/ miércoles 17 de octubre de 2018

Centro de Barrio | Perder - perder

Las consultas públicas de temas polémicos pueden ser una muy buena fuente de legitimidad para instrumentaciones difíciles. Otras consultas, sin embargo, pueden dar lugar a divisiones en la sociedad, pues parecen no tener solución: el Brexit o la independencia catalana. La mitad de los catalanes quiere la independencia y la otra, la permanencia ¿hay solución al dilema?

En pocos días tendremos la consulta sobre el aeropuerto, recién conocimos la pregunta y seguimos sin entender el método de votación:

A) Reacondicionar el aeropuerto de CdMx y Toluca y construir dos pistas en el aeropuerto de Santa Lucía o

B) Continuar con el nuevo aeropuerto en Texcoco y dejar de usar el actual AICM.

En cualquier consulta, la redacción de la pregunta conlleva cierto grado de sesgo si no hay un acuerdo de los participantes. Esto exige, primero, que quien organice la consulta no haya expresado una opinión hacia alguna de las posturas. Si bien se han sumado organizaciones independientes a la consulta del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en realidad es notorio el rol del gobierno electo para la organización de la misma.

La redacción de la pregunta debe ser consensada entre los actores participantes. Las dos opciones deben ser claramente acotadas. No está sucediendo esto. Durante varias semanas hemos tenido noticia de dos cosas: que el gobierno electo considera que la Base Aérea de Santa Lucía puede convertirse en el nuevo aeropuerto y que ésta opción es inviable para quienes se dedican a estudiar la viabilidad de los aeropuertos.

Por otro lado, hemos visto un gran activismo de los futuros funcionarios del nuevo gobierno en contra del nuevo aeropuerto. Sobre la alternativa de Texcoco destacan argumentos ambientales y sociales. Sin embargo, nadie ha puesto sobre la mesa los impactos ambientales y sociales para crecer Santa Lucía y Toluca, donde no están liberados los terrenos.

Independientemente de que la decisión de dónde ubicar el aeropuerto es técnica, una sociedad puede recurrir al referéndum y otros instrumentos democráticos para tomar decisiones. Sin embargo, hacerlo con una obra en marcha resulta un tanto absurdo. ¿Si se privilegia la opción de crecer Toluca y Santa Lucía vamos a abandonar la obra de Texcoco? Es curioso, pero en la pregunta sobre Texcoco viene implícito el abandono del aeropuerto actual como si el reciclaje del suelo central no brindara nuevas oportunidades a la ciudad, como no las ofrece el abandono de la obra en Texcoco. Incluso, el tema que se ha destacado recién, los bancos de tezontle y basalto, me deja la duda de que si hubiera un daño ambiental por los aprovechamientos de material, éste ya ocurrió; y para construir pistas en Santa Lucía y Toluca se requerirán también estos u otros materiales.

Por último, cualquiera que sea el resultado, la consulta dejará una sociedad dividida. Si se cancela la alternativa de Texcoco será un mal mensaje económico, pero si se ratifica puede ser un mal mensaje social, porque la campaña contra el aeropuerto ha revivido el activismo en el tema. Pero si los dados están cargados, como supongo lo están, se concretará un terrible mensaje político. Esto es un juego de perder - perder.

Las consultas públicas de temas polémicos pueden ser una muy buena fuente de legitimidad para instrumentaciones difíciles. Otras consultas, sin embargo, pueden dar lugar a divisiones en la sociedad, pues parecen no tener solución: el Brexit o la independencia catalana. La mitad de los catalanes quiere la independencia y la otra, la permanencia ¿hay solución al dilema?

En pocos días tendremos la consulta sobre el aeropuerto, recién conocimos la pregunta y seguimos sin entender el método de votación:

A) Reacondicionar el aeropuerto de CdMx y Toluca y construir dos pistas en el aeropuerto de Santa Lucía o

B) Continuar con el nuevo aeropuerto en Texcoco y dejar de usar el actual AICM.

En cualquier consulta, la redacción de la pregunta conlleva cierto grado de sesgo si no hay un acuerdo de los participantes. Esto exige, primero, que quien organice la consulta no haya expresado una opinión hacia alguna de las posturas. Si bien se han sumado organizaciones independientes a la consulta del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en realidad es notorio el rol del gobierno electo para la organización de la misma.

La redacción de la pregunta debe ser consensada entre los actores participantes. Las dos opciones deben ser claramente acotadas. No está sucediendo esto. Durante varias semanas hemos tenido noticia de dos cosas: que el gobierno electo considera que la Base Aérea de Santa Lucía puede convertirse en el nuevo aeropuerto y que ésta opción es inviable para quienes se dedican a estudiar la viabilidad de los aeropuertos.

Por otro lado, hemos visto un gran activismo de los futuros funcionarios del nuevo gobierno en contra del nuevo aeropuerto. Sobre la alternativa de Texcoco destacan argumentos ambientales y sociales. Sin embargo, nadie ha puesto sobre la mesa los impactos ambientales y sociales para crecer Santa Lucía y Toluca, donde no están liberados los terrenos.

Independientemente de que la decisión de dónde ubicar el aeropuerto es técnica, una sociedad puede recurrir al referéndum y otros instrumentos democráticos para tomar decisiones. Sin embargo, hacerlo con una obra en marcha resulta un tanto absurdo. ¿Si se privilegia la opción de crecer Toluca y Santa Lucía vamos a abandonar la obra de Texcoco? Es curioso, pero en la pregunta sobre Texcoco viene implícito el abandono del aeropuerto actual como si el reciclaje del suelo central no brindara nuevas oportunidades a la ciudad, como no las ofrece el abandono de la obra en Texcoco. Incluso, el tema que se ha destacado recién, los bancos de tezontle y basalto, me deja la duda de que si hubiera un daño ambiental por los aprovechamientos de material, éste ya ocurrió; y para construir pistas en Santa Lucía y Toluca se requerirán también estos u otros materiales.

Por último, cualquiera que sea el resultado, la consulta dejará una sociedad dividida. Si se cancela la alternativa de Texcoco será un mal mensaje económico, pero si se ratifica puede ser un mal mensaje social, porque la campaña contra el aeropuerto ha revivido el activismo en el tema. Pero si los dados están cargados, como supongo lo están, se concretará un terrible mensaje político. Esto es un juego de perder - perder.

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