/ miércoles 8 de abril de 2020

Centro de Barrio | Tang y Rosa Venus

Una persona, con varios miles de seguidores en sus redes, agradeció al Gobierno de Ciudad de México por la atención brindada a partir de que reportó que tenía síntomas de coronavirus. Esa persona publicó imágenes que generaron dudas y burlas en redes sociales. El detalle fue que al final se preguntaba “¿Qué es esto? ¿Suecia?”.

Las imágenes tomadas por la ciudadana dieron la vuelta al mundo, no sólo porque su nombre fue tendencia en tuiter por varias horas, sino porque los contenidos de “La cajita feliz CDMX” también lo fueron los siguientes días. Por un lado, un jabón de pastilla asociado con los encuentros furtivos en los hoteles de paso; por otro, la palabra “veneno”, con la que fue descrita la marca registrada Tang en un noticiero francés.

Omitiré el nombre de la presunta enferma de Covid-19 por una razón: quienes la conocen piensan que se trata de una simulación pactada desde una Agencia del gobierno de la Ciudad de México que se dedica a temas digitales. No tengo pruebas de esto pero podría destacar ciertas coincidencias: durante esta administración se convirtió en integrante del Consejo Ciudadano de Seguridad; fue seleccionada como finalista en un concurso organizado por el Gobierno de la Ciudad; hace comentarios zalameros hacia distintas instancias del gobierno con regularidad; generó polémica su inclusión en una mesa de trabajo con la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, luego de las manifestaciones de mujeres; entre otras razones.

Es probable que en México nunca hayamos tenido estas atenciones para los enfermos, lo cual por supuesto marca un hito que habla bien del Gobierno de la Ciudad de México.

En paralelo el IMSS ha instrumentado un programa de incapacidad en línea: trabajadores afiliados pueden no sólo tramitar la incapacidad, sino también recibir un kit médico, consistente en cubrebocas, alcohol, gel y termómetro. En este caso no hubo artículos de primera necesidad, ni tampoco una estrategia barata de difusión en redes, sólo información al público. La discreción habla mejor del IMSS que del Gobierno de la capital.

La emergencia sanitaria que estamos viviendo no tiene precedentes; pero el antecedente más cercano, la epidemia de Influenza A-H1N1 no tuvo estos niveles de acogimiento, ni por el Seguro Social ni por autoridades locales.

Nos falta mucho camino por recorrer en el modelo ideal de salud, pero éste sí pasa por la asistencia total a las personas que se enfermen y deban guardarse en casa. No todos tienen una familia cerca, y aún en esos casos, facilitar el cuidado es una gran ayuda. En ese sentido hay que elogiar tanto el esfuerzo del IMSS, por el lado médico, como el del Gobierno de la Ciudad, que también brinda suministros médicos, además de la despensa con Tang y Rosa Venus.

Lo que demerita la acción del Gobierno de la Ciudad de México es que en aras de llenar una despensa con detalles, que a la presunta simuladora le evocaron Suecia, terminaron volviendo electorera la acción: llenar una caja con baratijas, sólo por llenarla, y adoptar una estrategia fulera en redes sociales que detonó cuatro días de tendencias en Twitter, que terminaron por ridiculizar la cajita feliz.

Una persona, con varios miles de seguidores en sus redes, agradeció al Gobierno de Ciudad de México por la atención brindada a partir de que reportó que tenía síntomas de coronavirus. Esa persona publicó imágenes que generaron dudas y burlas en redes sociales. El detalle fue que al final se preguntaba “¿Qué es esto? ¿Suecia?”.

Las imágenes tomadas por la ciudadana dieron la vuelta al mundo, no sólo porque su nombre fue tendencia en tuiter por varias horas, sino porque los contenidos de “La cajita feliz CDMX” también lo fueron los siguientes días. Por un lado, un jabón de pastilla asociado con los encuentros furtivos en los hoteles de paso; por otro, la palabra “veneno”, con la que fue descrita la marca registrada Tang en un noticiero francés.

Omitiré el nombre de la presunta enferma de Covid-19 por una razón: quienes la conocen piensan que se trata de una simulación pactada desde una Agencia del gobierno de la Ciudad de México que se dedica a temas digitales. No tengo pruebas de esto pero podría destacar ciertas coincidencias: durante esta administración se convirtió en integrante del Consejo Ciudadano de Seguridad; fue seleccionada como finalista en un concurso organizado por el Gobierno de la Ciudad; hace comentarios zalameros hacia distintas instancias del gobierno con regularidad; generó polémica su inclusión en una mesa de trabajo con la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, luego de las manifestaciones de mujeres; entre otras razones.

Es probable que en México nunca hayamos tenido estas atenciones para los enfermos, lo cual por supuesto marca un hito que habla bien del Gobierno de la Ciudad de México.

En paralelo el IMSS ha instrumentado un programa de incapacidad en línea: trabajadores afiliados pueden no sólo tramitar la incapacidad, sino también recibir un kit médico, consistente en cubrebocas, alcohol, gel y termómetro. En este caso no hubo artículos de primera necesidad, ni tampoco una estrategia barata de difusión en redes, sólo información al público. La discreción habla mejor del IMSS que del Gobierno de la capital.

La emergencia sanitaria que estamos viviendo no tiene precedentes; pero el antecedente más cercano, la epidemia de Influenza A-H1N1 no tuvo estos niveles de acogimiento, ni por el Seguro Social ni por autoridades locales.

Nos falta mucho camino por recorrer en el modelo ideal de salud, pero éste sí pasa por la asistencia total a las personas que se enfermen y deban guardarse en casa. No todos tienen una familia cerca, y aún en esos casos, facilitar el cuidado es una gran ayuda. En ese sentido hay que elogiar tanto el esfuerzo del IMSS, por el lado médico, como el del Gobierno de la Ciudad, que también brinda suministros médicos, además de la despensa con Tang y Rosa Venus.

Lo que demerita la acción del Gobierno de la Ciudad de México es que en aras de llenar una despensa con detalles, que a la presunta simuladora le evocaron Suecia, terminaron volviendo electorera la acción: llenar una caja con baratijas, sólo por llenarla, y adoptar una estrategia fulera en redes sociales que detonó cuatro días de tendencias en Twitter, que terminaron por ridiculizar la cajita feliz.

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