/ miércoles 13 de mayo de 2020

Centro de Barrio | Economía en todos los rincones

Ahora que es temporada de “home office” se revive una pregunta que bien podríamos habérnosla hecho todos todo el tiempo para generar los cambios más urgentes. ¿Por qué necesitamos trasladarnos de un extremo de la ciudad al otro?


Los grupos económicos más ricos buscan ciertas comodidades: por ejemplo una mejor vivienda. Mientras uno se aleje de las zonas que generan el empleo, obtiene precios más asequibles para vivir en casa. Eso es comprensible, pero deja de ser una buena idea cuando para disfrutar esa casa debemos pasar horas en el congestionamiento. Sin embargo, es común que el sacrificio sólo sea de un miembro del hogar, mientras el resto realiza viajes más cortos.


En el caso de los grupos económicos más desfavorecidos la realidad es distinta. En el balance entre vivienda barata y el costo del transporte pierden por partida doble. De un lado, el tiempo, con horas de traslados. Del otro lado, el costo de pagar varios sistemas de transporte para llegar al trabajo. Más de dos horas para 1.3 millones de viajes en la Zona Metropolitana. Más de 1 hora para 7 millones de viajes, considerando todo tipo de destinos.


Es una insensatez total hacer viajes de más de una hora para ir a algún destino cotidiano; en concreto, para trabajar, son más de 2.5 millones de personas que hacen 5 millones de viajes, ida o vuelta al hogar, destinando más de una hora en cada viaje. En este momento no hay alternativas para ellos.


Los centros generadores de empleo son, en general, los mismos: los corredores de empleo terciario (Periférico, Reforma, Insurgentes, Centro y Polanco – Granadas) o las zonas industriales (Azcapotzalco, Iztapalapa, Naucalpan, Tlalnepantla, Tultitlán, Cuautitlán y Ecatepec). Fuera de estas áreas, la generación de empleo es mínima.


Si nos preguntamos por qué tenemos congestión en el transporte público pese a la emergencia sanitaria, la respuesta es más o menos clara. Los empleos más precarios se mantuvieron. Las mismas personas que antes de la contingencia se desplazaban decenas de kilómetros durante horas son las que están apretujadas en el Metro y transbordando en Pantitlán, San Lázaro o Buenavista. Son los que hacen la limpieza, los que vigilan, los que realizan entregas a domicilio, los que reparan, los que venden y preparan alimentos, los que no tienen cómo decir a sus jefes #mequedoencasa.


La solución para ellos es la generación de nuevos polos económicos. La pandemia debería servir para ampliar subcentros económicos de la Zona Metropolitana. Necesitamos economía en todos los rincones, creación de empleos por distintos puntos de la ciudad y no sólo en el poniente y norte. Necesitamos empleos en cada barrio, en cada alcaldía, en cada municipio. Que la cifra de empleos generados se acerque lo más posible a la Población Económicamente Activa en cada demarcación, para evitar los grandes traslados.

Esta ciudad, esta metrópoli e incluso esta megalópolis requiere nuevas estrategias. Requiere que los secretarios de desarrollo económico de Ciudad y Estado de México, Fadlala Akabani y Enrique Jacob, sean visionarios y de manera conjunta estructuren políticas que apunten hacia la creación de empleos en todos los rincones, y sus jefes se coordinen para instrumentarlas. Ojalá lo tengan claro.

Ahora que es temporada de “home office” se revive una pregunta que bien podríamos habérnosla hecho todos todo el tiempo para generar los cambios más urgentes. ¿Por qué necesitamos trasladarnos de un extremo de la ciudad al otro?


Los grupos económicos más ricos buscan ciertas comodidades: por ejemplo una mejor vivienda. Mientras uno se aleje de las zonas que generan el empleo, obtiene precios más asequibles para vivir en casa. Eso es comprensible, pero deja de ser una buena idea cuando para disfrutar esa casa debemos pasar horas en el congestionamiento. Sin embargo, es común que el sacrificio sólo sea de un miembro del hogar, mientras el resto realiza viajes más cortos.


En el caso de los grupos económicos más desfavorecidos la realidad es distinta. En el balance entre vivienda barata y el costo del transporte pierden por partida doble. De un lado, el tiempo, con horas de traslados. Del otro lado, el costo de pagar varios sistemas de transporte para llegar al trabajo. Más de dos horas para 1.3 millones de viajes en la Zona Metropolitana. Más de 1 hora para 7 millones de viajes, considerando todo tipo de destinos.


Es una insensatez total hacer viajes de más de una hora para ir a algún destino cotidiano; en concreto, para trabajar, son más de 2.5 millones de personas que hacen 5 millones de viajes, ida o vuelta al hogar, destinando más de una hora en cada viaje. En este momento no hay alternativas para ellos.


Los centros generadores de empleo son, en general, los mismos: los corredores de empleo terciario (Periférico, Reforma, Insurgentes, Centro y Polanco – Granadas) o las zonas industriales (Azcapotzalco, Iztapalapa, Naucalpan, Tlalnepantla, Tultitlán, Cuautitlán y Ecatepec). Fuera de estas áreas, la generación de empleo es mínima.


Si nos preguntamos por qué tenemos congestión en el transporte público pese a la emergencia sanitaria, la respuesta es más o menos clara. Los empleos más precarios se mantuvieron. Las mismas personas que antes de la contingencia se desplazaban decenas de kilómetros durante horas son las que están apretujadas en el Metro y transbordando en Pantitlán, San Lázaro o Buenavista. Son los que hacen la limpieza, los que vigilan, los que realizan entregas a domicilio, los que reparan, los que venden y preparan alimentos, los que no tienen cómo decir a sus jefes #mequedoencasa.


La solución para ellos es la generación de nuevos polos económicos. La pandemia debería servir para ampliar subcentros económicos de la Zona Metropolitana. Necesitamos economía en todos los rincones, creación de empleos por distintos puntos de la ciudad y no sólo en el poniente y norte. Necesitamos empleos en cada barrio, en cada alcaldía, en cada municipio. Que la cifra de empleos generados se acerque lo más posible a la Población Económicamente Activa en cada demarcación, para evitar los grandes traslados.

Esta ciudad, esta metrópoli e incluso esta megalópolis requiere nuevas estrategias. Requiere que los secretarios de desarrollo económico de Ciudad y Estado de México, Fadlala Akabani y Enrique Jacob, sean visionarios y de manera conjunta estructuren políticas que apunten hacia la creación de empleos en todos los rincones, y sus jefes se coordinen para instrumentarlas. Ojalá lo tengan claro.

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