/ miércoles 14 de febrero de 2018

Corte de cajas

1. AMLO: la soberbia lo alcanzó. El candidato de MORENA ahora sí le hace caso a las encuestas, cree que tiene el triunfo en la bolsa, se siente confiado y se muestra indulgente. Esa coalición arcoíris que está construyendo el dirigente tabasqueño es una muestra de que aprendió de sus dos experiencias anteriores. Se dio cuenta que los sufragios de sus electores cautivos no le alcanzan para ganar la elección y derrotar cualquier intento de fraude. Hoy los que fueron traidores y miembros activos de la “mafia del poder” son entusiastas inquilinos de la barca del candidato morenista. Suena bien sumar al mayor número de personas y grupos para derrotar al bloque político dominante. Parece que en su programa nacionalista caben todos, hasta los que hace poco eran feligreses del modelo capitalista actual. Basto tocar en la parroquia del “señor” para ser exonerado de los pecados cometidos. El pragmatismo y el autoritarismo de AMLO permiten todo, nombrar desde el posible gabinete, los presuntos fiscales y magistrados, hasta algunos lugares estratégicos en el Congreso de la Unión.

Con la sumatoria de tirios y troyanos, de corruptos, de oportunistas y de saltimbanquis AMLO tendrá serios problemas para gobernar contra la corrupción, cuya bandera enarbola en un discurso repetitivo y monocorde. En los próximos meses sabremos más de este ecléctico proyecto que es conducido por quien quiere sólo edificar un “capitalismo justo”. Veremos cómo reaccionan los dueños del dinero más allá de las fronteras mexicanas.

2. Anaya: Bateador emergente. El imberbe candidato panista juguetea con discursos facilones y se muestra ágil y ocurrente. Como se sabe, hasta ahora, el panista ha logrado aquietar y cooptar a la izquierda domesticada y a sus huestes derechistas. Pudo pasar de ser un pequeño burócrata acomodaticio a encabezar un frente opositor que se caracteriza por su nebuloso programa Su lema es similar al de AMLO, promete luchar contra la corrupción y padece amnesia de sus apoyo al paquete de reformas impulsadas por Peña Nieto. Logró repartir dulces y caramelos a distintos personajes codiciosos de las cúpulas azules, amarillos y del habilidoso Movimiento Ciudadano. La perspectiva de su candidatura, está sujeta a los vaivenes que tenga el candidato del PRI. Tomando en cuenta que el panismo apoya y simpatiza con el modelo económico neoliberal, es factible que Anaya pueda convertirse al final en el candidato que apoye el bloque dominante.

3. Meade: el desastre. El candidato priista arrastra con los pesados grilletes de las corruptelas del gobierno peñista. Sus principales enemigos están localizados en el seno de su partido. Sus apoyadores representan todo lo que irrita a la mayoría de la población: prepotencia, riqueza insultante e ineptitud. Además, su personalidad también no ayuda ni favorece la conexión con el electorado. El gobierno está apostando poner en marcha un operativo de Estado para que Meade gane, se ve casi imposible tal objetivo, ¿habrá dinero que alcance para revertir las preferencias actuales?

Epilogo. En los próximos cuatro meses veremos el triunfo de los insultos y los golpes bajos. Sería deseable que lo que normara el voto fuera la reflexión y la información y no las supersticiones y las ocurrencias. Veremos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

1. AMLO: la soberbia lo alcanzó. El candidato de MORENA ahora sí le hace caso a las encuestas, cree que tiene el triunfo en la bolsa, se siente confiado y se muestra indulgente. Esa coalición arcoíris que está construyendo el dirigente tabasqueño es una muestra de que aprendió de sus dos experiencias anteriores. Se dio cuenta que los sufragios de sus electores cautivos no le alcanzan para ganar la elección y derrotar cualquier intento de fraude. Hoy los que fueron traidores y miembros activos de la “mafia del poder” son entusiastas inquilinos de la barca del candidato morenista. Suena bien sumar al mayor número de personas y grupos para derrotar al bloque político dominante. Parece que en su programa nacionalista caben todos, hasta los que hace poco eran feligreses del modelo capitalista actual. Basto tocar en la parroquia del “señor” para ser exonerado de los pecados cometidos. El pragmatismo y el autoritarismo de AMLO permiten todo, nombrar desde el posible gabinete, los presuntos fiscales y magistrados, hasta algunos lugares estratégicos en el Congreso de la Unión.

Con la sumatoria de tirios y troyanos, de corruptos, de oportunistas y de saltimbanquis AMLO tendrá serios problemas para gobernar contra la corrupción, cuya bandera enarbola en un discurso repetitivo y monocorde. En los próximos meses sabremos más de este ecléctico proyecto que es conducido por quien quiere sólo edificar un “capitalismo justo”. Veremos cómo reaccionan los dueños del dinero más allá de las fronteras mexicanas.

2. Anaya: Bateador emergente. El imberbe candidato panista juguetea con discursos facilones y se muestra ágil y ocurrente. Como se sabe, hasta ahora, el panista ha logrado aquietar y cooptar a la izquierda domesticada y a sus huestes derechistas. Pudo pasar de ser un pequeño burócrata acomodaticio a encabezar un frente opositor que se caracteriza por su nebuloso programa Su lema es similar al de AMLO, promete luchar contra la corrupción y padece amnesia de sus apoyo al paquete de reformas impulsadas por Peña Nieto. Logró repartir dulces y caramelos a distintos personajes codiciosos de las cúpulas azules, amarillos y del habilidoso Movimiento Ciudadano. La perspectiva de su candidatura, está sujeta a los vaivenes que tenga el candidato del PRI. Tomando en cuenta que el panismo apoya y simpatiza con el modelo económico neoliberal, es factible que Anaya pueda convertirse al final en el candidato que apoye el bloque dominante.

3. Meade: el desastre. El candidato priista arrastra con los pesados grilletes de las corruptelas del gobierno peñista. Sus principales enemigos están localizados en el seno de su partido. Sus apoyadores representan todo lo que irrita a la mayoría de la población: prepotencia, riqueza insultante e ineptitud. Además, su personalidad también no ayuda ni favorece la conexión con el electorado. El gobierno está apostando poner en marcha un operativo de Estado para que Meade gane, se ve casi imposible tal objetivo, ¿habrá dinero que alcance para revertir las preferencias actuales?

Epilogo. En los próximos cuatro meses veremos el triunfo de los insultos y los golpes bajos. Sería deseable que lo que normara el voto fuera la reflexión y la información y no las supersticiones y las ocurrencias. Veremos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

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