/ miércoles 14 de noviembre de 2018

Centro de barrio | Instituciones para el espacio público

Hace unos días caminaba por el Monumento a la Madre, para ver la obra que se lleva a cabo en ese espacio público. Me encontré colocadas algunas pancartas, de las cuales transcribo una: “¿Y las banquetas? ¿A quién le preguntaron urbanistas fifí?”. En efecto, las mejoras al Monumento a la Madre se enfocaron sólo a ese espacio y al Jardín del Arte, pero se mantienen las banquetas desastrosas en el contorno, tanto de la Colonia Cuauhtémoc, como de la San Rafael. No sé si las banquetas van a mejorar, pero claramente el proyecto omitió atenderlas en esta primera etapa.

Menciono este ejemplo porque si algo ha contribuido la Autoridad del Espacio Público (AEP) es a la búsqueda de una integración del espacio intervenido con su entorno. De nada sirve atender una plaza si no se transforma la manera en que la gente pueda llegar a ella. Eso se hizo en el Monumento a la Revolución y la Plaza de la República; en el Parque de la Bola, en San José Insurgentes; o en el Jardín Pushkin, en la Roma Norte.

A menudo la palabra “Autoridad”, en nuestro nombre, genera confusión. La gente espera que la AEP resuelva temas como comercio en vía pública. El nombre Autoridad, sin embargo, fue puesto hace 10 años con la lógica de que el área normara todo lo relativo al espacio público, es decir, que fuera la máxima autoridad. En los últimos años esto no se pudo concretar, como sucedió en el Monumento a la Madre: de haber estado incluidos en la convocatoria al concurso, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, literalmente, nos sacó del proceso.

A raíz de su triunfo, Claudia Sheinbaum anticipó la probable desaparición del área que dirijo. Duele, pero la situación es más que obvia: la AEP quedó aislada, nuestras decisiones no forman parte de una estrategia horizontal de gobierno.

Nuestra intervención en la Glorieta de Etiopía recibió ayer el premio “Calle Mexicana del S. XXI”, lo digo con orgullo pero también con nostalgia. Muchas de las cosas buenas que han sucedido en la Ciudad de México en los últimos 10 años tienen que ver con las mejoras al espacio público. El nuevo gobierno no puede renunciar a la experiencia acumulada. No soy yo, es la institución, aunque sin duda es necesario un replanteamiento de la AEP, tanto por el nuevo gobierno, como en su caso modificaciones legales que realice el Congreso de la Ciudad de México.

Primero, lo más importante, la ciudad necesita mecanismos deliberativos en materia de espacio público. Decisiones, tendencias, problemáticas y la planeación misma, necesitan de un gabinete o un órgano deliberativo.

Segundo, sin dejar de mejorar espacios centrales, hay que detonar la creación de espacios públicos en las colonias populares mediante la compra de predios para volverlos espacio público.

Tercero, la política patrimonial del gobierno local debe converger en la política de espacio público y no mantenerlas desvinculadas como hasta hoy, con un desorden en el mobiliario urbano sin beneficio público.

Cuarto, dar mantenimiento puntual al espacio público mediante nuevas herramientas de gestión, pues es notorio el deterioro de sitios intervenidos en los últimos años.

Quinto, integrar a la política de espacio público programas hoy desvinculados, como el de Presupuesto Participativo y el de Mejoramiento Barrial.

Hace unos días caminaba por el Monumento a la Madre, para ver la obra que se lleva a cabo en ese espacio público. Me encontré colocadas algunas pancartas, de las cuales transcribo una: “¿Y las banquetas? ¿A quién le preguntaron urbanistas fifí?”. En efecto, las mejoras al Monumento a la Madre se enfocaron sólo a ese espacio y al Jardín del Arte, pero se mantienen las banquetas desastrosas en el contorno, tanto de la Colonia Cuauhtémoc, como de la San Rafael. No sé si las banquetas van a mejorar, pero claramente el proyecto omitió atenderlas en esta primera etapa.

Menciono este ejemplo porque si algo ha contribuido la Autoridad del Espacio Público (AEP) es a la búsqueda de una integración del espacio intervenido con su entorno. De nada sirve atender una plaza si no se transforma la manera en que la gente pueda llegar a ella. Eso se hizo en el Monumento a la Revolución y la Plaza de la República; en el Parque de la Bola, en San José Insurgentes; o en el Jardín Pushkin, en la Roma Norte.

A menudo la palabra “Autoridad”, en nuestro nombre, genera confusión. La gente espera que la AEP resuelva temas como comercio en vía pública. El nombre Autoridad, sin embargo, fue puesto hace 10 años con la lógica de que el área normara todo lo relativo al espacio público, es decir, que fuera la máxima autoridad. En los últimos años esto no se pudo concretar, como sucedió en el Monumento a la Madre: de haber estado incluidos en la convocatoria al concurso, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, literalmente, nos sacó del proceso.

A raíz de su triunfo, Claudia Sheinbaum anticipó la probable desaparición del área que dirijo. Duele, pero la situación es más que obvia: la AEP quedó aislada, nuestras decisiones no forman parte de una estrategia horizontal de gobierno.

Nuestra intervención en la Glorieta de Etiopía recibió ayer el premio “Calle Mexicana del S. XXI”, lo digo con orgullo pero también con nostalgia. Muchas de las cosas buenas que han sucedido en la Ciudad de México en los últimos 10 años tienen que ver con las mejoras al espacio público. El nuevo gobierno no puede renunciar a la experiencia acumulada. No soy yo, es la institución, aunque sin duda es necesario un replanteamiento de la AEP, tanto por el nuevo gobierno, como en su caso modificaciones legales que realice el Congreso de la Ciudad de México.

Primero, lo más importante, la ciudad necesita mecanismos deliberativos en materia de espacio público. Decisiones, tendencias, problemáticas y la planeación misma, necesitan de un gabinete o un órgano deliberativo.

Segundo, sin dejar de mejorar espacios centrales, hay que detonar la creación de espacios públicos en las colonias populares mediante la compra de predios para volverlos espacio público.

Tercero, la política patrimonial del gobierno local debe converger en la política de espacio público y no mantenerlas desvinculadas como hasta hoy, con un desorden en el mobiliario urbano sin beneficio público.

Cuarto, dar mantenimiento puntual al espacio público mediante nuevas herramientas de gestión, pues es notorio el deterioro de sitios intervenidos en los últimos años.

Quinto, integrar a la política de espacio público programas hoy desvinculados, como el de Presupuesto Participativo y el de Mejoramiento Barrial.

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