/ sábado 23 de diciembre de 2017

Corte de caja (I)

El año 2017 cierra con todo. Fue un año lleno de buenas y malas, lleno de cosas que nos hicieron confrontarnos a nosotros mismos y pensar qué es lo que tenemos que hacer de ahora en adelante. Voy a tratar de hablar de algunas de las cosas más importantes que sucedieron y que voltearon nuestro mundo de cabeza; que nos obligaron a ver la realidad de otra manera y que – para bien y para mal – nos hicieron cuestionarnos la ruta por la que estamos avanzando.

La primera de estas “sacudidas” vino del norte. Después del triunfo de Donald Trump en noviembre de 2016 que significó un parteaguas en la política internacional, el primer año de gobierno de este personaje en cuestión estuvo enfocado en buena medida contra nosotros, los mexicanos. De muchas formas y de diversas maneras, Trump se empeñó en culparnos de todos los males que ocurrieron en Estados Unidos en los últimos años, y temas como la migración, la seguridad fronteriza, la lucha contra las drogas y especialmente el NAFTA, marcaron la agenda de la relación bilateral. Miles de puestos de trabajo que dependen del comercio entre México y Estados Unidos penden de un hilo, debido a las decisiones políticas en Washington.

Si bien la opción de los Estados Unidos de renegociar el tratado tiene motivaciones políticas, creo que no se ha comprendido bien la dimensión económica y las implicaciones que ello tendría. Al momento de escribir este artículo, el dólar por ejemplo se cotiza en casi veinte pesos (uno de los peores niveles desde marzo – aunque no tan mal como antes que Trump asumiera el poder) y así las variables macroeconómicas y la inversión podrían tambalearse. México, por primera vez en su historia, se tiene que plantear qué hacer si los Estados Unidos deciden retirarse de NAFTA, o bien, negociar en términos imposibles. Nunca pensamos que esto podría suceder y siempre lo dimos por descontado. Pero ahora siendo casi una realidad, México tiene que sobrevivir a pesar de ello. Aun sin el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México tiene que salir adelante.

Otra de las cosas que nos sacudieron fuertemente en 2017 fue el resquebrajamiento de las condiciones de gobernabilidad interna en México. Me refiero a la inseguridad galopante que azota a nuestras ciudades y nuestras comunidades, y me refiero también a la creciente corrupción que cada vez es más evidente en todos los niveles de gobierno. El 2017 ha sido uno de los años más violentos en México para las mujeres, para los periodistas, para los empresarios, para todos en general. Y también ha sido un momento de pensar qué estamos haciendo, donde los escándalos de corrupción pintan de colores toda nuestra realidad nacional y nuestro gobierno.

Pero también el 2017 fue un año de luces y sombras: el sismo del 19 de septiembre sacó a relucir lo mejor de nosotros. La enorme solidaridad con que nos mostramos y de la que fuimos capaces para ayudar a las víctimas del terremoto en la Ciudad de México y otras ciudades del sur del país que también sufrieron por estos fenómenos naturales fue increíble. Si bien no todo fue color de rosa, la realidad es que mostramos al mundo una cara que pocas veces enseñamos: la solidaridad mexicana. (Continuará el siguiente sábado).

 

@fedeling

El año 2017 cierra con todo. Fue un año lleno de buenas y malas, lleno de cosas que nos hicieron confrontarnos a nosotros mismos y pensar qué es lo que tenemos que hacer de ahora en adelante. Voy a tratar de hablar de algunas de las cosas más importantes que sucedieron y que voltearon nuestro mundo de cabeza; que nos obligaron a ver la realidad de otra manera y que – para bien y para mal – nos hicieron cuestionarnos la ruta por la que estamos avanzando.

La primera de estas “sacudidas” vino del norte. Después del triunfo de Donald Trump en noviembre de 2016 que significó un parteaguas en la política internacional, el primer año de gobierno de este personaje en cuestión estuvo enfocado en buena medida contra nosotros, los mexicanos. De muchas formas y de diversas maneras, Trump se empeñó en culparnos de todos los males que ocurrieron en Estados Unidos en los últimos años, y temas como la migración, la seguridad fronteriza, la lucha contra las drogas y especialmente el NAFTA, marcaron la agenda de la relación bilateral. Miles de puestos de trabajo que dependen del comercio entre México y Estados Unidos penden de un hilo, debido a las decisiones políticas en Washington.

Si bien la opción de los Estados Unidos de renegociar el tratado tiene motivaciones políticas, creo que no se ha comprendido bien la dimensión económica y las implicaciones que ello tendría. Al momento de escribir este artículo, el dólar por ejemplo se cotiza en casi veinte pesos (uno de los peores niveles desde marzo – aunque no tan mal como antes que Trump asumiera el poder) y así las variables macroeconómicas y la inversión podrían tambalearse. México, por primera vez en su historia, se tiene que plantear qué hacer si los Estados Unidos deciden retirarse de NAFTA, o bien, negociar en términos imposibles. Nunca pensamos que esto podría suceder y siempre lo dimos por descontado. Pero ahora siendo casi una realidad, México tiene que sobrevivir a pesar de ello. Aun sin el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México tiene que salir adelante.

Otra de las cosas que nos sacudieron fuertemente en 2017 fue el resquebrajamiento de las condiciones de gobernabilidad interna en México. Me refiero a la inseguridad galopante que azota a nuestras ciudades y nuestras comunidades, y me refiero también a la creciente corrupción que cada vez es más evidente en todos los niveles de gobierno. El 2017 ha sido uno de los años más violentos en México para las mujeres, para los periodistas, para los empresarios, para todos en general. Y también ha sido un momento de pensar qué estamos haciendo, donde los escándalos de corrupción pintan de colores toda nuestra realidad nacional y nuestro gobierno.

Pero también el 2017 fue un año de luces y sombras: el sismo del 19 de septiembre sacó a relucir lo mejor de nosotros. La enorme solidaridad con que nos mostramos y de la que fuimos capaces para ayudar a las víctimas del terremoto en la Ciudad de México y otras ciudades del sur del país que también sufrieron por estos fenómenos naturales fue increíble. Si bien no todo fue color de rosa, la realidad es que mostramos al mundo una cara que pocas veces enseñamos: la solidaridad mexicana. (Continuará el siguiente sábado).

 

@fedeling

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