/ miércoles 7 de julio de 2021

Centro de Barrio | Logística y omisión

Hace unos días recibí mi segunda dosis de la vacuna Pfizer. Estoy contento, esto me aleja de riesgos relacionados al Covid. Desde que inició la vacunación en la Ciudad de México hemos escuchado buenos comentarios sobre la organización, sobre todo cuando se le compara con otros estados. Quejarme sería, sin duda, injusto, porque realmente me fue muy bien con las dos dosis.

La primera inyección la recibí en el Centro de Exposiciones de la UNAM. Hubo algún tema burocrático con mi comprobante de domicilio, al no estar a mi nombre; se resolvió. Nadie me preguntó por mi número de folio de registro. Cuando salí, presencié el rechazo a un ciudadano que decía haber perdido su identificación, no les bastó el acta de nacimiento como había establecido la Secretaría de Salud federal.

El operativo para la segunda dosis fue notoriamente distinto. En vez de un lugar cerrado en unas instalaciones modernas, esta vez fue en unas carpas durante un día frío y lluvioso. En vez de la desbordada participación del personal de la Secretaría de Cultura de la ciudad, donde había más servidores públicos que gente vacunándose, la segunda inmunización estuvo acompañada por un rol más modesto del personal del programa Pilares.

Al igual que con la primera dosis, en la segunda no pidieron el número de folio. A diferencia de la primera, en la que personal uniformado de la Secretaría de Marina advertía en tono amenazante que uno sólo podía tomarse fotos a sí mismo y jamás al personal médico, esta vez una facilitadora se ofreció a tomarme la foto, en la que salieron un par de doctores detrás mío.

Ahora la ciudad inicia el reto de vacunar más de un millón de personas por semana, algo que, podemos suponer, pocas ciudades en el mundo lo habrán logrado. Eduardo Clark, director de Gobierno Digital, mencionó que sí solicitarán el registro de las personas en la plataforma de vacunación, pues con ello se duplica la capacidad de cada célula de vacunación, de 25 a 50 personas por hora.

Los problemas de la vacunación en la Ciudad de México no han estado durante la aplicación de la vacuna, sino en la falta de certidumbre en el programa mismo, lo cual es más defecto del Gobierno Federal, que de las autoridades locales. Lo que sí puedo decir, es que las variaciones en el proceso de vacunación dicen mucho de este gobierno: no son expertos, pero siguen cuidadosamente los libros de texto, y eso no tiene nada de malo. También a veces falta algo de criterio, como por ejemplo el error de asignar la vacunación de Cuajimalpa en el Campo Marte.

Lo que más me atrevo a cuestionar es la parálisis de la administración de la ciudad. Cuando el Gobierno encarga a dependencias completas los procesos de vacunación, cancela la operación cotidiana que en muchos casos es relevante. Por ejemplo, la Secretaría de Desarrollo Urbano tiene un rol fundamental en la reactivación económica, pero al volcarse a la vacunación deja de cumplir sus obligaciones legales, y lo mismo podemos decir de Cultura, Pilares y todas las demás dependencias involucradas.

Detrás de un éxito relativo en la vacunación, hay omisiones legales y un gobierno ausente que construye una lenta reactivación económica.

Hace unos días recibí mi segunda dosis de la vacuna Pfizer. Estoy contento, esto me aleja de riesgos relacionados al Covid. Desde que inició la vacunación en la Ciudad de México hemos escuchado buenos comentarios sobre la organización, sobre todo cuando se le compara con otros estados. Quejarme sería, sin duda, injusto, porque realmente me fue muy bien con las dos dosis.

La primera inyección la recibí en el Centro de Exposiciones de la UNAM. Hubo algún tema burocrático con mi comprobante de domicilio, al no estar a mi nombre; se resolvió. Nadie me preguntó por mi número de folio de registro. Cuando salí, presencié el rechazo a un ciudadano que decía haber perdido su identificación, no les bastó el acta de nacimiento como había establecido la Secretaría de Salud federal.

El operativo para la segunda dosis fue notoriamente distinto. En vez de un lugar cerrado en unas instalaciones modernas, esta vez fue en unas carpas durante un día frío y lluvioso. En vez de la desbordada participación del personal de la Secretaría de Cultura de la ciudad, donde había más servidores públicos que gente vacunándose, la segunda inmunización estuvo acompañada por un rol más modesto del personal del programa Pilares.

Al igual que con la primera dosis, en la segunda no pidieron el número de folio. A diferencia de la primera, en la que personal uniformado de la Secretaría de Marina advertía en tono amenazante que uno sólo podía tomarse fotos a sí mismo y jamás al personal médico, esta vez una facilitadora se ofreció a tomarme la foto, en la que salieron un par de doctores detrás mío.

Ahora la ciudad inicia el reto de vacunar más de un millón de personas por semana, algo que, podemos suponer, pocas ciudades en el mundo lo habrán logrado. Eduardo Clark, director de Gobierno Digital, mencionó que sí solicitarán el registro de las personas en la plataforma de vacunación, pues con ello se duplica la capacidad de cada célula de vacunación, de 25 a 50 personas por hora.

Los problemas de la vacunación en la Ciudad de México no han estado durante la aplicación de la vacuna, sino en la falta de certidumbre en el programa mismo, lo cual es más defecto del Gobierno Federal, que de las autoridades locales. Lo que sí puedo decir, es que las variaciones en el proceso de vacunación dicen mucho de este gobierno: no son expertos, pero siguen cuidadosamente los libros de texto, y eso no tiene nada de malo. También a veces falta algo de criterio, como por ejemplo el error de asignar la vacunación de Cuajimalpa en el Campo Marte.

Lo que más me atrevo a cuestionar es la parálisis de la administración de la ciudad. Cuando el Gobierno encarga a dependencias completas los procesos de vacunación, cancela la operación cotidiana que en muchos casos es relevante. Por ejemplo, la Secretaría de Desarrollo Urbano tiene un rol fundamental en la reactivación económica, pero al volcarse a la vacunación deja de cumplir sus obligaciones legales, y lo mismo podemos decir de Cultura, Pilares y todas las demás dependencias involucradas.

Detrás de un éxito relativo en la vacunación, hay omisiones legales y un gobierno ausente que construye una lenta reactivación económica.

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