/ domingo 13 de octubre de 2019

Ciudad secuestrada

Vivimos en una Ciudad de México literalmente secuestrada, prácticamente sin restricción en cuanto a protestas se refiere y en donde los citadinos debemos padecer marchas, plantones, bloqueos y vandalismo aguantando estoicamente sin que la autoridad intervenga en forma alguna en un intento de establecer el orden para vivir y convivir.

Es cierto que el derecho a manifestarse, por parte de los ciudadanos, es sagrado; pero de ahí a que se perjudique a la gran mayoría de los habitantes en afán de defender las causas de las protestas, hay una gran diferencia: los derechos de los demás al libre tránsito, a la protección de sus bienes y personas, a la no agresión por parte de los manifestantes, estos derechos de la mayoría, pasan a segundo término.

En 11 días, entre el 26 de septiembre y el pasado martes 8, los antes defeños, hoy citadinos-, hemos sido víctimas de cinco protestas con las concebidas afectaciones a las actividades de la CDMX lo que redunda igualmente en el daño económico inherente además de daños a propiedades y a las personas...

En el recuento de los daños, el 26 de septiembre vándalos de grupos anarquistas infiltrados en la marcha que se realizó con motivo de la conmemoración de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, causaron daños y estragos al grado de llegar hasta la puerta del Palacio Nacional, con todo y sus habitantes.

El jueves 28 de septiembre, una vez más –quizá los mismos vándalos con el rostro cubierto-, realizaron pintas, destrozo y saqueo en monumentos y comercios, esta vez el pretexto fue la exigencia para la despenalización del aborto en todo el país, mediante una manifestación.

El 2 de octubre, los anarquistas de siempre, con todo y el “cinturón de paz” integrado por el gobierno local formó con cientos de burócratas identificados por las costosas camisetas blancas –cuya producción rebasó con mucho la cantidad utilizada con el consecuente gasto que ello implicó-, arremetieron contra edificios públicos y privados además de comercios, dejando en sus disturbios 14 personas lesionadas.

El viernes 4 de octubre, otra vez los polis… policías federales que se han inconformado ya en varias ocasiones por las condiciones para su incorporación al nuevo esquema de cuerpos de seguridad, como la Guardia Nacional, bloquearon el acceso a la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en viernes… de por sí un día complicado.

Este martes, taxistas capitalinos se organizaron para realizar diversos bloqueos; esta vez no hubo anarcos ni tantos destrozos salvo en el camellón de Paseo de la Reforma: Utilizaron sus carros para bloquear puntos estratégicos de la Ciudad de México y en otras 23 entidades de la República para protestar por las aplicaciones que los ponen en desventaja. Entre los puntos estratégicos del bloqueo, no podía faltar la glorieta del Ángel de la Independencia, sobra decir el caos generado; a ellos se sumaron taxistas del AICM bloquearon los accesos a las dos terminales del puerto aéreo.

En definitiva, las autoridades de la Ciudad de México, sin mayor interés en implantar el Estado de Derecho, se han visto rebasadas, los inconformes les han tomado la medida y solo con organizar grupos en pos de una causa –sea la que sea-, y con salir a manifestarse para lograr sus objetivos solo hay que salir a impedir el libre tránsito en calles y Avenidas, complicando la vida a los ciudadanos, en tanto la autoridad solo observa sin mayor acción de por medio.

El gobierno de la ciudad no aparece; más allá de sus cuestionables iniciativas, en todos aspectos, su trabajo nomás no se ve por ningún lado.

gamogui@hotmail.com

Vivimos en una Ciudad de México literalmente secuestrada, prácticamente sin restricción en cuanto a protestas se refiere y en donde los citadinos debemos padecer marchas, plantones, bloqueos y vandalismo aguantando estoicamente sin que la autoridad intervenga en forma alguna en un intento de establecer el orden para vivir y convivir.

Es cierto que el derecho a manifestarse, por parte de los ciudadanos, es sagrado; pero de ahí a que se perjudique a la gran mayoría de los habitantes en afán de defender las causas de las protestas, hay una gran diferencia: los derechos de los demás al libre tránsito, a la protección de sus bienes y personas, a la no agresión por parte de los manifestantes, estos derechos de la mayoría, pasan a segundo término.

En 11 días, entre el 26 de septiembre y el pasado martes 8, los antes defeños, hoy citadinos-, hemos sido víctimas de cinco protestas con las concebidas afectaciones a las actividades de la CDMX lo que redunda igualmente en el daño económico inherente además de daños a propiedades y a las personas...

En el recuento de los daños, el 26 de septiembre vándalos de grupos anarquistas infiltrados en la marcha que se realizó con motivo de la conmemoración de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, causaron daños y estragos al grado de llegar hasta la puerta del Palacio Nacional, con todo y sus habitantes.

El jueves 28 de septiembre, una vez más –quizá los mismos vándalos con el rostro cubierto-, realizaron pintas, destrozo y saqueo en monumentos y comercios, esta vez el pretexto fue la exigencia para la despenalización del aborto en todo el país, mediante una manifestación.

El 2 de octubre, los anarquistas de siempre, con todo y el “cinturón de paz” integrado por el gobierno local formó con cientos de burócratas identificados por las costosas camisetas blancas –cuya producción rebasó con mucho la cantidad utilizada con el consecuente gasto que ello implicó-, arremetieron contra edificios públicos y privados además de comercios, dejando en sus disturbios 14 personas lesionadas.

El viernes 4 de octubre, otra vez los polis… policías federales que se han inconformado ya en varias ocasiones por las condiciones para su incorporación al nuevo esquema de cuerpos de seguridad, como la Guardia Nacional, bloquearon el acceso a la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en viernes… de por sí un día complicado.

Este martes, taxistas capitalinos se organizaron para realizar diversos bloqueos; esta vez no hubo anarcos ni tantos destrozos salvo en el camellón de Paseo de la Reforma: Utilizaron sus carros para bloquear puntos estratégicos de la Ciudad de México y en otras 23 entidades de la República para protestar por las aplicaciones que los ponen en desventaja. Entre los puntos estratégicos del bloqueo, no podía faltar la glorieta del Ángel de la Independencia, sobra decir el caos generado; a ellos se sumaron taxistas del AICM bloquearon los accesos a las dos terminales del puerto aéreo.

En definitiva, las autoridades de la Ciudad de México, sin mayor interés en implantar el Estado de Derecho, se han visto rebasadas, los inconformes les han tomado la medida y solo con organizar grupos en pos de una causa –sea la que sea-, y con salir a manifestarse para lograr sus objetivos solo hay que salir a impedir el libre tránsito en calles y Avenidas, complicando la vida a los ciudadanos, en tanto la autoridad solo observa sin mayor acción de por medio.

El gobierno de la ciudad no aparece; más allá de sus cuestionables iniciativas, en todos aspectos, su trabajo nomás no se ve por ningún lado.

gamogui@hotmail.com

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