/ miércoles 10 de febrero de 2021

Centro de barrio | Hitler o Gandhi

Desde hace casi 12 años, no conduzco automóvil de forma cotidiana. Si antes, para mí, usar transporte público era la excepción a la regla; hoy lo es estar al frente de un volante, más aún entre semana. Pero fue el caso del pasado lunes que tuve que conducir en medio de la congestión del Periférico, para una reunión presencial, al norte de la ciudad. Tomar el volante en hora pico es mi criptonita.

La mañana es hora de noticieros, y los noticieros suelen poner fragmentos de “La Mañanera”. Esta vez, con el presidente Andrés Manuel López Obrador de vuelta, tras 15 días de ausencia por haberse contagiado de COVID-19, alguien le pregunta si usará cubrebocas a partir de su enfermedad. Él lo niega, asume que ya tiene anticuerpos, pero en realidad vuelve a enviar el mensaje equivocado. Yo, en medio del tráfico y la incertidumbre de llegar a tiempo a mi cita, golpeo el asiento del copiloto. Varios minutos de diatribas, hasta que pasando Los Pinos, la congestión se diluye poco a poco y con ella mi ira.

Desde hace unos meses escribo por las noches mis reflexiones sobre la política nacional. Esto me ha permitido contrastar menos con lo que ocurre a mi alrededor, tomar algo de distancia de la polarización. Algo, claro. Minutos antes de escribir este artículo reflexionaba sobre ese coraje matutino. Por lo regular, me he establecido la regla de no insultar en mis anotaciones. Esta catarsis política que estoy desarrollando me contribuye al juicio frío.

De regreso de mi reunión, al mediodía, en vez de noticias puse un audiolibro. Victor Frankl, El hombre en busca de sentido. Pude escuchar la mitad del libro durante la mañana. Con mis anotaciones nocturnas mi reflexión fue ¿Hitler o Gandhi? ¿De quién está más cerca AMLO? Sé que sus seguidores quedarán profundamente ofendidos por mi comparación, pero creo que la reiterada negativa a tapar boca y nariz, por parte del presidente, tiene más parecido con el genocidio de la Segunda Guerra Mundial, que con la determinación por liberar a la India del yugo Británico.

En este año de encierro, varias personas terminaron haciendo el ridículo en redes sociales por su negativa a utilizar cubrebocas. Ladys y Lords viralizaron. Pronto habrá más. “Yo no me voy a poner cubrebocas porque ya me dio COVID”, “Ya estoy vacunado”. La información nos dice que aún vacunados deberemos seguir utilizando la máscara muchos meses más. Cuando el presidente esté vacunado, la pregunta volverá a ser tema en La Mañanera. ¿Se pondrá cubrebocas? Podemos adivinar la respuesta. ¿Cuántos se inspiraron en la invitación a abrazarse, a hacer su vida normal, cuántos se han inspirado en AMLO para su resistencia al uso de tapabocas? ¿Cuántos miles de muertos se deben al mensaje errático del presidente, de su escudero y charlatán Hugo López Gatell, de sus colaboradores que con frecuencia evitan el cubrebocas por miedo a contrastarse con el propio presidente? Tal vez no sean los millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, pero si México tiene uno de los peores desempeños en el manejo de la Pandemia es justo por estas irresponsabilidades. Aunque lo minimicen hoy, la historia nos dará la razón, el presidente está más cerca de Hitler, que de Gandhi.

Desde hace casi 12 años, no conduzco automóvil de forma cotidiana. Si antes, para mí, usar transporte público era la excepción a la regla; hoy lo es estar al frente de un volante, más aún entre semana. Pero fue el caso del pasado lunes que tuve que conducir en medio de la congestión del Periférico, para una reunión presencial, al norte de la ciudad. Tomar el volante en hora pico es mi criptonita.

La mañana es hora de noticieros, y los noticieros suelen poner fragmentos de “La Mañanera”. Esta vez, con el presidente Andrés Manuel López Obrador de vuelta, tras 15 días de ausencia por haberse contagiado de COVID-19, alguien le pregunta si usará cubrebocas a partir de su enfermedad. Él lo niega, asume que ya tiene anticuerpos, pero en realidad vuelve a enviar el mensaje equivocado. Yo, en medio del tráfico y la incertidumbre de llegar a tiempo a mi cita, golpeo el asiento del copiloto. Varios minutos de diatribas, hasta que pasando Los Pinos, la congestión se diluye poco a poco y con ella mi ira.

Desde hace unos meses escribo por las noches mis reflexiones sobre la política nacional. Esto me ha permitido contrastar menos con lo que ocurre a mi alrededor, tomar algo de distancia de la polarización. Algo, claro. Minutos antes de escribir este artículo reflexionaba sobre ese coraje matutino. Por lo regular, me he establecido la regla de no insultar en mis anotaciones. Esta catarsis política que estoy desarrollando me contribuye al juicio frío.

De regreso de mi reunión, al mediodía, en vez de noticias puse un audiolibro. Victor Frankl, El hombre en busca de sentido. Pude escuchar la mitad del libro durante la mañana. Con mis anotaciones nocturnas mi reflexión fue ¿Hitler o Gandhi? ¿De quién está más cerca AMLO? Sé que sus seguidores quedarán profundamente ofendidos por mi comparación, pero creo que la reiterada negativa a tapar boca y nariz, por parte del presidente, tiene más parecido con el genocidio de la Segunda Guerra Mundial, que con la determinación por liberar a la India del yugo Británico.

En este año de encierro, varias personas terminaron haciendo el ridículo en redes sociales por su negativa a utilizar cubrebocas. Ladys y Lords viralizaron. Pronto habrá más. “Yo no me voy a poner cubrebocas porque ya me dio COVID”, “Ya estoy vacunado”. La información nos dice que aún vacunados deberemos seguir utilizando la máscara muchos meses más. Cuando el presidente esté vacunado, la pregunta volverá a ser tema en La Mañanera. ¿Se pondrá cubrebocas? Podemos adivinar la respuesta. ¿Cuántos se inspiraron en la invitación a abrazarse, a hacer su vida normal, cuántos se han inspirado en AMLO para su resistencia al uso de tapabocas? ¿Cuántos miles de muertos se deben al mensaje errático del presidente, de su escudero y charlatán Hugo López Gatell, de sus colaboradores que con frecuencia evitan el cubrebocas por miedo a contrastarse con el propio presidente? Tal vez no sean los millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, pero si México tiene uno de los peores desempeños en el manejo de la Pandemia es justo por estas irresponsabilidades. Aunque lo minimicen hoy, la historia nos dará la razón, el presidente está más cerca de Hitler, que de Gandhi.