/ miércoles 14 de julio de 2021

Centro de Barrio | Inmunda, inmunda

Saludo los cambios que ha realizado la Jefa de Gobierno en los últimos días, con la palabra que su flamante Coordinador de Comunicación Social ha utilizado para referirse a la prensa mexicana en varias ocasiones y, sin duda, cerrando los ojos frente a las amenazas, muertes, carencias y condiciones adversas en que miles de profesionales ejercen el periodismo en México.

Pero en todo caso, ocuparnos del cuestionamiento a Sebastián Ramírez sería lo mismo que hacer los quienesquieneos del presidente: centrarnos en el mensajero y no en el mensaje. Si antes de Martí Batres no hubo conciliación, no hubo visión política y en ocasiones, sólo hubo actitud de cobrar la quincena pero no ejercer el cargo en la Secretaría de Gobierno, ahora no podemos esperar menos que usar al aparato electoralmente: un secretario dedicado a recuperar el terreno perdido por su partido en la ciudad y reactivar su añeja esperanza de ser él quien gobierne desde el Palacio Virreinal.

En lo personal, tengo serias dudas sobre el nombramiento de Luís Ruiz al frente de la Subsecretaría de Transporte, pues ahí tienen, con nombre y apellido, a uno de los responsables del crecimiento exponencial en las muertes por incidentes viales; de él ha dependido subir la velocidad de sincronización de los semáforos en las vías primarias entre otras acciones viales que ponen felices a quienes tienen prisa, pero han enlutado a cientos de hogares en una administración asesina, que mantiene decisiones equivocadas en materia de seguridad vial frente a toda la evidencia en sentido contrario.

Pero hay otro cambio que ocurrió en los últimos días y que no es de nombres, sino de actitud. A los pocos días de la elección, la Secretaría de la Contraloría publicó unos lineamientos para la integración de las comisiones de transición de las alcaldías, en los cuales bastaba con la Constancia de Mayoría para acreditar a los futuros alcaldes. El 7 de julio cambiaron de opinión, publicaron un acuerdo modificatorio, y decidieron sabotear el proceso y posponer el inicio de los trabajos formales hasta el mes de septiembre, so pretexto de posibles impugnaciones. Esto, que podría no tener consecuencias cuando hay buena voluntad de las autoridades salientes, tiene implicaciones nefastas en alcaldías como Álvaro Obregón, donde una inmunda abandonó la alcaldía y su inmundo sucesor ha decidido dificultar la llegada de Lía Limón.

En conjunto, la Jefa de Gobierno ha decidido dar la espalda a la mayoría de los ciudadanos que votó contra el abandono. En vez de cambiar de actitud, ha optado por reiterar que fue la ciudadanía la equivocada. Está rompiendo lanzas y avisando que no dejará gobernar a los 9 alcaldes de oposición, que saboteará sus gestiones, que no le importa carecer de mayoría absoluta en el Congreso de la Ciudad y, además, que seguirá sembrando en los eventos públicos el grito de “presidenta, presidenta”, mientras inaugura obras de relumbrón.

Al final de cuentas, la inmundicia que ha denunciado Sebastián Ramírez sí existe, pero no en la prensa, está en su propia casa, en su nuevo centro de trabajo, para ser precisos. Bienvenidos, nuevos funcionarios.

Saludo los cambios que ha realizado la Jefa de Gobierno en los últimos días, con la palabra que su flamante Coordinador de Comunicación Social ha utilizado para referirse a la prensa mexicana en varias ocasiones y, sin duda, cerrando los ojos frente a las amenazas, muertes, carencias y condiciones adversas en que miles de profesionales ejercen el periodismo en México.

Pero en todo caso, ocuparnos del cuestionamiento a Sebastián Ramírez sería lo mismo que hacer los quienesquieneos del presidente: centrarnos en el mensajero y no en el mensaje. Si antes de Martí Batres no hubo conciliación, no hubo visión política y en ocasiones, sólo hubo actitud de cobrar la quincena pero no ejercer el cargo en la Secretaría de Gobierno, ahora no podemos esperar menos que usar al aparato electoralmente: un secretario dedicado a recuperar el terreno perdido por su partido en la ciudad y reactivar su añeja esperanza de ser él quien gobierne desde el Palacio Virreinal.

En lo personal, tengo serias dudas sobre el nombramiento de Luís Ruiz al frente de la Subsecretaría de Transporte, pues ahí tienen, con nombre y apellido, a uno de los responsables del crecimiento exponencial en las muertes por incidentes viales; de él ha dependido subir la velocidad de sincronización de los semáforos en las vías primarias entre otras acciones viales que ponen felices a quienes tienen prisa, pero han enlutado a cientos de hogares en una administración asesina, que mantiene decisiones equivocadas en materia de seguridad vial frente a toda la evidencia en sentido contrario.

Pero hay otro cambio que ocurrió en los últimos días y que no es de nombres, sino de actitud. A los pocos días de la elección, la Secretaría de la Contraloría publicó unos lineamientos para la integración de las comisiones de transición de las alcaldías, en los cuales bastaba con la Constancia de Mayoría para acreditar a los futuros alcaldes. El 7 de julio cambiaron de opinión, publicaron un acuerdo modificatorio, y decidieron sabotear el proceso y posponer el inicio de los trabajos formales hasta el mes de septiembre, so pretexto de posibles impugnaciones. Esto, que podría no tener consecuencias cuando hay buena voluntad de las autoridades salientes, tiene implicaciones nefastas en alcaldías como Álvaro Obregón, donde una inmunda abandonó la alcaldía y su inmundo sucesor ha decidido dificultar la llegada de Lía Limón.

En conjunto, la Jefa de Gobierno ha decidido dar la espalda a la mayoría de los ciudadanos que votó contra el abandono. En vez de cambiar de actitud, ha optado por reiterar que fue la ciudadanía la equivocada. Está rompiendo lanzas y avisando que no dejará gobernar a los 9 alcaldes de oposición, que saboteará sus gestiones, que no le importa carecer de mayoría absoluta en el Congreso de la Ciudad y, además, que seguirá sembrando en los eventos públicos el grito de “presidenta, presidenta”, mientras inaugura obras de relumbrón.

Al final de cuentas, la inmundicia que ha denunciado Sebastián Ramírez sí existe, pero no en la prensa, está en su propia casa, en su nuevo centro de trabajo, para ser precisos. Bienvenidos, nuevos funcionarios.

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