/ miércoles 18 de noviembre de 2020

Centro de Barrio | Seguridad vial y buenas prácticas

De algo podríamos estar seguros. Ni Claudia Sheinbaum, ni Andrés Lajous, ni sus colaboradores, quieren más muertes producto de la violencia vial.

Suponemos, por tanto, que todos aspiramos a calles más seguras. La cuestión es cómo, y veo dos opciones. La primera, incorporar lo que se nos ocurra en función de nuestra área de experiencia, y la otra es recuperar el estado del arte en la materia. Creo que allí está el problema. Una tribu de sociólogos decidió revolucionar las teorías internacionales sobre seguridad vial. El resultado es el desastre que hemos visto en los últimos meses, y que de manera destacada detonó una ola de protestas ciclistas, de un lado; y los “otros datos”, de parte de la autoridad. Si alguien duda del desastre: la disminución de actividad económica por la Pandemia no contuvo las cifras.

Que no se nos olvide que las fotomultas, so pretexto del gran rechazo social, fueron reemplazadas por “fotocívicas”, un mecanismo de infracción teóricamente basado en el aprendizaje y el trabajo social, en vez de la pena monetaria. Han presumido el éxito de las fotocívicas a los cuatro vientos ... pero han mentido a los cuatro vientos.

Las ubicaciones de las fotocívicas son públicas. En el caso concreto del atropellamiento

de un ciclista que perdió la pierna hace unos días, había una cámara de fotocívicas a tan solo ¡cuatro cuadras! en la esquina de Zaragoza con el Eje 2 Norte. Es un fracaso sanguinario. Ante la falta de sanciones efectivas, la velocidad subió.

Al tema de las fotocívicas añadiré otro. El Gobierno de Claudia Sheinbaum presume la construcción de ciclovías como nunca antes, pero éstas no se apegan a criterios técnicos, y por tanto son peligrosas. En el incidente del Eje 2 Norte tenemos otro ejemplo, en las cifras alegres de Lajous cuenta como 6.13 kilómetros de infraestructura ciclista, en su conciencia ya tenemos una persona con discapacidad.

Puedo mencionar otros ejemplos, no lo haré, prefiero buscar soluciones. Estas son tan simples o tan complejas como exista buena voluntad. Lo primero, tenemos que sistematizar la capacidad de respuesta del Gobierno y la sociedad a los problemas de inseguridad vial: necesitamos mecanismos institucionales basados en esas buenas prácticas, en vez de la soberbia de un equipo. Necesitamos evaluar caso por caso y atender causa raíz ... aunque perdamos capacidad vial.

Lo segundo, bajar las velocidades. Si las fotomultas, en dinero, no son el mecanismo adecuado; y las fotocívicas, en cursos o trabajo social, tampoco funcionan, entonces tendríamos que buscar otro más, o por lo menos una mezcla: sanciones monetarias conmutables por trabajo social, y cambios en la infraestructura. Si ya están instalando GPS a los vehículos de transporte público, como presumen, hay que monitorear sus velocidades igualmente y sancionar a los infractores.

Urge atender factores adicionales, como el diseño de los vehículos. Con un diseño adecuado, Mario Trejo y otras víctimas del transporte público, en vez de entrar bajo la llanta habrían sido repelidos: lesiones temporales en vez de permanentes.

Soluciones hay muchas, lo que no hay es voluntad.

De algo podríamos estar seguros. Ni Claudia Sheinbaum, ni Andrés Lajous, ni sus colaboradores, quieren más muertes producto de la violencia vial.

Suponemos, por tanto, que todos aspiramos a calles más seguras. La cuestión es cómo, y veo dos opciones. La primera, incorporar lo que se nos ocurra en función de nuestra área de experiencia, y la otra es recuperar el estado del arte en la materia. Creo que allí está el problema. Una tribu de sociólogos decidió revolucionar las teorías internacionales sobre seguridad vial. El resultado es el desastre que hemos visto en los últimos meses, y que de manera destacada detonó una ola de protestas ciclistas, de un lado; y los “otros datos”, de parte de la autoridad. Si alguien duda del desastre: la disminución de actividad económica por la Pandemia no contuvo las cifras.

Que no se nos olvide que las fotomultas, so pretexto del gran rechazo social, fueron reemplazadas por “fotocívicas”, un mecanismo de infracción teóricamente basado en el aprendizaje y el trabajo social, en vez de la pena monetaria. Han presumido el éxito de las fotocívicas a los cuatro vientos ... pero han mentido a los cuatro vientos.

Las ubicaciones de las fotocívicas son públicas. En el caso concreto del atropellamiento

de un ciclista que perdió la pierna hace unos días, había una cámara de fotocívicas a tan solo ¡cuatro cuadras! en la esquina de Zaragoza con el Eje 2 Norte. Es un fracaso sanguinario. Ante la falta de sanciones efectivas, la velocidad subió.

Al tema de las fotocívicas añadiré otro. El Gobierno de Claudia Sheinbaum presume la construcción de ciclovías como nunca antes, pero éstas no se apegan a criterios técnicos, y por tanto son peligrosas. En el incidente del Eje 2 Norte tenemos otro ejemplo, en las cifras alegres de Lajous cuenta como 6.13 kilómetros de infraestructura ciclista, en su conciencia ya tenemos una persona con discapacidad.

Puedo mencionar otros ejemplos, no lo haré, prefiero buscar soluciones. Estas son tan simples o tan complejas como exista buena voluntad. Lo primero, tenemos que sistematizar la capacidad de respuesta del Gobierno y la sociedad a los problemas de inseguridad vial: necesitamos mecanismos institucionales basados en esas buenas prácticas, en vez de la soberbia de un equipo. Necesitamos evaluar caso por caso y atender causa raíz ... aunque perdamos capacidad vial.

Lo segundo, bajar las velocidades. Si las fotomultas, en dinero, no son el mecanismo adecuado; y las fotocívicas, en cursos o trabajo social, tampoco funcionan, entonces tendríamos que buscar otro más, o por lo menos una mezcla: sanciones monetarias conmutables por trabajo social, y cambios en la infraestructura. Si ya están instalando GPS a los vehículos de transporte público, como presumen, hay que monitorear sus velocidades igualmente y sancionar a los infractores.

Urge atender factores adicionales, como el diseño de los vehículos. Con un diseño adecuado, Mario Trejo y otras víctimas del transporte público, en vez de entrar bajo la llanta habrían sido repelidos: lesiones temporales en vez de permanentes.

Soluciones hay muchas, lo que no hay es voluntad.