/ miércoles 2 de diciembre de 2020

Centro de Barrio | Elecciones y abstracciones

Las elecciones serán dentro de 6 meses, el 6 de junio para ser precisos. Votaré en Coyoacán. Por quién, no lo sé. No participo y no participaré en ningún proyecto político, como no he participado en las últimas elecciones, si bien, en ocasiones, sí he apoyado con propuestas a amigos candidatos. Aún así, todavía no tengo claro qué amigos o amigas se postularán, pero en todo caso, de apoyar, será con ideas más que con campañas.

Cuando digo que no participaré en ningún proyecto político también tengo claro que no me veo regresando al gobierno pronto. Voy a contemplar las elecciones con independencia y tratar de mirar nuestros procesos políticos con mayor objetividad y distancia, como creo que muchos debieran hacer.

Tengo diferencias con Morena, pero quiero abstraerme y concentrarme en el proceso de desmantelamiento de un aparato de Estado para la construcción de uno nuevo con el que tal vez no simpatice, pero que al menos podría estar cimbrando estructuras para dar lugar a algo mejor, que, de momento, no está construyendo nuestro presidente.

Tengo muy buenos amigos tanto en Acción Nacional como en Movimiento Ciudadano y en lo que queda del Partido de la Revolución Democrática. A lo largo de los últimos dos años he reflexionado acerca de militar o no militar. Hace un año acudí a la sede del PAN en la Ciudad de México, por la presentación del libro de Aminadab Pérez Franco acerca de los 80 años del partido. Me sentí como en casa, saludando amigos.

La presencia de dos mujeres que quiero y admiro en la bancada de MC en el Senado, Patricia Mercado e Indira Kempis, así como la llegada de Laura Ballesteros hace un año, y recién de Salomón Chertorivski y otros amigos, me acercaría al partido naranja – naranja. Aún así, he optado por la abstracción.

No simpatizo con este régimen, al que le urgen contrapesos, que ya no pueda modificar la Constitución casi a capricho; no simpatizo con la irresponsabilidad ni la estridencia de los secretarios de los que soy contemporáneo ni con la pusilanimidad de los secretarios más viejos, pero también veo que en las capas medias del gobierno, así como en los secretarios jóvenes, como Luisa Alcalde y Román Meyer, no sólo hay un sentido de responsabilidad en el ejercicio, sino de rumbo, de políticas construidas con especialistas y organizaciones sociales.

Se pierde toda esperanza cuando el presidente cancela, tras votación a mano alzada, el metrobús de La Laguna, pero si uno observa con atención hay equipos de profesionistas desarrollando instrumentos, normas y políticas que a la larga terminarán pesando más que el acto populista.

No dejo de estar lleno de temores frente a la manipulación y el chantaje a los órganos autónomos, pero al sopesar el avance de la corrupción en estos mismos, al final no tendremos mucho que defender. Si nuestra quimera es el pasado, no sólo no hay motivo alguno para dar la vida, tampoco la cara.

Urge poner sobre la mesa un nuevo modelo de país, de no hacerlo, la elección será un referéndum entre la charlatanería de Morena y el elitismo de los partidos tradicionales. Y la gente votará por los charlatanes una vez más ... y tal vez no se equivoquen.

Las elecciones serán dentro de 6 meses, el 6 de junio para ser precisos. Votaré en Coyoacán. Por quién, no lo sé. No participo y no participaré en ningún proyecto político, como no he participado en las últimas elecciones, si bien, en ocasiones, sí he apoyado con propuestas a amigos candidatos. Aún así, todavía no tengo claro qué amigos o amigas se postularán, pero en todo caso, de apoyar, será con ideas más que con campañas.

Cuando digo que no participaré en ningún proyecto político también tengo claro que no me veo regresando al gobierno pronto. Voy a contemplar las elecciones con independencia y tratar de mirar nuestros procesos políticos con mayor objetividad y distancia, como creo que muchos debieran hacer.

Tengo diferencias con Morena, pero quiero abstraerme y concentrarme en el proceso de desmantelamiento de un aparato de Estado para la construcción de uno nuevo con el que tal vez no simpatice, pero que al menos podría estar cimbrando estructuras para dar lugar a algo mejor, que, de momento, no está construyendo nuestro presidente.

Tengo muy buenos amigos tanto en Acción Nacional como en Movimiento Ciudadano y en lo que queda del Partido de la Revolución Democrática. A lo largo de los últimos dos años he reflexionado acerca de militar o no militar. Hace un año acudí a la sede del PAN en la Ciudad de México, por la presentación del libro de Aminadab Pérez Franco acerca de los 80 años del partido. Me sentí como en casa, saludando amigos.

La presencia de dos mujeres que quiero y admiro en la bancada de MC en el Senado, Patricia Mercado e Indira Kempis, así como la llegada de Laura Ballesteros hace un año, y recién de Salomón Chertorivski y otros amigos, me acercaría al partido naranja – naranja. Aún así, he optado por la abstracción.

No simpatizo con este régimen, al que le urgen contrapesos, que ya no pueda modificar la Constitución casi a capricho; no simpatizo con la irresponsabilidad ni la estridencia de los secretarios de los que soy contemporáneo ni con la pusilanimidad de los secretarios más viejos, pero también veo que en las capas medias del gobierno, así como en los secretarios jóvenes, como Luisa Alcalde y Román Meyer, no sólo hay un sentido de responsabilidad en el ejercicio, sino de rumbo, de políticas construidas con especialistas y organizaciones sociales.

Se pierde toda esperanza cuando el presidente cancela, tras votación a mano alzada, el metrobús de La Laguna, pero si uno observa con atención hay equipos de profesionistas desarrollando instrumentos, normas y políticas que a la larga terminarán pesando más que el acto populista.

No dejo de estar lleno de temores frente a la manipulación y el chantaje a los órganos autónomos, pero al sopesar el avance de la corrupción en estos mismos, al final no tendremos mucho que defender. Si nuestra quimera es el pasado, no sólo no hay motivo alguno para dar la vida, tampoco la cara.

Urge poner sobre la mesa un nuevo modelo de país, de no hacerlo, la elección será un referéndum entre la charlatanería de Morena y el elitismo de los partidos tradicionales. Y la gente votará por los charlatanes una vez más ... y tal vez no se equivoquen.