/ domingo 15 de abril de 2018

Conculcar el sentido común

1.-Como para aderezar la primavera del desconcierto y enturbiar aún más el extravío de la cordura, el Tribunal Electoral ha venido a coronar la trapacería, premiar el chanchullo y legalizar la estafa con una maniobra que no sólo envilece su magistratura, sino que sobaja a quienes los han elevado al cargo. Aducir que la autoridad administrativa violentó el debido proceso al no ofrecerle un café para que defendiera sus pillerías, y así embutir al gobernador de Nuevo León como candidato a la Presidencia de la República es añadir insulto al perjurio. Que este señor gane su bribonada y haga campaña no será culpa suya, igual que compite otro tramposo que miente hasta en las preposiciones.

2.-La decisión por mayoría del Tribunal para abrir el zaguán al cuatrero oportunista no solo arrasa el principio de credibilidad y confianza que son sus premisas básicas, sino que por quedar bien con un procaz marrullero socava de base el debido proceso, los derechos cívicos y la dignidad de la ciudadanía toda. La sentencia no custodia la equidad, ni aúpa el Estado de derecho, ni tutela el bien superior de la sociedad, cuyas reglas básicas de respeto, seguridad y certeza conculca sin el menor recato; gratifica además la triquiñuela como paradigma, y corona la fechoría y la impunidad como referente.

3.-De decisiones como la de los jueces electorales que hicieron mayoría para revertir un acuerdo del INE a la luz del cúmulo de delitos en que incurrió el bandolero, se arroja no un ánimo de observancia de la ley, ni un escrúpulo de apego a la equidad ni un prurito de servicio a la justicia, sino un acto de abyecta rebeldía contra las instituciones de que se les atarraga la boca en defender; de insurrección al principio de legalidad y, más que nada, de abyecto desprecio al sentido común elemental.

4.-Ni Rabelais en sus creaciones fabulescas más articuladas podría explicar cómo, con el fastuoso dineral que los mexicanos gastamos en sostener un aparato electoral que tiene ejecutivo, judicial y penal, este amado pueblo todavía se da el lujo de sufrir unos jueces que proyectan toda la imagen de una ofuscación mental que hasta en Cataluña merecerían cárcel por cínicos, y es el mismo amado pueblo que tiene que tragarse el crimen de obliteración a la justicia como si fuera plato cotidiano. Con ese grado de confianza conducirán el proceso electoral más importante de la historia, el cambio de régimen, el ostracismo a la mafia del poder y el drenaje de demagogia que se atascan en expeler.

5.-A menos que la sentencia de la pulquérrima corte electoral haya estado supremamente inspirada en el más alto ideal de amor a la Patria; en la sublimación de los máximos valores éticos, estéticos, políticos y metafísicos que considera su elevada misión infundir en los mexicanos y forzarnos a volcarnos indómitos a emitir nuestra voluntad indeclinable de vivir, de tirar el cepo vesánico que nos acechan, librarnos de escoger entre un fullero y uno más pillo; ser libres autores de nuestro destino como sociedad civilizada. Tal vez ése era el derrotero de su voto por el bronco.

camilo@kawage.com

1.-Como para aderezar la primavera del desconcierto y enturbiar aún más el extravío de la cordura, el Tribunal Electoral ha venido a coronar la trapacería, premiar el chanchullo y legalizar la estafa con una maniobra que no sólo envilece su magistratura, sino que sobaja a quienes los han elevado al cargo. Aducir que la autoridad administrativa violentó el debido proceso al no ofrecerle un café para que defendiera sus pillerías, y así embutir al gobernador de Nuevo León como candidato a la Presidencia de la República es añadir insulto al perjurio. Que este señor gane su bribonada y haga campaña no será culpa suya, igual que compite otro tramposo que miente hasta en las preposiciones.

2.-La decisión por mayoría del Tribunal para abrir el zaguán al cuatrero oportunista no solo arrasa el principio de credibilidad y confianza que son sus premisas básicas, sino que por quedar bien con un procaz marrullero socava de base el debido proceso, los derechos cívicos y la dignidad de la ciudadanía toda. La sentencia no custodia la equidad, ni aúpa el Estado de derecho, ni tutela el bien superior de la sociedad, cuyas reglas básicas de respeto, seguridad y certeza conculca sin el menor recato; gratifica además la triquiñuela como paradigma, y corona la fechoría y la impunidad como referente.

3.-De decisiones como la de los jueces electorales que hicieron mayoría para revertir un acuerdo del INE a la luz del cúmulo de delitos en que incurrió el bandolero, se arroja no un ánimo de observancia de la ley, ni un escrúpulo de apego a la equidad ni un prurito de servicio a la justicia, sino un acto de abyecta rebeldía contra las instituciones de que se les atarraga la boca en defender; de insurrección al principio de legalidad y, más que nada, de abyecto desprecio al sentido común elemental.

4.-Ni Rabelais en sus creaciones fabulescas más articuladas podría explicar cómo, con el fastuoso dineral que los mexicanos gastamos en sostener un aparato electoral que tiene ejecutivo, judicial y penal, este amado pueblo todavía se da el lujo de sufrir unos jueces que proyectan toda la imagen de una ofuscación mental que hasta en Cataluña merecerían cárcel por cínicos, y es el mismo amado pueblo que tiene que tragarse el crimen de obliteración a la justicia como si fuera plato cotidiano. Con ese grado de confianza conducirán el proceso electoral más importante de la historia, el cambio de régimen, el ostracismo a la mafia del poder y el drenaje de demagogia que se atascan en expeler.

5.-A menos que la sentencia de la pulquérrima corte electoral haya estado supremamente inspirada en el más alto ideal de amor a la Patria; en la sublimación de los máximos valores éticos, estéticos, políticos y metafísicos que considera su elevada misión infundir en los mexicanos y forzarnos a volcarnos indómitos a emitir nuestra voluntad indeclinable de vivir, de tirar el cepo vesánico que nos acechan, librarnos de escoger entre un fullero y uno más pillo; ser libres autores de nuestro destino como sociedad civilizada. Tal vez ése era el derrotero de su voto por el bronco.

camilo@kawage.com

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