/ miércoles 8 de mayo de 2019

Centro de Barrio | Programa de Movilidad en Bicicleta

Hace unos días se dio a conocer el Programa de Movilidad en Bicicleta de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México. A pesar de que habían anticipado un enfoque sólo hacia la periferia, también incluyeron kilómetros en la zona central. Tengo diferencias menores con los contenidos de ese plan, y es importante considerar que, de concretarse, se continuará con la consolidación de una red de ciclovías en la Ciudad de México, lo que sin duda es buena noticia.

Uno de los énfasis que están haciendo las autoridades es también en dotar de infraestructura de estacionamiento para bicicletas en las terminales del metro, y será el caso de este programa. Se habla de 85 kilómetros, pero no estrictamente de ciclovías (46 kilómetros), sino también de carriles compartidos con el trolebús o con los automóviles (ciclocarriles).

Es un buen plan, y sin duda representa un salto importante en número, respecto a las inversiones en años anteriores. Deja sinsabores por dos detalles: hay una deuda histórica con la comunidad ciclista para ciertas rutas, siendo la más destacada División del Norte; la inversión para el automóvil podría ser más alta que la inversión para la bicicleta, aun cuando ésta es históricamente la más alta: hay tres pasos a desnivel que la administración pretende construir en los próximos meses, uno en Periférico y dos en Circuito Interior.

Entre los conceptos positivos que leo en el Programa de Movilidad en Bicicleta está el de “sutura ciclista”, que es un término que utilizan para pequeñas extensiones a la red ciclista que permitan enlazar ciclovías. Independientemente de que algunas de estas acciones de sutura parecen estar conformando la ruta ciclista Semovi – Zócalo, estos pequeños tramos pueden dar confianza a los nuevos usuarios de la bicicleta para irse más lejos.

Algunos de los proyectos anunciados, me parece, generarán polémica entre vecinos y podría haber resistencias en la instrumentación. Por ejemplo, las ciclovías en las calles de Gutenberg, Nueva York y Saltillo.

También tendría temor de que los carriles de bicicleta pintados en el piso no se respeten, como en general sucede con esta modalidad de infraestructura ciclista, además que tiende a desaparecer con el desgaste.

Algunas de las acciones ciclistas corresponden a una escala de las alcaldías por lo que, a mi juicio, no es esa la función del Gobierno de la Ciudad de México, pero se ha dejado claro que esta administración no quiere ciclovías en avenidas (aunque este plan, por fortuna, sí plantea algunas, como es el caso de Thiers), lo que la comunidad ciclista ha interpretado como una postura, de las autoridades, contraria a quitarle espacios al automóvil.

En el caso de las ciclovías de Tláhuac y Xochimilco, anunciadas como parte de la estrategia para la periferia de la ciudad, sólo están conformando redes locales y no un vínculo con la ciudad central, lo cual será una acción pendiente. Las de Tláhuac están enfocadas a alimentar la Línea 12 del metro, y las de Xochimilco, el Tren Ligero, lo cual es una buena funcionalidad.

El gran problema de este plan es que, en teoría, la red secundaria de vialidades debe ser calmada, y por tanto la bicicleta debe poder circular con libertad allí; mientras que los ciclistas requieren ser protegidos en avenidas. En síntesis, el Programa de Movilidad en Bicicleta es bueno, pero no entusiasma a nadie.

Hace unos días se dio a conocer el Programa de Movilidad en Bicicleta de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México. A pesar de que habían anticipado un enfoque sólo hacia la periferia, también incluyeron kilómetros en la zona central. Tengo diferencias menores con los contenidos de ese plan, y es importante considerar que, de concretarse, se continuará con la consolidación de una red de ciclovías en la Ciudad de México, lo que sin duda es buena noticia.

Uno de los énfasis que están haciendo las autoridades es también en dotar de infraestructura de estacionamiento para bicicletas en las terminales del metro, y será el caso de este programa. Se habla de 85 kilómetros, pero no estrictamente de ciclovías (46 kilómetros), sino también de carriles compartidos con el trolebús o con los automóviles (ciclocarriles).

Es un buen plan, y sin duda representa un salto importante en número, respecto a las inversiones en años anteriores. Deja sinsabores por dos detalles: hay una deuda histórica con la comunidad ciclista para ciertas rutas, siendo la más destacada División del Norte; la inversión para el automóvil podría ser más alta que la inversión para la bicicleta, aun cuando ésta es históricamente la más alta: hay tres pasos a desnivel que la administración pretende construir en los próximos meses, uno en Periférico y dos en Circuito Interior.

Entre los conceptos positivos que leo en el Programa de Movilidad en Bicicleta está el de “sutura ciclista”, que es un término que utilizan para pequeñas extensiones a la red ciclista que permitan enlazar ciclovías. Independientemente de que algunas de estas acciones de sutura parecen estar conformando la ruta ciclista Semovi – Zócalo, estos pequeños tramos pueden dar confianza a los nuevos usuarios de la bicicleta para irse más lejos.

Algunos de los proyectos anunciados, me parece, generarán polémica entre vecinos y podría haber resistencias en la instrumentación. Por ejemplo, las ciclovías en las calles de Gutenberg, Nueva York y Saltillo.

También tendría temor de que los carriles de bicicleta pintados en el piso no se respeten, como en general sucede con esta modalidad de infraestructura ciclista, además que tiende a desaparecer con el desgaste.

Algunas de las acciones ciclistas corresponden a una escala de las alcaldías por lo que, a mi juicio, no es esa la función del Gobierno de la Ciudad de México, pero se ha dejado claro que esta administración no quiere ciclovías en avenidas (aunque este plan, por fortuna, sí plantea algunas, como es el caso de Thiers), lo que la comunidad ciclista ha interpretado como una postura, de las autoridades, contraria a quitarle espacios al automóvil.

En el caso de las ciclovías de Tláhuac y Xochimilco, anunciadas como parte de la estrategia para la periferia de la ciudad, sólo están conformando redes locales y no un vínculo con la ciudad central, lo cual será una acción pendiente. Las de Tláhuac están enfocadas a alimentar la Línea 12 del metro, y las de Xochimilco, el Tren Ligero, lo cual es una buena funcionalidad.

El gran problema de este plan es que, en teoría, la red secundaria de vialidades debe ser calmada, y por tanto la bicicleta debe poder circular con libertad allí; mientras que los ciclistas requieren ser protegidos en avenidas. En síntesis, el Programa de Movilidad en Bicicleta es bueno, pero no entusiasma a nadie.

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