/ miércoles 15 de noviembre de 2017

Chile,3, nuevamente en el péndulo

Chile tendrá elecciones presidenciales el domingo 19 en el que competirán ocho candidatos (11 candidaturas fueron descartadas) respaldados por más de 30 partidos y organizaciones políticas y otras formaciones sociales.

Pero la característica de los tres es que son independientes de cuatro de los ocho, lo que su “independentismo” no fue obstáculo para que después fueran postulados por partidos, por supuesto, dentro de las corrientes ideológicas que más se identificaban con ellos.

Como está el panorama, a pesar de que Piñeira lleva una clara ventaja en los sondeos, seguramente los chilenos se irán al balotaje el próximo 15 de diciembre, al no conseguir el 50 por ciento de los votos. Y lo que pesará, así mismo, es un alto número de abstencionistas lo que no deja de ser lamentable en un país que se ha caracterizado por una amplísima participación, lo que puede reflejar el desencanto que invade a la política en muchos lugares de Latinoamérica.

De acuerdo como se han dado las conformaciones electorales, se podría pensar que los que tienen mayor número de apoyos son los que participarían en una segunda vuelta; pero no necesariamente todas ellas tienen gran número de afiliados, salvo quizá las de los seguidores de Piñeira.

No obstante, la izquierda y el centro izquierda podrían unirse y darle un buen susto al candidato de “Chile Vamos”, como ya sucedió en otros países de Sudamérica como en Argentina, Brasil y Perú. De esta forma se daría el movimiento del péndulo de uno más de las derechas como muchos vaticinan que así será.

Sin embargo, en países de gran arraigo democrático como Chile, en las elecciones parlamentarias y de los consejeros regionales, la oposición puede ser muy representativa de ganar la derecha la presidencia.

Si damos seguimiento a los diferentes gobiernos chilenos desde la caída de Pinochet, se apreciará que hay una tendencia casi uniforme de mantener los programas que unos y otros han llevado a cabo, lo que les ha permitido mantener un nivel de desarrollo que ha sido modelo; excluyendo una de las lacras que más pesan: la desigualdad social.

En el ámbito regional, de ganar Piñeira, el mejor posicionado, no se ve en el panorama un gran cambio en cuanto a sus relaciones con el exterior; al contrario, pues cuenta con sus homólogos de las otras naciones mencionadas.

De ganar Guillier, la izquierda siempre ha sido moderada y civilizada por lo que no hay motivo de alertas en una época en que eso es precisamente lo que se necesita; antepopulismos que ahora harían más daño en un “momentum” en que ya se visualiza una nueva confrontación mundial y en el que ya no se puede confiar en personajes y gobernantes que exacerban los ánimos en búsqueda de ámbitos de poder.

Chile tendrá elecciones presidenciales el domingo 19 en el que competirán ocho candidatos (11 candidaturas fueron descartadas) respaldados por más de 30 partidos y organizaciones políticas y otras formaciones sociales.

Pero la característica de los tres es que son independientes de cuatro de los ocho, lo que su “independentismo” no fue obstáculo para que después fueran postulados por partidos, por supuesto, dentro de las corrientes ideológicas que más se identificaban con ellos.

Como está el panorama, a pesar de que Piñeira lleva una clara ventaja en los sondeos, seguramente los chilenos se irán al balotaje el próximo 15 de diciembre, al no conseguir el 50 por ciento de los votos. Y lo que pesará, así mismo, es un alto número de abstencionistas lo que no deja de ser lamentable en un país que se ha caracterizado por una amplísima participación, lo que puede reflejar el desencanto que invade a la política en muchos lugares de Latinoamérica.

De acuerdo como se han dado las conformaciones electorales, se podría pensar que los que tienen mayor número de apoyos son los que participarían en una segunda vuelta; pero no necesariamente todas ellas tienen gran número de afiliados, salvo quizá las de los seguidores de Piñeira.

No obstante, la izquierda y el centro izquierda podrían unirse y darle un buen susto al candidato de “Chile Vamos”, como ya sucedió en otros países de Sudamérica como en Argentina, Brasil y Perú. De esta forma se daría el movimiento del péndulo de uno más de las derechas como muchos vaticinan que así será.

Sin embargo, en países de gran arraigo democrático como Chile, en las elecciones parlamentarias y de los consejeros regionales, la oposición puede ser muy representativa de ganar la derecha la presidencia.

Si damos seguimiento a los diferentes gobiernos chilenos desde la caída de Pinochet, se apreciará que hay una tendencia casi uniforme de mantener los programas que unos y otros han llevado a cabo, lo que les ha permitido mantener un nivel de desarrollo que ha sido modelo; excluyendo una de las lacras que más pesan: la desigualdad social.

En el ámbito regional, de ganar Piñeira, el mejor posicionado, no se ve en el panorama un gran cambio en cuanto a sus relaciones con el exterior; al contrario, pues cuenta con sus homólogos de las otras naciones mencionadas.

De ganar Guillier, la izquierda siempre ha sido moderada y civilizada por lo que no hay motivo de alertas en una época en que eso es precisamente lo que se necesita; antepopulismos que ahora harían más daño en un “momentum” en que ya se visualiza una nueva confrontación mundial y en el que ya no se puede confiar en personajes y gobernantes que exacerban los ánimos en búsqueda de ámbitos de poder.

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