/ miércoles 6 de marzo de 2019

Centro de Barrio | Venta de datos

De manera creciente la humanidad se ha convertido en un gran generador de datos. Es también el caso de México, donde la telefonía celular está presente en toda la población, pues prácticamente hay un teléfono por habitante y más de un 50% de ellos entran en la categoría de smartphone o teléfono inteligente.

Miles de aplicaciones o apps generan miles de millones de datos a la vez. Algunas líneas del Metro de la Ciudad de México ya ofrecen Internet gratuito, pero mediante un mecanismo de intercambio, es decir, recolección de datos de los usuarios.

Entre cierto sector de la población, las aplicaciones relacionadas con la movilidad han cobrado fuerza en los últimos años. Por ejemplo, Uber, Cabify y recientemente Didi, son generadoras de datos muy valiosos para identificar hábitos y patrones de consumo.

Los operadores de telefonía celular también obtienen información sobre cada uno de nosotros. Saben, por las velocidades de viaje, si vamos en auto, en autobús, caminando o en bicicleta. Saben cuándo entramos en una tienda, en una iglesia, en una escuela o regresamos a casa. Pero también saben cuánto gastamos en el celular, cada cuándo cambiamos de equipo. Pueden hacer de la mercadotecnia un traje a la medida.

TODOS ESOS DATOS VALEN

¿Debería el gobierno regular el tráfico de datos? Cuando uno se suscribe a un servicio acepta los términos y condiciones, sin embargo, no tiene la posibilidad de negociarlos. Lo tomas o lo dejas. Al final de cuentas, una parte importante de las empresas que hace negocios con los datos, sólo vende datos agregados, no datos personales; pero otras sí.

Recién, la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México otorgó permisos temporales para las empresas de bicicletas y patines compartidos. Éstas tuvieron que acotarse a un número limitado de vehículos por un lapso de 45 días. Una de las empresas que manifestó inicialmente su intención de participar en este programa, Grin, no presentó la documentación que le exigió la autoridad y optó por una estrategia jurídica: se amparó y obtuvo la suspensión que le permite continuar prestando el servicio. El 26 de febrero, Grin envió un correo electrónico a sus clientes donde se victimiza en el tema del manejo de datos: “Semovi nos pedía acceso irrestricto a tus viajes en tiempo real y a tu información personal”.

La Semovi, en efecto, busca la apertura de datos operativos de las empresas, de forma agregada: dónde están los patines o bicicletas, cuáles son los trayectos más usados, entre otros datos impersonales. Sin embargo, la resistencia de Grin a la entrega de datos dejó abiertas las cartas de esta compañía: es evidente que una parte importante del negocio está en la comercialización de los datos que genera el uso de su app. Si Grin entrega los datos al gobierno, no podrá comercializarlos... lo que muestra que los usuarios tendrían que simpatizar con las empresas que sí entreguen sus datos al gobierno, pues es la garantía de que éstos no serán comercializados.

Falta mucho por definir en esta materia. El mercado de datos sí puede ser una opción para abaratar servicios, pero no debe dejar al descubierto a los usuarios, y deberíamos empezar a desconfiar de las empresas que se resisten a que la autoridad conozca sus datos operativos sin los datos personales.

De manera creciente la humanidad se ha convertido en un gran generador de datos. Es también el caso de México, donde la telefonía celular está presente en toda la población, pues prácticamente hay un teléfono por habitante y más de un 50% de ellos entran en la categoría de smartphone o teléfono inteligente.

Miles de aplicaciones o apps generan miles de millones de datos a la vez. Algunas líneas del Metro de la Ciudad de México ya ofrecen Internet gratuito, pero mediante un mecanismo de intercambio, es decir, recolección de datos de los usuarios.

Entre cierto sector de la población, las aplicaciones relacionadas con la movilidad han cobrado fuerza en los últimos años. Por ejemplo, Uber, Cabify y recientemente Didi, son generadoras de datos muy valiosos para identificar hábitos y patrones de consumo.

Los operadores de telefonía celular también obtienen información sobre cada uno de nosotros. Saben, por las velocidades de viaje, si vamos en auto, en autobús, caminando o en bicicleta. Saben cuándo entramos en una tienda, en una iglesia, en una escuela o regresamos a casa. Pero también saben cuánto gastamos en el celular, cada cuándo cambiamos de equipo. Pueden hacer de la mercadotecnia un traje a la medida.

TODOS ESOS DATOS VALEN

¿Debería el gobierno regular el tráfico de datos? Cuando uno se suscribe a un servicio acepta los términos y condiciones, sin embargo, no tiene la posibilidad de negociarlos. Lo tomas o lo dejas. Al final de cuentas, una parte importante de las empresas que hace negocios con los datos, sólo vende datos agregados, no datos personales; pero otras sí.

Recién, la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México otorgó permisos temporales para las empresas de bicicletas y patines compartidos. Éstas tuvieron que acotarse a un número limitado de vehículos por un lapso de 45 días. Una de las empresas que manifestó inicialmente su intención de participar en este programa, Grin, no presentó la documentación que le exigió la autoridad y optó por una estrategia jurídica: se amparó y obtuvo la suspensión que le permite continuar prestando el servicio. El 26 de febrero, Grin envió un correo electrónico a sus clientes donde se victimiza en el tema del manejo de datos: “Semovi nos pedía acceso irrestricto a tus viajes en tiempo real y a tu información personal”.

La Semovi, en efecto, busca la apertura de datos operativos de las empresas, de forma agregada: dónde están los patines o bicicletas, cuáles son los trayectos más usados, entre otros datos impersonales. Sin embargo, la resistencia de Grin a la entrega de datos dejó abiertas las cartas de esta compañía: es evidente que una parte importante del negocio está en la comercialización de los datos que genera el uso de su app. Si Grin entrega los datos al gobierno, no podrá comercializarlos... lo que muestra que los usuarios tendrían que simpatizar con las empresas que sí entreguen sus datos al gobierno, pues es la garantía de que éstos no serán comercializados.

Falta mucho por definir en esta materia. El mercado de datos sí puede ser una opción para abaratar servicios, pero no debe dejar al descubierto a los usuarios, y deberíamos empezar a desconfiar de las empresas que se resisten a que la autoridad conozca sus datos operativos sin los datos personales.

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