/ miércoles 11 de marzo de 2020

Centro de Barrio | Parques enrejados y prohibidos

La Calzada Tasqueña está estrenando reja. No recuerdo que frente a la Terminal de Autobuses del Sur hubiera mucho cruce lejos de los pasos peatonales, pues en realidad es demasiado complicado y peligroso atravesar fuera de la esquina de Miramontes o el retorno del trolebús. Sin embargo las nuevas rejas, verdes, con el logotipo de la actual administración, protegen a los coches de un furtivo encuentro con un peatón.

La decisión de ubicar estas rejas, podemos suponer, fue del Gobierno de la Ciudad. Al final de cuentas es congruente con su visión de ver a los peatones como enanos y a los automóviles como dioses. Sin embargo, quiero destacar la ubicación del flamante enrejado: Coyoacán.

¿Por qué hago énfasis? Porque Coyoacán es la tierra de las rejas. Los viveros, el gran bosque urbano, está flanqueado por una muralla y tiene prohibido el paso con perros. En el centro de Coyoacán encontramos el Jardín Allende, con todas las áreas jardinadas enrejadas; el Parque de la Tercera Edad, enrejado y limitado a un sector de la población; el Parque La Fragata, enrejado y limitado a alguna actividad deportiva; el Frida Kahlo, enrejado y con la prohibición a patines, bicicletas, mascotas y pelotas.

Si nos alejamos, la realidad no cambia mucho, el Jardín del Ex Convento Churubusco, enrejado, sí permite el paso de mascotas, pero cierra temprano y está en abandono; el Polideportivo Los Culhuacanes, enrejado; Parque Francisco J. Mújica, enrejado; Zoológico Los Coyotes, enrejado; Jesús Clark, enrejado; Huayamilpas, enrejado. No he mencionado los que están dentro de colonias o calles enrejadas, pero puedo añadir uno más: en Calzada del Hueso hay un parque que lleva el nombre del Alcalde Manuel Negrete ... por supuesto enrejado.

Algunos espacios públicos han estado enrejados por décadas, otros nacieron con así, y otros más han sido cercados recién. La nueva verja de Calzada Tasqueña es sólo la cereza del pastel.

Podría parecer injusto que no mencione los espacios que no están enrejados, como las plazas Centenario e Hidalgo, la de la Conchita o la Alameda del Sur; o que piense en espacios similares en otras alcaldías. Es una demarcación que aventaja a las demás en cuanto a dotación de parques y jardines, pero sucede que no hay un mejor cliente de los fabricantes de bardas y rejas en todo el país.

¿Está bien enrejar el espacio público? Mi posición es absolutamente contraria, aunque reconozco que los vecinos se sienten más tranquilos si “sus” espacios públicos excluyen a personas de otras colonias. Sin embargo, la acumulación de espacios enrejados y con restricción al acceso termina siendo dañina para la ciudad y los vecinos, y fortalece una cultura de intolerancia. Como en la obra de La Tempestad, de William Shakespeare, Próspero y Calibán se disputan el control del espacio público. Próspero representa a quienes enrejan parques, Calibán al indeseado usuario del espacio público.

La visión de quienes han enrejado, de quienes mantienen enrejado y de quienes añaden nuevas rejas al espacio público es la de un Próspero shakesperiano, es una visión elitista, incongruente con gobiernos que se dicen de izquierda, que antes deberían velar por las libertades de Calibán.

La Calzada Tasqueña está estrenando reja. No recuerdo que frente a la Terminal de Autobuses del Sur hubiera mucho cruce lejos de los pasos peatonales, pues en realidad es demasiado complicado y peligroso atravesar fuera de la esquina de Miramontes o el retorno del trolebús. Sin embargo las nuevas rejas, verdes, con el logotipo de la actual administración, protegen a los coches de un furtivo encuentro con un peatón.

La decisión de ubicar estas rejas, podemos suponer, fue del Gobierno de la Ciudad. Al final de cuentas es congruente con su visión de ver a los peatones como enanos y a los automóviles como dioses. Sin embargo, quiero destacar la ubicación del flamante enrejado: Coyoacán.

¿Por qué hago énfasis? Porque Coyoacán es la tierra de las rejas. Los viveros, el gran bosque urbano, está flanqueado por una muralla y tiene prohibido el paso con perros. En el centro de Coyoacán encontramos el Jardín Allende, con todas las áreas jardinadas enrejadas; el Parque de la Tercera Edad, enrejado y limitado a un sector de la población; el Parque La Fragata, enrejado y limitado a alguna actividad deportiva; el Frida Kahlo, enrejado y con la prohibición a patines, bicicletas, mascotas y pelotas.

Si nos alejamos, la realidad no cambia mucho, el Jardín del Ex Convento Churubusco, enrejado, sí permite el paso de mascotas, pero cierra temprano y está en abandono; el Polideportivo Los Culhuacanes, enrejado; Parque Francisco J. Mújica, enrejado; Zoológico Los Coyotes, enrejado; Jesús Clark, enrejado; Huayamilpas, enrejado. No he mencionado los que están dentro de colonias o calles enrejadas, pero puedo añadir uno más: en Calzada del Hueso hay un parque que lleva el nombre del Alcalde Manuel Negrete ... por supuesto enrejado.

Algunos espacios públicos han estado enrejados por décadas, otros nacieron con así, y otros más han sido cercados recién. La nueva verja de Calzada Tasqueña es sólo la cereza del pastel.

Podría parecer injusto que no mencione los espacios que no están enrejados, como las plazas Centenario e Hidalgo, la de la Conchita o la Alameda del Sur; o que piense en espacios similares en otras alcaldías. Es una demarcación que aventaja a las demás en cuanto a dotación de parques y jardines, pero sucede que no hay un mejor cliente de los fabricantes de bardas y rejas en todo el país.

¿Está bien enrejar el espacio público? Mi posición es absolutamente contraria, aunque reconozco que los vecinos se sienten más tranquilos si “sus” espacios públicos excluyen a personas de otras colonias. Sin embargo, la acumulación de espacios enrejados y con restricción al acceso termina siendo dañina para la ciudad y los vecinos, y fortalece una cultura de intolerancia. Como en la obra de La Tempestad, de William Shakespeare, Próspero y Calibán se disputan el control del espacio público. Próspero representa a quienes enrejan parques, Calibán al indeseado usuario del espacio público.

La visión de quienes han enrejado, de quienes mantienen enrejado y de quienes añaden nuevas rejas al espacio público es la de un Próspero shakesperiano, es una visión elitista, incongruente con gobiernos que se dicen de izquierda, que antes deberían velar por las libertades de Calibán.

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