/ miércoles 6 de mayo de 2020

Centro de Barrio | No es tiempo de rejas

El pasado domingo 3 de mayo, el Subsecretario de Planeación de la Secretaría de Movilidad, Rodrigo Díaz, desde la cuenta @pedestre, escribió:

“Paradoja del espacio público post covid: lo q siempre se construyó para atraer gente, x un tiempo deberá pensarse para aislarla ¿Nos llenaremos de rejas, líneas de circulación, aforos máximos? ¿Eliminaremos bancas, clausuraremos espacios abiertos? ¿Mientras menos gente + exitoso?” (sic)

Si esta reflexión hubiera sido hecha previo al cierre de espacios públicos, me habría parecido aceptable que en vez de cerrar la calle de Madero se hubieran establecido sentidos de circulación únicamente durante la Emergencia sanitaria. La reflexión del subsecretario es, como lo dice el tuit, post covid. ¿Es sólo su pensamiento o es lo que realmente están planeando en la Secretaría de Movilidad?

Dado el divorcio que la Semovi ha mostrado con la realidad, me parece que el texto de Rodrigo Díaz es congruente con los diálogos que deben estar manteniendo al interior de la Secretaría de Movilidad, pero a la vez, con el estilo que la propia Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, impone en su gobierno.

Una de las calles con mayor intensidad comercial del Centro Histórico es Bolívar. Siempre está desbordada de peatones, en banquetas insuficientes para la gran actividad comercial que allí prevalece. A la vez es una vialidad que lleva un intenso movimiento vehicular, desde que nace en La Lagunilla con el nombre de Allende, y hasta que empieza a distribuir autos hacia avenidas al sur del centro.

Tomo Bolívar como ejemplo porque bien nos puede ubicar en los extremos conceptuales del mismo problema. Si dejamos Bolívar tal y como está, es decir, con autos, peatones y comercios, un escenario de larga convivencia con el Coronavirus nos debe llevar a precauciones: que los peatones que van hacia el norte circulen por la acera poniente, y los que andan hacia el sur por la oriental o viceversa. Soy enemigo de poner reglas a los peatones, y más cuando no existirá la simetría en reglas para los automovilistas que, en teoría, corren menos riesgo de contagio desde su burbuja con ruedas (lo cual es una falacia, porque al final de cuentas convivirán en espacios privados y públicos con personas que usarán el transporte masivo).

En el otro extremo, congruentes con las necesidades del ciudadano de a pie, propongo que Bolívar pierda la mitad de su área de circulación: de 7 a 9 metros según el tramo, dejamos un carril ancho de 4 metros y banquetas generosas de ambos lados. No hay necesidad de sentidos de circulación para peatones.

Ampliar banquetas requiere presupuesto y un proyecto ejecutivo. También puede haber acciones temporales: la calle se llena de conos, macetas, hitos u otros elementos, que amplíen el área de circulación peatonal. Como el presupuesto es limitado, generar expansiones del espacio público temporales puede darnos una mayor cobertura, no sólo en el Centro Histórico sino a todos los subcentros de Ciudad de México donde se da una intensa actividad peatonal derivada del comercio y el transporte público.

La reflexión que hace Rodrigo Díaz es perfecta para aquellos que no quieren que nada cambie. Tal vez sea su caso, no el del resto del mundo.

El pasado domingo 3 de mayo, el Subsecretario de Planeación de la Secretaría de Movilidad, Rodrigo Díaz, desde la cuenta @pedestre, escribió:

“Paradoja del espacio público post covid: lo q siempre se construyó para atraer gente, x un tiempo deberá pensarse para aislarla ¿Nos llenaremos de rejas, líneas de circulación, aforos máximos? ¿Eliminaremos bancas, clausuraremos espacios abiertos? ¿Mientras menos gente + exitoso?” (sic)

Si esta reflexión hubiera sido hecha previo al cierre de espacios públicos, me habría parecido aceptable que en vez de cerrar la calle de Madero se hubieran establecido sentidos de circulación únicamente durante la Emergencia sanitaria. La reflexión del subsecretario es, como lo dice el tuit, post covid. ¿Es sólo su pensamiento o es lo que realmente están planeando en la Secretaría de Movilidad?

Dado el divorcio que la Semovi ha mostrado con la realidad, me parece que el texto de Rodrigo Díaz es congruente con los diálogos que deben estar manteniendo al interior de la Secretaría de Movilidad, pero a la vez, con el estilo que la propia Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, impone en su gobierno.

Una de las calles con mayor intensidad comercial del Centro Histórico es Bolívar. Siempre está desbordada de peatones, en banquetas insuficientes para la gran actividad comercial que allí prevalece. A la vez es una vialidad que lleva un intenso movimiento vehicular, desde que nace en La Lagunilla con el nombre de Allende, y hasta que empieza a distribuir autos hacia avenidas al sur del centro.

Tomo Bolívar como ejemplo porque bien nos puede ubicar en los extremos conceptuales del mismo problema. Si dejamos Bolívar tal y como está, es decir, con autos, peatones y comercios, un escenario de larga convivencia con el Coronavirus nos debe llevar a precauciones: que los peatones que van hacia el norte circulen por la acera poniente, y los que andan hacia el sur por la oriental o viceversa. Soy enemigo de poner reglas a los peatones, y más cuando no existirá la simetría en reglas para los automovilistas que, en teoría, corren menos riesgo de contagio desde su burbuja con ruedas (lo cual es una falacia, porque al final de cuentas convivirán en espacios privados y públicos con personas que usarán el transporte masivo).

En el otro extremo, congruentes con las necesidades del ciudadano de a pie, propongo que Bolívar pierda la mitad de su área de circulación: de 7 a 9 metros según el tramo, dejamos un carril ancho de 4 metros y banquetas generosas de ambos lados. No hay necesidad de sentidos de circulación para peatones.

Ampliar banquetas requiere presupuesto y un proyecto ejecutivo. También puede haber acciones temporales: la calle se llena de conos, macetas, hitos u otros elementos, que amplíen el área de circulación peatonal. Como el presupuesto es limitado, generar expansiones del espacio público temporales puede darnos una mayor cobertura, no sólo en el Centro Histórico sino a todos los subcentros de Ciudad de México donde se da una intensa actividad peatonal derivada del comercio y el transporte público.

La reflexión que hace Rodrigo Díaz es perfecta para aquellos que no quieren que nada cambie. Tal vez sea su caso, no el del resto del mundo.

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