la comunicación superficial: la guerra de colores de los partidos, y los spots de 20 o 30 segundos. El resultado es desastroso para nuestra sociedad: no discutimos los verdaderos problemas y tomamos como buenas las ideas de la mayoría en turno.

Por décadas hemos destacado los rostros de los candidatos como si una sonrisa o una cara seria, una cara bonita o fea, una playera o un traje, hicieran la diferencia. Las ideas serían en realidad la diferencia, pero éstas no están llegando a los electores potenciales porque las campañas son superficiales, y mientras esto no cambie, no esperemos que las campañas sean mejores, ni que el resultado en políticas públicas lo sea.

Me parece que entonces el punto clave es que los organismos electorales, nacional y locales, deberían enfocarse justo a tratar de generar condiciones para que el mensaje llegue a los electores en una condición de igualdad, que los “productos” sean comparables, como hasta ahora no lo son. En un escenario ideal, los electores deberíamos poder comparar la propuesta sin ponerle cara, voz o colores de partido. Desde mi punto de vista, en el caso concreto de la Ciudad de México, el Instituto Electoral debería trabajar canales de comunicación que alcancen a todos los ciudadanos, mediante los cuales los canales sean comparables. A su vez, a nivel nacional, podríamos disminuir el financiamiento a partidos si el INE generara una política en la misma vía.

Entonces, fenómenos como la violación a la legislación en exceso de gastos de campaña, propaganda colocada en sitios prohibidos y la contaminación visual como la que menciono para el caso de Malintzin 183, en Coyoacán, debemos verlos sólo como un síntoma de una enfermedad más profunda, que es la deficiente comunicación entre partidos y candidatos, con sus potenciales electores.