/ miércoles 9 de diciembre de 2020

Centro de Barrio | La gobernanza y el trolebús elevado

La ciudad se hace a nivel. Sí sé que en un momento dado haremos infraestructuras elevadas o subterráneas, pero esto sólo tiene sentido bajo cierta lógica: elevadas, cuando el costo de soterrar sea demasiado alto; subterráneas, cuando queramos mejorar el nivel de calle. Este análisis no es relevante para el Gobierno de la Ciudad de México. La Jefa de Gobierno determinó que entre Constitución de 1917 y Santa Martha habrá un trolebús elevado, y no sólo eso, se jacta de que impuso a su equipo la decisión, so pretexto de que así librarán los semáforos.

En este artículo no me centraré en mis batallas contra los molinos de viento. El trolebús elevado, pese a mi oposición y la de unos pocos más, será una realidad poco antes de las elecciones de junio. Me centraré en la gobernanza: Claudia Sheinbaum impondrá un trolebús elevado y no una solución a nivel porque Iztapalapa carece de una sociedad que profundice en las deliberaciones urbanas. Clara Brugada no tiene oposición, si se presenta a la reelección, ganará, y para efectos prácticos la discusión de elevado o a nivel le es irrelevante. Al final, es obra pública que se ve y la hace ver bien.

¿Cómo imaginamos este viaducto con trolebuses en el largo plazo? Si algún día esta ciudad logra contar con un sistema de planeación bien diseñado y todos nos sumamos a un proyecto de desarrollo acorde con métodos de planeación que involucren a la ciudadanía, pero a la vez se instrumenten los proyectos, entonces deberíamos ampliar la Línea 8 del Metro hacia el oriente, lo cual haría el trolebús elevado aberrante e innecesario. Pero cualquiera de las calles interiores de las colonias populares de Iztapalapa enfrenta problemas mucho más relevantes que el viaducto que no debería estarse construyendo.

Una nueva gobernanza debería empoderar a los barrios a discutir otro modelo de movilidad, ya no basado en banquetas angostas e irregulares sino en una mejor integración del espacio público que, a su vez, disminuya la velocidad interior de los vehículos y haga agradable el estar o caminar.

Ambas gobernanzas, la de todo Iztapalapa, y la de Santa Cruz Meyehualco, Santa María Aztahuacan, Acatitla, Santiago Acahualtepec, San Miguel Teotongo y otros barrios, deberían empezar a volcarse a deliberar mejoras a la movilidad local y regional. Cuando la sociedad queda excluida de la deliberación de las genialidades de nuestras autoridades, como en este caso el trolebús elevado, también queda excluida de las posibles mejoras a los centros de barrio o al vínculo entre la vivienda y el corredor de transporte masivo.

Ya puede llegar otra Jefa o Jefe de Gobierno y decir, Vamos a desmantelar el trolebús elevado para hacerlo a nivel o para ampliar la Línea 8 del metro, que tampoco habrá mayores discusiones en la zona, a no ser que se politice y sean los leales a un partido o a un político los que se opongan o apoyen, lo cual sigue sin permitir una construcción colectiva de las transformaciones.

Que la decisión de hacer un trolebús elevado donde debió ser construido a nivel no genere la participación de los vecinos es muestra clara de que todavía hay mucho espacio para el autoritarismo y eso también habla de la vulnerabilidad de nuestra ciudad, que cada elección se vuelve propiedad del gobernante en turno.

La ciudad se hace a nivel. Sí sé que en un momento dado haremos infraestructuras elevadas o subterráneas, pero esto sólo tiene sentido bajo cierta lógica: elevadas, cuando el costo de soterrar sea demasiado alto; subterráneas, cuando queramos mejorar el nivel de calle. Este análisis no es relevante para el Gobierno de la Ciudad de México. La Jefa de Gobierno determinó que entre Constitución de 1917 y Santa Martha habrá un trolebús elevado, y no sólo eso, se jacta de que impuso a su equipo la decisión, so pretexto de que así librarán los semáforos.

En este artículo no me centraré en mis batallas contra los molinos de viento. El trolebús elevado, pese a mi oposición y la de unos pocos más, será una realidad poco antes de las elecciones de junio. Me centraré en la gobernanza: Claudia Sheinbaum impondrá un trolebús elevado y no una solución a nivel porque Iztapalapa carece de una sociedad que profundice en las deliberaciones urbanas. Clara Brugada no tiene oposición, si se presenta a la reelección, ganará, y para efectos prácticos la discusión de elevado o a nivel le es irrelevante. Al final, es obra pública que se ve y la hace ver bien.

¿Cómo imaginamos este viaducto con trolebuses en el largo plazo? Si algún día esta ciudad logra contar con un sistema de planeación bien diseñado y todos nos sumamos a un proyecto de desarrollo acorde con métodos de planeación que involucren a la ciudadanía, pero a la vez se instrumenten los proyectos, entonces deberíamos ampliar la Línea 8 del Metro hacia el oriente, lo cual haría el trolebús elevado aberrante e innecesario. Pero cualquiera de las calles interiores de las colonias populares de Iztapalapa enfrenta problemas mucho más relevantes que el viaducto que no debería estarse construyendo.

Una nueva gobernanza debería empoderar a los barrios a discutir otro modelo de movilidad, ya no basado en banquetas angostas e irregulares sino en una mejor integración del espacio público que, a su vez, disminuya la velocidad interior de los vehículos y haga agradable el estar o caminar.

Ambas gobernanzas, la de todo Iztapalapa, y la de Santa Cruz Meyehualco, Santa María Aztahuacan, Acatitla, Santiago Acahualtepec, San Miguel Teotongo y otros barrios, deberían empezar a volcarse a deliberar mejoras a la movilidad local y regional. Cuando la sociedad queda excluida de la deliberación de las genialidades de nuestras autoridades, como en este caso el trolebús elevado, también queda excluida de las posibles mejoras a los centros de barrio o al vínculo entre la vivienda y el corredor de transporte masivo.

Ya puede llegar otra Jefa o Jefe de Gobierno y decir, Vamos a desmantelar el trolebús elevado para hacerlo a nivel o para ampliar la Línea 8 del metro, que tampoco habrá mayores discusiones en la zona, a no ser que se politice y sean los leales a un partido o a un político los que se opongan o apoyen, lo cual sigue sin permitir una construcción colectiva de las transformaciones.

Que la decisión de hacer un trolebús elevado donde debió ser construido a nivel no genere la participación de los vecinos es muestra clara de que todavía hay mucho espacio para el autoritarismo y eso también habla de la vulnerabilidad de nuestra ciudad, que cada elección se vuelve propiedad del gobernante en turno.