/ miércoles 7 de octubre de 2020

Centro de Barrio | Exhibir y colgar al adversario

El ambiente político está muy enrarecido, pero quienes más contribuyen al enrarecimiento son los líderes visibles. Me refiero al presidente, para el cual siempre hay prensa buena y mala, siempre hay elogios para quienes lo elogian y denuestos para quienes lo critican. Me refiero al nefasto director del Fondo de Cultura Económica, que lleva ya varios “lapsus” en los últimos dos años, y fue él quien primero propuso colgar a sus contrarios políticos en el Cerro de las Campanas; me refiero por igual a su tocayo y colega, pero adversario político, Francisco Martín Moreno, que entre broma y broma, e imprudencias, acaba de expresar algo muy similar a lo que previamente hizo Paco Ignacio Taibo, añorando a la Santa Inquisición. Pero en el fondo, me refiero mucho más en particular a la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum.

Sheinbaum ha tenido que lidiar con protestas feministas particularmente violentas. El anterior Secretario de Seguridad Pública terminó decorado de rosa, mientras se le prendía fuego a una estación de policía; pocos días después, el Ángel de la Independencia y otros monumentos terminaron tapizados de graffiti. Frente al cuestionamiento por la violencia de las feministas, salió una gran voz a coro, liderada por mujeres: les preocupan más los monumentos que nosotras.

El vandalismo a los retratos de algunos símbolos nacionales como Francisco I. Madero generó una reacción similar. Ante una inepta, espuria y fantasmagórica Rosario Piedra Ibarra, un grupo de mujeres protesta afuera de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y genera un nuevo símbolo, los cuadros vandalizados. Un buen día alguien, de la que jamás había escuchado una sola palabra, lleva víveres a quienes protestan. Delito suficiente para que la Jefa de Gobierno emprenda el denuesto contra Beatriz Gasca, contra la empresa en la que trabajaba hasta ese día y contra el movimiento que la acusa de liderar.

Claudia Sheinbaum dice, yo no acuso (pero sí acusa), sólo vean sus redes sociales. Yo veo la cuenta de @BeaGascaA y me encuentro a una persona que está en la causa feminista, la veo denunciando la violencia contra las mujeres en Guanajuato, la veo con el hashtag #AbortoLegalGuanajuato, la veo con su tez morena denunciando el malinchismo, la veo escribiendo “Lo que aprendí al no nacer rubia”. No la veo en una agenda “conservadora”.

Lo que hizo la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum fue atentar contra los derechos de las personas y el sentido común, desde una posición de poder. Es absolutamente vergonzoso y comparable con el llamado a colgar adversarios en el Cerro de las Campanas o en el Zócalo.

Es más que obvio que la agresión de la Jefa de Gobierno a las manifestantes de la CNDH formó parte de algo parecido a una instrucción desde Palacio Nacional para defender a la vacía y dócil Rosario Piedra.

Conforme crece el poder de Sheinbaum, crece su autoritarismo; tal vez tenga razón en que hay que detener la violencia en las manifestaciones, pero antes hay que tener una agenda para contener la violencia contra las mujeres, la cual no se construye exhibiendo líderes desde el poder del Estado.



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El ambiente político está muy enrarecido, pero quienes más contribuyen al enrarecimiento son los líderes visibles. Me refiero al presidente, para el cual siempre hay prensa buena y mala, siempre hay elogios para quienes lo elogian y denuestos para quienes lo critican. Me refiero al nefasto director del Fondo de Cultura Económica, que lleva ya varios “lapsus” en los últimos dos años, y fue él quien primero propuso colgar a sus contrarios políticos en el Cerro de las Campanas; me refiero por igual a su tocayo y colega, pero adversario político, Francisco Martín Moreno, que entre broma y broma, e imprudencias, acaba de expresar algo muy similar a lo que previamente hizo Paco Ignacio Taibo, añorando a la Santa Inquisición. Pero en el fondo, me refiero mucho más en particular a la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum.

Sheinbaum ha tenido que lidiar con protestas feministas particularmente violentas. El anterior Secretario de Seguridad Pública terminó decorado de rosa, mientras se le prendía fuego a una estación de policía; pocos días después, el Ángel de la Independencia y otros monumentos terminaron tapizados de graffiti. Frente al cuestionamiento por la violencia de las feministas, salió una gran voz a coro, liderada por mujeres: les preocupan más los monumentos que nosotras.

El vandalismo a los retratos de algunos símbolos nacionales como Francisco I. Madero generó una reacción similar. Ante una inepta, espuria y fantasmagórica Rosario Piedra Ibarra, un grupo de mujeres protesta afuera de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y genera un nuevo símbolo, los cuadros vandalizados. Un buen día alguien, de la que jamás había escuchado una sola palabra, lleva víveres a quienes protestan. Delito suficiente para que la Jefa de Gobierno emprenda el denuesto contra Beatriz Gasca, contra la empresa en la que trabajaba hasta ese día y contra el movimiento que la acusa de liderar.

Claudia Sheinbaum dice, yo no acuso (pero sí acusa), sólo vean sus redes sociales. Yo veo la cuenta de @BeaGascaA y me encuentro a una persona que está en la causa feminista, la veo denunciando la violencia contra las mujeres en Guanajuato, la veo con el hashtag #AbortoLegalGuanajuato, la veo con su tez morena denunciando el malinchismo, la veo escribiendo “Lo que aprendí al no nacer rubia”. No la veo en una agenda “conservadora”.

Lo que hizo la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum fue atentar contra los derechos de las personas y el sentido común, desde una posición de poder. Es absolutamente vergonzoso y comparable con el llamado a colgar adversarios en el Cerro de las Campanas o en el Zócalo.

Es más que obvio que la agresión de la Jefa de Gobierno a las manifestantes de la CNDH formó parte de algo parecido a una instrucción desde Palacio Nacional para defender a la vacía y dócil Rosario Piedra.

Conforme crece el poder de Sheinbaum, crece su autoritarismo; tal vez tenga razón en que hay que detener la violencia en las manifestaciones, pero antes hay que tener una agenda para contener la violencia contra las mujeres, la cual no se construye exhibiendo líderes desde el poder del Estado.



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