/ jueves 21 de junio de 2018

Cómo votar sin confusión

No hay forma más sencilla de ejercer el derecho a voto que cruzar la boleta en un solo recuadro donde aparezca el nombre del candidato que nos ha convencido. Una cruz, un tache en ese espacio y listo, no habrá dudas ni interpretaciones, los funcionarios de casilla podrán identificar con mucha claridad a quién sumar ese voto al momento de llenar el acta correspondiente.

La complejidad en el debate reciente sobre otras modalidades de voto válido no es nueva, aunque empieza a generar cierta confusión porque en su órbita giran varios elementos y combinaciones que ameritan explicarse, sin que ello implique promover un llenado de boletas abigarrado que le dificulte a nuestros vecinos sorteados para recibir y contar los votos, el trabajo que van a desplegar al término de la jornada.

Por un lado hay que tener en cuenta que tenemos tres coaliciones presidenciales con tres partidos cada una, y eso se traduce en boletas con partidos distintos que postulan al mismo candidato.

Esta es la primera vez que todos los partidos nacionales (son 9 con registro) están en alguna coalición junto a otros partidos postulando a un mismo candidato. Desde la reforma electoral de 2007 las coaliciones no tienen más un logotipo común en la boleta como sucedía en los comicios del año 2000 o del 2006. Entonces solo aparecía el nombre de cada candidato en el emblema de coalición que fuera y ahora aparece el nombre del candidato por separado en cada emblema de partido coaligado. Esto ya se ha puesto en práctica en 2012 e implica que un elector puede apoyar al candidato de coalición asociado a un solo partido coaligado, a dos o los tres; y eso significa que es válido apoyar al candidato y todos los partidos que lo postulan sin que marcar dos o más emblemas distintos anule el voto, siempre que cada emblema tenga el mismo nombre de candidato.

Ese primer elemento no significa que si un ciudadano marca tres recuadros de partidos que postulan al mismo candidato su voto valga tres veces, es un solo voto para el candidato y proporcionalmente ese voto se divide entre los partidos marcados para ver si logra cada uno acreditar el 3% de la votación total y así conservar su registro.

Es decir, no basta con que el candidato de coalición tenga muchos votos al momento de definir si uno de los partidos que lo postula conserva o no registro, porque se requiere que esos votos que apoyan el nombre del candidato también lo hagan expresamente por uno u otro partido coaligado que lo pone en la boleta.

El otro elemento de votos válidos relacionado con apodos o nombres desplegados fuera de los recuadros de partido o a lo largo de toda la boleta responde a que desde 2006 múltiples criterios del Tribunal Electoral han definido como atendibles formas atípicas (no recomendables pero válidas) en donde por ejemplo toda la boleta se marca con el nombre de un candidato en particular, con su apodo o con caritas felices en los emblemas del partido que lo postula, con leyendas de rechazo en los emblemas del resto de partidos.

Esos criterios buscan dar por bueno un voto siempre que la voluntad de quien lo emite sea clara, pero a nadie beneficia complicarle las cosas a las y los ciudadanos que atenderán las casillas. Por eso el llamado respetuoso es a votar simple y libre, marcar con una cruz un recuadro donde esté el nombre del candidato que ha ganado nuestro respaldo y ya.

Consejero del INE

@MarcoBanos

No hay forma más sencilla de ejercer el derecho a voto que cruzar la boleta en un solo recuadro donde aparezca el nombre del candidato que nos ha convencido. Una cruz, un tache en ese espacio y listo, no habrá dudas ni interpretaciones, los funcionarios de casilla podrán identificar con mucha claridad a quién sumar ese voto al momento de llenar el acta correspondiente.

La complejidad en el debate reciente sobre otras modalidades de voto válido no es nueva, aunque empieza a generar cierta confusión porque en su órbita giran varios elementos y combinaciones que ameritan explicarse, sin que ello implique promover un llenado de boletas abigarrado que le dificulte a nuestros vecinos sorteados para recibir y contar los votos, el trabajo que van a desplegar al término de la jornada.

Por un lado hay que tener en cuenta que tenemos tres coaliciones presidenciales con tres partidos cada una, y eso se traduce en boletas con partidos distintos que postulan al mismo candidato.

Esta es la primera vez que todos los partidos nacionales (son 9 con registro) están en alguna coalición junto a otros partidos postulando a un mismo candidato. Desde la reforma electoral de 2007 las coaliciones no tienen más un logotipo común en la boleta como sucedía en los comicios del año 2000 o del 2006. Entonces solo aparecía el nombre de cada candidato en el emblema de coalición que fuera y ahora aparece el nombre del candidato por separado en cada emblema de partido coaligado. Esto ya se ha puesto en práctica en 2012 e implica que un elector puede apoyar al candidato de coalición asociado a un solo partido coaligado, a dos o los tres; y eso significa que es válido apoyar al candidato y todos los partidos que lo postulan sin que marcar dos o más emblemas distintos anule el voto, siempre que cada emblema tenga el mismo nombre de candidato.

Ese primer elemento no significa que si un ciudadano marca tres recuadros de partidos que postulan al mismo candidato su voto valga tres veces, es un solo voto para el candidato y proporcionalmente ese voto se divide entre los partidos marcados para ver si logra cada uno acreditar el 3% de la votación total y así conservar su registro.

Es decir, no basta con que el candidato de coalición tenga muchos votos al momento de definir si uno de los partidos que lo postula conserva o no registro, porque se requiere que esos votos que apoyan el nombre del candidato también lo hagan expresamente por uno u otro partido coaligado que lo pone en la boleta.

El otro elemento de votos válidos relacionado con apodos o nombres desplegados fuera de los recuadros de partido o a lo largo de toda la boleta responde a que desde 2006 múltiples criterios del Tribunal Electoral han definido como atendibles formas atípicas (no recomendables pero válidas) en donde por ejemplo toda la boleta se marca con el nombre de un candidato en particular, con su apodo o con caritas felices en los emblemas del partido que lo postula, con leyendas de rechazo en los emblemas del resto de partidos.

Esos criterios buscan dar por bueno un voto siempre que la voluntad de quien lo emite sea clara, pero a nadie beneficia complicarle las cosas a las y los ciudadanos que atenderán las casillas. Por eso el llamado respetuoso es a votar simple y libre, marcar con una cruz un recuadro donde esté el nombre del candidato que ha ganado nuestro respaldo y ya.

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