/ jueves 30 de noviembre de 2023

Competitividad para el Nearshoring 

La economía internacional se encuentra en un estado de transformaciones fundamentales.

El catalizador principal de ellas fue la pandemia del COVID, que tuvo el efecto de dislocar las cadenas de producción y de abastecimiento mundiales de manera radical.

Ahora mismo, la guerra que Rusia le ha infringido a Ucrania también está generando nuevos arreglos en el comercio y las finanzas internacionales que tendrán serias repercusiones en el futuro cercano.

Como siempre sucede en casos de reestructuración económica, oportunidades inéditas surgen para los actores que estén dispuestos a aprovecharlas.

El caso de México es, en este sentido, paradigmático. Su cercanía con la mayor potencia económica del globo, así como la fractura de las redes de abastecimiento que provenían de Asia hacia el mercado estadounidense hacen de México un país con gran atractivo para los inversionistas en todo el planeta.

El problema es que la economía mexicana es muy heterogénea en términos de competitividad. Si entendemos este concepto como la capacidad de una Región, Estado o Ciudad para atraer inversiones y talento humano vemos que nuestro país es muy disparejo.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, existen zonas geográficas en México capaces de competir de tú a tú con cualquier región del mundo. Entre las entidades de mayor competitividad se encuentran la Ciudad de México, Querétaro, Nuevo León, Coahuila, Baja California Sur y Jalisco. Por otro lado, sin embargo, Estados como Veracruz, Michoacán, Tlaxcala, Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen niveles de competitividad muy bajas.

En cuanto a la competitividad de ciudades, Monterrey es la ciudad más competitiva entre las más grandes; le siguen Saltillo, Querétaro y Guadalajara. Entre las ciudades medianas, Durango y Mazatlán encabezan la lista y entre las ciudades pequeñas, Los Cabos y Puerto Vallarta.

¿Qué es lo que han hecho bien estas regiones y centros urbanos? De acuerdo con el mismo Instituto existen varios criterios que deben cumplirse para ser competitivos.

En primer lugar se necesita promover la innovación con el fin de crear y atraer conocimiento que permita aumentar la eficiencia y generar más valor.

En segundo lugar, es indispensable generar capital humano listo para adaptarse a los próximos desafíos tecnológicos de la cuarta revolución industrial.

En tercer lugar, hay que fomentar economías dinámicas y diversas que generen mejores condiciones para el desarrollo.

En cuarto lugar, es menester incentivar la apertura internacional que tiende a facilitar el acceso a nuevos mercados.

En quinto lugar, es primordial crear un Estado de derecho que garantice la seguridad de las personas y otorgue certidumbre a la inversión.

Estos son los mínimos necesarios para dotar a una comunidad de las herramientas que le permitan ser competitivas.

El porvenir de México depende de lograr que las zonas del país que se han quedado rezagadas puedan disminuir la brecha respecto a las zonas más desarrolladas. Ese es nuestro gran desafío económico.

La economía internacional se encuentra en un estado de transformaciones fundamentales.

El catalizador principal de ellas fue la pandemia del COVID, que tuvo el efecto de dislocar las cadenas de producción y de abastecimiento mundiales de manera radical.

Ahora mismo, la guerra que Rusia le ha infringido a Ucrania también está generando nuevos arreglos en el comercio y las finanzas internacionales que tendrán serias repercusiones en el futuro cercano.

Como siempre sucede en casos de reestructuración económica, oportunidades inéditas surgen para los actores que estén dispuestos a aprovecharlas.

El caso de México es, en este sentido, paradigmático. Su cercanía con la mayor potencia económica del globo, así como la fractura de las redes de abastecimiento que provenían de Asia hacia el mercado estadounidense hacen de México un país con gran atractivo para los inversionistas en todo el planeta.

El problema es que la economía mexicana es muy heterogénea en términos de competitividad. Si entendemos este concepto como la capacidad de una Región, Estado o Ciudad para atraer inversiones y talento humano vemos que nuestro país es muy disparejo.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, existen zonas geográficas en México capaces de competir de tú a tú con cualquier región del mundo. Entre las entidades de mayor competitividad se encuentran la Ciudad de México, Querétaro, Nuevo León, Coahuila, Baja California Sur y Jalisco. Por otro lado, sin embargo, Estados como Veracruz, Michoacán, Tlaxcala, Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen niveles de competitividad muy bajas.

En cuanto a la competitividad de ciudades, Monterrey es la ciudad más competitiva entre las más grandes; le siguen Saltillo, Querétaro y Guadalajara. Entre las ciudades medianas, Durango y Mazatlán encabezan la lista y entre las ciudades pequeñas, Los Cabos y Puerto Vallarta.

¿Qué es lo que han hecho bien estas regiones y centros urbanos? De acuerdo con el mismo Instituto existen varios criterios que deben cumplirse para ser competitivos.

En primer lugar se necesita promover la innovación con el fin de crear y atraer conocimiento que permita aumentar la eficiencia y generar más valor.

En segundo lugar, es indispensable generar capital humano listo para adaptarse a los próximos desafíos tecnológicos de la cuarta revolución industrial.

En tercer lugar, hay que fomentar economías dinámicas y diversas que generen mejores condiciones para el desarrollo.

En cuarto lugar, es menester incentivar la apertura internacional que tiende a facilitar el acceso a nuevos mercados.

En quinto lugar, es primordial crear un Estado de derecho que garantice la seguridad de las personas y otorgue certidumbre a la inversión.

Estos son los mínimos necesarios para dotar a una comunidad de las herramientas que le permitan ser competitivas.

El porvenir de México depende de lograr que las zonas del país que se han quedado rezagadas puedan disminuir la brecha respecto a las zonas más desarrolladas. Ese es nuestro gran desafío económico.