/ miércoles 25 de noviembre de 2020

Centro de Barrio | Terraplanistas motorizados

Dice Yuval Noah Harari, uno de los más grandes pensadores de nuestros tiempos, que este año hemos visto sinagogas, mezquitas y templos cristianos cerrados, puesto que por primera vez la religión reconoce a la ciencia. Esto lo expresó a inicios de la pandemia durante una entrevista con James Corden, y expresó su deseo porque en el futuro en temas como el cambio climático se atienda más a la ciencia.

Con esa misma lógica, la Arquidiócesis Primada de México y el Gobierno de la Ciudad de México emitieron un comunicado conjunto en el que se anunció el cierre de la Basílica durante los festejos del Día de la Virgen de Guadalupe. Ante el riesgo de contagio, hay un reconocimiento de que el manto de la virgen no cubre los pulmones de los feligreses. La religión respeta la evidencia científica.

Pero mientras esto sucede, el Gobierno de la Ciudad de México instrumenta carriles reversibles en el Circuito Interior, y el mismo día de su apertura ocurren cuando menos dos incidentes: una vuelta en U en los carriles centrales, y una colisión de frente entre un motociclista y un automóvil.

Para el gobierno de la ciudad, el ahorro en tiempo es suficiente evidencia de que vale la pena instrumentar los carriles reversibles. Para la religión, la vida humana es suficiente evidencia del milagro divino. Aún así, las religiones este año han reconocido que la fe y las expresiones humanas que la rodean no son suficientes para librarnos del contagio.

Sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum, en términos de evolución del pensamiento humano, es muy anterior al siglo XXI. En paralelo a la reducción de tiempo hay riesgos de incidentes viales. En otros carriles reversibles instrumentados en la ciudad ha habido muertos por colisión y atropellamiento. Pero esta evidencia no es importante, como si Darwin fuera el diablo, el único sustento que han dado a sus carriles reversibles es el ahorro en tiempo. Al Octavo Día, Dios creó al auto.

Claudia Sheinbaum, Jesús Esteva, Andrés Lajous, Luís Ruiz, responsables de la instrumentación de los carriles reversibles de Circuito Interior son terraplanistas motorizados. La evidencia internacional muestra que allí habrá muertos. No hay un confinamiento del carril ni una reducción de velocidades, sólo unos simples conos, como si fueran velas venerando a un santo, a la Virgen o el altar a una de las miles de víctimas de la violencia vial en nuestro país.

Con esta lógica, el lunes 23 me comuniqué con uno de los mencionados y le dije que era una responsabilidad ética suspender los carriles reversibles mientras no hubiera un confinamiento adecuado. La respuesta fue cortés pero equivocada: “Se lo comparto a Control de Tránsito para atención procedente”, como si la solución fuera poner patrullas en las agujas de entrada o salida del Circuito Interior.

Los carriles reversibles se instrumentan en muchas ciudades, sobre todo en puentes, como en Vancouver, San Francisco y Nueva York, pero la velocidad es congruente con el tipo de confinamiento e infraestructura. Si el gobierno no lo entiende, el Congreso de la Ciudad de México debería prohibir los carriles reversibles en la Ley de Movilidad.

Dice Yuval Noah Harari, uno de los más grandes pensadores de nuestros tiempos, que este año hemos visto sinagogas, mezquitas y templos cristianos cerrados, puesto que por primera vez la religión reconoce a la ciencia. Esto lo expresó a inicios de la pandemia durante una entrevista con James Corden, y expresó su deseo porque en el futuro en temas como el cambio climático se atienda más a la ciencia.

Con esa misma lógica, la Arquidiócesis Primada de México y el Gobierno de la Ciudad de México emitieron un comunicado conjunto en el que se anunció el cierre de la Basílica durante los festejos del Día de la Virgen de Guadalupe. Ante el riesgo de contagio, hay un reconocimiento de que el manto de la virgen no cubre los pulmones de los feligreses. La religión respeta la evidencia científica.

Pero mientras esto sucede, el Gobierno de la Ciudad de México instrumenta carriles reversibles en el Circuito Interior, y el mismo día de su apertura ocurren cuando menos dos incidentes: una vuelta en U en los carriles centrales, y una colisión de frente entre un motociclista y un automóvil.

Para el gobierno de la ciudad, el ahorro en tiempo es suficiente evidencia de que vale la pena instrumentar los carriles reversibles. Para la religión, la vida humana es suficiente evidencia del milagro divino. Aún así, las religiones este año han reconocido que la fe y las expresiones humanas que la rodean no son suficientes para librarnos del contagio.

Sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum, en términos de evolución del pensamiento humano, es muy anterior al siglo XXI. En paralelo a la reducción de tiempo hay riesgos de incidentes viales. En otros carriles reversibles instrumentados en la ciudad ha habido muertos por colisión y atropellamiento. Pero esta evidencia no es importante, como si Darwin fuera el diablo, el único sustento que han dado a sus carriles reversibles es el ahorro en tiempo. Al Octavo Día, Dios creó al auto.

Claudia Sheinbaum, Jesús Esteva, Andrés Lajous, Luís Ruiz, responsables de la instrumentación de los carriles reversibles de Circuito Interior son terraplanistas motorizados. La evidencia internacional muestra que allí habrá muertos. No hay un confinamiento del carril ni una reducción de velocidades, sólo unos simples conos, como si fueran velas venerando a un santo, a la Virgen o el altar a una de las miles de víctimas de la violencia vial en nuestro país.

Con esta lógica, el lunes 23 me comuniqué con uno de los mencionados y le dije que era una responsabilidad ética suspender los carriles reversibles mientras no hubiera un confinamiento adecuado. La respuesta fue cortés pero equivocada: “Se lo comparto a Control de Tránsito para atención procedente”, como si la solución fuera poner patrullas en las agujas de entrada o salida del Circuito Interior.

Los carriles reversibles se instrumentan en muchas ciudades, sobre todo en puentes, como en Vancouver, San Francisco y Nueva York, pero la velocidad es congruente con el tipo de confinamiento e infraestructura. Si el gobierno no lo entiende, el Congreso de la Ciudad de México debería prohibir los carriles reversibles en la Ley de Movilidad.