/ miércoles 5 de junio de 2019

Centro de Barrio | Salvemos Xoco

Supongamos que la Torre Latinoamericana no existe. Hay un templo, San Diego, al lado del atrio del Convento de San Francisco. De pronto un desarrollador propone construir el edificio más alto de la ciudad, algo que se vuelva icónico, que incluso sea replicado en llaveros que se vendan en las tiendas de souvenirs, como ironiza Georgina Cebey en su fabuloso libro “Arquitectura del fracaso”.

Este era el escenario de 1950, previo a la construcción de la Torre Latino; pero a decir verdad, este ha sido el escenario de otros desarrollos en México y en el mundo. La modernidad se impone en los espacios conocidos, en los mejores terrenos y una pieza sólida, un objeto, emergen como el futuro hoy.

Las ciudades asiáticas hacen convivir espacios milenarios con barrios orgánicos, cables enredados, sin banquetas y rascacielos en los límites.

La Torre Latino es parte de nuestra vida central, nos hemos acostumbrado a ella, lo mismo que a otros edificios que en su momento polemizaron, como la Torre Bicentenario, más tarde Torre Virreyes o “El Dorito”. En ambos casos, sin embargo, hay algún grado de impacto local: la escala de los proyectos contrastaba con la escala urbana existente.

Cuando uno ve el barrio de Xoco repleto de nuevos desarrollos inmobiliarios se nota que algo choca justamente en la escala. Un barrio que muchos hemos caminado por el vínculo entre la Cineteca Nacional y el Metro Coyoacán, se ha ido sobrepoblando.

Justamente en Xoco se construye la que será la torre más alta de la Ciudad de México, Mítikah, con 68 pisos, y en los próximos meses quedará terminada otra torre de 37 pisos. A pocos metros de allí, el templo de San Sebastián, construido en el siglo XVII, y en su atrio un estacionamiento público.

La calle de Real de Mayorazgo, una de las entradas al pueblo de Xoco, tiene un tramo permisionado al desarrollo de Mítikah, con la finalidad de que unan las dos áreas de actuación a través de una plaza pública y debajo de ésta la entrada al estacionamiento. En preparación de esta obra, los desarrolladores talaron 80 árboles. Según ellos, contaban con autorización; según la autoridad, les corresponde una sanción de 40 millones de pesos.

Lo que argumentan los constructores es que sin ese desnivel habrá más afectaciones al peatón, y tal vez tengan razón. Lo que en esta historia no se ha discutido es cómo queremos que sea la relación entre Mítikah, Xoco y la ciudad. Ya hoy, la zona posee estructuras monumentales que se verán desde toda la ciudad. Junto, un barrio originario que debería volverse peatonal, sólo con acceso vehicular para vecinos ... algo que no está siendo la demanda más fuerte, como debiera.

Pedir la cancelación de los permisos de construcción es una demanda ridícula: las torres serán terminadas y ocupadas ¿Cómo piensan evitar que cientos o miles de autos pasen por el núcleo de Xoco en busca de las avenidas cercanas?

Mitikah, como La Latino o El Dorito, choca con su barrio ¿en qué momento éste despertará, abandonará las demandas absurdas de cancelar las torres, y hará planteamientos que aseguren una buena convivencia entre lo moderno y los siglos de Xoco?

No lo sé, pero el momento estratégico es este.

Supongamos que la Torre Latinoamericana no existe. Hay un templo, San Diego, al lado del atrio del Convento de San Francisco. De pronto un desarrollador propone construir el edificio más alto de la ciudad, algo que se vuelva icónico, que incluso sea replicado en llaveros que se vendan en las tiendas de souvenirs, como ironiza Georgina Cebey en su fabuloso libro “Arquitectura del fracaso”.

Este era el escenario de 1950, previo a la construcción de la Torre Latino; pero a decir verdad, este ha sido el escenario de otros desarrollos en México y en el mundo. La modernidad se impone en los espacios conocidos, en los mejores terrenos y una pieza sólida, un objeto, emergen como el futuro hoy.

Las ciudades asiáticas hacen convivir espacios milenarios con barrios orgánicos, cables enredados, sin banquetas y rascacielos en los límites.

La Torre Latino es parte de nuestra vida central, nos hemos acostumbrado a ella, lo mismo que a otros edificios que en su momento polemizaron, como la Torre Bicentenario, más tarde Torre Virreyes o “El Dorito”. En ambos casos, sin embargo, hay algún grado de impacto local: la escala de los proyectos contrastaba con la escala urbana existente.

Cuando uno ve el barrio de Xoco repleto de nuevos desarrollos inmobiliarios se nota que algo choca justamente en la escala. Un barrio que muchos hemos caminado por el vínculo entre la Cineteca Nacional y el Metro Coyoacán, se ha ido sobrepoblando.

Justamente en Xoco se construye la que será la torre más alta de la Ciudad de México, Mítikah, con 68 pisos, y en los próximos meses quedará terminada otra torre de 37 pisos. A pocos metros de allí, el templo de San Sebastián, construido en el siglo XVII, y en su atrio un estacionamiento público.

La calle de Real de Mayorazgo, una de las entradas al pueblo de Xoco, tiene un tramo permisionado al desarrollo de Mítikah, con la finalidad de que unan las dos áreas de actuación a través de una plaza pública y debajo de ésta la entrada al estacionamiento. En preparación de esta obra, los desarrolladores talaron 80 árboles. Según ellos, contaban con autorización; según la autoridad, les corresponde una sanción de 40 millones de pesos.

Lo que argumentan los constructores es que sin ese desnivel habrá más afectaciones al peatón, y tal vez tengan razón. Lo que en esta historia no se ha discutido es cómo queremos que sea la relación entre Mítikah, Xoco y la ciudad. Ya hoy, la zona posee estructuras monumentales que se verán desde toda la ciudad. Junto, un barrio originario que debería volverse peatonal, sólo con acceso vehicular para vecinos ... algo que no está siendo la demanda más fuerte, como debiera.

Pedir la cancelación de los permisos de construcción es una demanda ridícula: las torres serán terminadas y ocupadas ¿Cómo piensan evitar que cientos o miles de autos pasen por el núcleo de Xoco en busca de las avenidas cercanas?

Mitikah, como La Latino o El Dorito, choca con su barrio ¿en qué momento éste despertará, abandonará las demandas absurdas de cancelar las torres, y hará planteamientos que aseguren una buena convivencia entre lo moderno y los siglos de Xoco?

No lo sé, pero el momento estratégico es este.

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