/ miércoles 15 de julio de 2020

Centro de Barrio | Presupuesto Participativo y contrapesos

Me pesa muchísimo que la Ciudad de México termine por posponer el ejercicio del presupuesto participativo de 2020 porque es un mecanismo de participación democrática que tiene buen arraigo en los distintos barrios de nuestra ciudad. Siempre van surgiendo buenos y malos proyectos. Sé que no es ideal y es necesario mejorarlo para que se voten proyectos de mejor calidad, pero también para que participen más personas en las votaciones, que siguen teniendo una muy baja respuesta.

Pero me pesa también que, en realidad, tanto las votaciones de las representaciones vecinales como de los presupuestos participativos se debieron realizar a fines de 2019 y no en marzo de 2020, con lo que se habría evitado la afectación por el COVID-19. Si se pospusieron estos procesos democráticos fue por resistencias del actual gobierno a mantener estos mecanismos de representación, y de hecho se tuvo que compartir la votación con el presupuesto participativo de 2021.

Simplemente no creen en la representación vecinal y no la apoyan. Entonces, cuando el Covid-19 impide ciertos procesos legales derivados de la consulta de marzo, como las Asambleas Vecinales, la pandemia llega “como anillo al dedo” para que el Gobierno de Ciudad de México tome del presupuesto y cubra parte del boquete financiero que ha dejado la crisis. Las alcaldías cuentan con 43.7 mil millones de pesos, así que el 3.25% destinado al presupuesto participativo representa mil 400 millones. ¿Tenía otras opciones la ciudad? Sí, claramente, las obras que han recibido más críticas: obras para el coche y algunas obras faraónicas de transporte que son más espectáculo que soluciones. En estos días, de hecho, se anunció el inicio de trabajos para un paso a desnivel en Galindo y Villa, en dirección al aeropuerto. A la par, podemos ver publicidad de la prórroga a automovilistas para obtener “100% de subsidio a la Tenencia”.

Por mucho que se diga que el presupuesto de 2020 será repuesto en 2021, yo lo que veo es una bola de nieve. Está previsto que en 2021 el presupuesto participativo suba a 3.5% del recurso de las alcaldías. Eso significa que se tendrán que asignar 3 mil millones de pesos a este proceso. En el mejor de los casos, en 2021 se asignará lo que corresponde a 2020; y en 2022 lo del 2021.

A esta ciudad le urgen contrapesos. Morena y su coalición cuentan con mayoría en el Congreso Local, y si bien la fracción está dividida en dos grupos, cuando hay temas de prioridad de la Jefa de Gobierno, la coalición se vuelve a unir y sacan su agenda adelante, así se trate de un control directo del presupuesto o de tomar prestado del presupuesto participativo para mantener la prisa con la que se están haciendo las obras públicas.

Un gobierno que llegó con un discurso puritano contra la corrupción ha incurrido en los mismos vicios del pasado, pero traicionando el respaldo de la sociedad: nadie en su sano juicio habría propuesto en el pasado cucharear el presupuesto participativo o plantear el control discrecional del presupuesto. Tienen el autoritarismo metido hasta el tuétano y la oposición debería entender cómo comunicarlo el año próximo.



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Me pesa muchísimo que la Ciudad de México termine por posponer el ejercicio del presupuesto participativo de 2020 porque es un mecanismo de participación democrática que tiene buen arraigo en los distintos barrios de nuestra ciudad. Siempre van surgiendo buenos y malos proyectos. Sé que no es ideal y es necesario mejorarlo para que se voten proyectos de mejor calidad, pero también para que participen más personas en las votaciones, que siguen teniendo una muy baja respuesta.

Pero me pesa también que, en realidad, tanto las votaciones de las representaciones vecinales como de los presupuestos participativos se debieron realizar a fines de 2019 y no en marzo de 2020, con lo que se habría evitado la afectación por el COVID-19. Si se pospusieron estos procesos democráticos fue por resistencias del actual gobierno a mantener estos mecanismos de representación, y de hecho se tuvo que compartir la votación con el presupuesto participativo de 2021.

Simplemente no creen en la representación vecinal y no la apoyan. Entonces, cuando el Covid-19 impide ciertos procesos legales derivados de la consulta de marzo, como las Asambleas Vecinales, la pandemia llega “como anillo al dedo” para que el Gobierno de Ciudad de México tome del presupuesto y cubra parte del boquete financiero que ha dejado la crisis. Las alcaldías cuentan con 43.7 mil millones de pesos, así que el 3.25% destinado al presupuesto participativo representa mil 400 millones. ¿Tenía otras opciones la ciudad? Sí, claramente, las obras que han recibido más críticas: obras para el coche y algunas obras faraónicas de transporte que son más espectáculo que soluciones. En estos días, de hecho, se anunció el inicio de trabajos para un paso a desnivel en Galindo y Villa, en dirección al aeropuerto. A la par, podemos ver publicidad de la prórroga a automovilistas para obtener “100% de subsidio a la Tenencia”.

Por mucho que se diga que el presupuesto de 2020 será repuesto en 2021, yo lo que veo es una bola de nieve. Está previsto que en 2021 el presupuesto participativo suba a 3.5% del recurso de las alcaldías. Eso significa que se tendrán que asignar 3 mil millones de pesos a este proceso. En el mejor de los casos, en 2021 se asignará lo que corresponde a 2020; y en 2022 lo del 2021.

A esta ciudad le urgen contrapesos. Morena y su coalición cuentan con mayoría en el Congreso Local, y si bien la fracción está dividida en dos grupos, cuando hay temas de prioridad de la Jefa de Gobierno, la coalición se vuelve a unir y sacan su agenda adelante, así se trate de un control directo del presupuesto o de tomar prestado del presupuesto participativo para mantener la prisa con la que se están haciendo las obras públicas.

Un gobierno que llegó con un discurso puritano contra la corrupción ha incurrido en los mismos vicios del pasado, pero traicionando el respaldo de la sociedad: nadie en su sano juicio habría propuesto en el pasado cucharear el presupuesto participativo o plantear el control discrecional del presupuesto. Tienen el autoritarismo metido hasta el tuétano y la oposición debería entender cómo comunicarlo el año próximo.



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