/ miércoles 3 de abril de 2019

Centro de Barrio | Gobernanza de la movilidad

Han pasado 25 años desde que el proyecto de Tren Elevado de Santa Mónica a Bellas Artes fracasó. La ruta era en viaducto elevado a través de Periférico, Ejército Nacional y Mariano Escobedo, para luego continuar en subterráneo por Paseo de la Reforma y terminar su servicio bajo Juárez.

El proyecto del tren desató protestas vecinales en Polanco y fue cancelado. Cuando uno lo mira en el tiempo se da cuenta que estaba destinado a fracasar. En primer lugar, sí habría sido magnífico contar con un servicio masivo de transporte desde Satélite y alrededores hasta el centro de la ciudad, con una conexión cómoda entre el Corredor Reforma y Polanco. Pero al mismo tiempo surgen otras dudas: ¿qué habría pasado con la crisis económica de mediados de los noventa? La obra pudo haberse quedado trunca o finalmente concluida luego de un rescate financiero, ya que la concesión se financiaba por el cobro de una tarifa de un dólar por viaje.

¿Habríamos podido realizar la obra en Av. Juárez, considerando los posibles restos arqueológicos que se hallan debajo de la ciudad? ¿Cómo se vería Mariano Escobedo sin su arbolado central? ¿Cómo sería Ejército Nacional, considerando que sus carriles son angostos, con una columna en medio?

Este trabajo que ha hecho el tiempo nos deja clara la improvisación que representaba, en su momento, una obra de la magnitud del tren elevado. Los desarrolladores del proyecto sólo vieron procesos constructivos sin adversidades, hicieron una corrida financiera a la ligera y jamás voltearon a ver las necesidades de la población.

Acciones pequeñas, sin embargo, requieren menos planeación mientras se hacen de manera aislada: corregir, por ejemplo, los cruces inseguros de algunas avenidas; o cambiar banquetas. Sin embargo, aún en estos casos, la planeación puede ser mucho más profunda, por ejemplo, una estrategia de ciudad para todas las banquetas en avenidas y todos los cruces peligrosos.

¿Puede o debe participar la población en estos procesos? En mi experiencia, en ocasiones el nivel de detalle de la participación vecinal sobrepasa límites de carácter técnico. Es decir, llegamos a contar con una participación demasiado detallada. Sin embargo, la participación ciudadana sí enriquece los proyectos de baja escala y mucho más lo haría a gran escala. Hoy día hay tres estaciones del Metro en obra, entre Mixcoac y Observatorio, con la ampliación de la Línea 12, ¿está participando la comunidad en el diseño de las estaciones o en la mejora del entorno de las mismas? Claramente esto no está ocurriendo, siendo una obra de la trascendencia que es.

Recién hemos visto cómo nuestras autoridades de la Secretaría de Movilidad se han equivocado en la modificación al Reglamento de Tránsito con dos elementos. Por un lado, quisieron prohibir el uso de patines eléctricos en las banquetas, y por una mala redacción terminaron permitiéndolos. Por otro, elevaron 60% las velocidades de 11 vialidades sin que existan las condiciones adecuadas para ello, poniendo en riesgo la vida de las personas.

Visto de un modo, se equivocaron por soberbios. Visto de otro, no se han hecho de la gobernanza que les permita construir colectivamente en vez de encerrarse en su torre del saber: necesitan socializar sus acciones antes de concretarlas, en vez de imponerlas, de lo contrario, veremos una y otra vez la repetición del Tren Elevado de los noventas.

Han pasado 25 años desde que el proyecto de Tren Elevado de Santa Mónica a Bellas Artes fracasó. La ruta era en viaducto elevado a través de Periférico, Ejército Nacional y Mariano Escobedo, para luego continuar en subterráneo por Paseo de la Reforma y terminar su servicio bajo Juárez.

El proyecto del tren desató protestas vecinales en Polanco y fue cancelado. Cuando uno lo mira en el tiempo se da cuenta que estaba destinado a fracasar. En primer lugar, sí habría sido magnífico contar con un servicio masivo de transporte desde Satélite y alrededores hasta el centro de la ciudad, con una conexión cómoda entre el Corredor Reforma y Polanco. Pero al mismo tiempo surgen otras dudas: ¿qué habría pasado con la crisis económica de mediados de los noventa? La obra pudo haberse quedado trunca o finalmente concluida luego de un rescate financiero, ya que la concesión se financiaba por el cobro de una tarifa de un dólar por viaje.

¿Habríamos podido realizar la obra en Av. Juárez, considerando los posibles restos arqueológicos que se hallan debajo de la ciudad? ¿Cómo se vería Mariano Escobedo sin su arbolado central? ¿Cómo sería Ejército Nacional, considerando que sus carriles son angostos, con una columna en medio?

Este trabajo que ha hecho el tiempo nos deja clara la improvisación que representaba, en su momento, una obra de la magnitud del tren elevado. Los desarrolladores del proyecto sólo vieron procesos constructivos sin adversidades, hicieron una corrida financiera a la ligera y jamás voltearon a ver las necesidades de la población.

Acciones pequeñas, sin embargo, requieren menos planeación mientras se hacen de manera aislada: corregir, por ejemplo, los cruces inseguros de algunas avenidas; o cambiar banquetas. Sin embargo, aún en estos casos, la planeación puede ser mucho más profunda, por ejemplo, una estrategia de ciudad para todas las banquetas en avenidas y todos los cruces peligrosos.

¿Puede o debe participar la población en estos procesos? En mi experiencia, en ocasiones el nivel de detalle de la participación vecinal sobrepasa límites de carácter técnico. Es decir, llegamos a contar con una participación demasiado detallada. Sin embargo, la participación ciudadana sí enriquece los proyectos de baja escala y mucho más lo haría a gran escala. Hoy día hay tres estaciones del Metro en obra, entre Mixcoac y Observatorio, con la ampliación de la Línea 12, ¿está participando la comunidad en el diseño de las estaciones o en la mejora del entorno de las mismas? Claramente esto no está ocurriendo, siendo una obra de la trascendencia que es.

Recién hemos visto cómo nuestras autoridades de la Secretaría de Movilidad se han equivocado en la modificación al Reglamento de Tránsito con dos elementos. Por un lado, quisieron prohibir el uso de patines eléctricos en las banquetas, y por una mala redacción terminaron permitiéndolos. Por otro, elevaron 60% las velocidades de 11 vialidades sin que existan las condiciones adecuadas para ello, poniendo en riesgo la vida de las personas.

Visto de un modo, se equivocaron por soberbios. Visto de otro, no se han hecho de la gobernanza que les permita construir colectivamente en vez de encerrarse en su torre del saber: necesitan socializar sus acciones antes de concretarlas, en vez de imponerlas, de lo contrario, veremos una y otra vez la repetición del Tren Elevado de los noventas.

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