/ lunes 7 de septiembre de 2020

Covid-19, el talón de Aquiles del Presidente

Las mañaneras fueron diseñadas como una estrategia de promoción mediática del gobierno para un empoderamiento tras sexenal teniendo a López Obrador como el eje carismático fundamental. A eso le han llamado Cuarta Transformación. Cada día desde temprano el Presidente lanza los temas que le interesan se comenten, así marca la agenda. Pero después de sus desaciertos en materia de seguridad, economía y de salud, las usa también para poner asuntos a modo por encima de otros que ya no puede controlar. Son sus cortinas de humo, el pan y circo, la negación del deterioro gubernamental.


Pero tiene el poder que le da la investidura presidencial y su perorata aún le da resultados en sus sectores simpáticos, y repite es el presidente más honrado, que gobierna para los pobres, que ya no hay corrupción, que el feminicidio va bajando, que está purificando al país, que ya no es como antes. Hasta dijo que en su gobierno ya no hay tortura! Y no hay ni una sola política para que esa horrenda práctica se erradique, ni acción alguna para que se sancione judicialmente. Repite no es vengativo aunque le tunde a la oposición con mensajes directos o subliminales. Ha fomentado una división absurda. Tener una cara amable no es lo suyo, sin embargo desde semanas atrás se le ve con semblante adusto y cansado. No es para menos. En este contexto de desaciertos y mentiras, los contagios y muertes se incrementan, así como los daños colaterales del desempleo y cierre de micro y pequeñas empresas, vamos hacia una recesión.


Ya ni hablar del señor López-Gatell porque es un 0 a la izquierda para nuestra desgracia. Ahora la bronca la tiene el tesorero del Presidente, el señor Herrera encargado de la hacienda pública, quien seguramente se truena los dedos ante los costos de las vacunas que debe comprar cuando estén listas para finales o principios de año, además de las que debe proveerse contra la influenza estacional del invierno. Debe pagar lo que ya ha negociado Ebrard para que no nos quedemos atrás respecto a EU. ¿Se imaginan que el coloso del norte se encabrone y decida cerrar la frontera con México de manera permanente cuando allá se esté vacunando y acá no?


En 2016, Peña dijo que “un Presidente no creo que se levanta, ni creo que se haya levantado pensando… en cómo joder a México”. Es posible López Obrador se despertó un día escuchando que un nuevo coronavirus sería más letal que otros, que la OMS alertaba se debe enfrentar con pruebas entre la población para controlar contagio y muertes, pero hizo cuentas y decidió usar el método centinela para ahorrar. Todavía a principios de mayo nuevamente los ex secretarios de Salud advirtieron era fundamental hacer pruebas para detectar realmente el número de personas contagiadas, aislarlas, evitar contagien a otras. Reiteraron el método centinela del gobierno tiene fallas metodológicas. Tenían razón, han muerto 70,000 personas en datos oficiales y miles no saben están enfermos. Peña no fue asertivo.


El problema del País es que AMLO sólo se escucha a sí mismo, y ya con la varita del poder se cree infalible y que sus decisiones también lo serán por la eternidad. Sin embargo, ya no se puede ocultar las consecuencias del error; sus mañaneras transitan en el desgaste derivado de la distorsión de los hechos. Esta pandemia es su talón de Aquiles, ojalá fuese más humilde y sabio, para recapacitar.

Defensora de derechos humanos





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Las mañaneras fueron diseñadas como una estrategia de promoción mediática del gobierno para un empoderamiento tras sexenal teniendo a López Obrador como el eje carismático fundamental. A eso le han llamado Cuarta Transformación. Cada día desde temprano el Presidente lanza los temas que le interesan se comenten, así marca la agenda. Pero después de sus desaciertos en materia de seguridad, economía y de salud, las usa también para poner asuntos a modo por encima de otros que ya no puede controlar. Son sus cortinas de humo, el pan y circo, la negación del deterioro gubernamental.


Pero tiene el poder que le da la investidura presidencial y su perorata aún le da resultados en sus sectores simpáticos, y repite es el presidente más honrado, que gobierna para los pobres, que ya no hay corrupción, que el feminicidio va bajando, que está purificando al país, que ya no es como antes. Hasta dijo que en su gobierno ya no hay tortura! Y no hay ni una sola política para que esa horrenda práctica se erradique, ni acción alguna para que se sancione judicialmente. Repite no es vengativo aunque le tunde a la oposición con mensajes directos o subliminales. Ha fomentado una división absurda. Tener una cara amable no es lo suyo, sin embargo desde semanas atrás se le ve con semblante adusto y cansado. No es para menos. En este contexto de desaciertos y mentiras, los contagios y muertes se incrementan, así como los daños colaterales del desempleo y cierre de micro y pequeñas empresas, vamos hacia una recesión.


Ya ni hablar del señor López-Gatell porque es un 0 a la izquierda para nuestra desgracia. Ahora la bronca la tiene el tesorero del Presidente, el señor Herrera encargado de la hacienda pública, quien seguramente se truena los dedos ante los costos de las vacunas que debe comprar cuando estén listas para finales o principios de año, además de las que debe proveerse contra la influenza estacional del invierno. Debe pagar lo que ya ha negociado Ebrard para que no nos quedemos atrás respecto a EU. ¿Se imaginan que el coloso del norte se encabrone y decida cerrar la frontera con México de manera permanente cuando allá se esté vacunando y acá no?


En 2016, Peña dijo que “un Presidente no creo que se levanta, ni creo que se haya levantado pensando… en cómo joder a México”. Es posible López Obrador se despertó un día escuchando que un nuevo coronavirus sería más letal que otros, que la OMS alertaba se debe enfrentar con pruebas entre la población para controlar contagio y muertes, pero hizo cuentas y decidió usar el método centinela para ahorrar. Todavía a principios de mayo nuevamente los ex secretarios de Salud advirtieron era fundamental hacer pruebas para detectar realmente el número de personas contagiadas, aislarlas, evitar contagien a otras. Reiteraron el método centinela del gobierno tiene fallas metodológicas. Tenían razón, han muerto 70,000 personas en datos oficiales y miles no saben están enfermos. Peña no fue asertivo.


El problema del País es que AMLO sólo se escucha a sí mismo, y ya con la varita del poder se cree infalible y que sus decisiones también lo serán por la eternidad. Sin embargo, ya no se puede ocultar las consecuencias del error; sus mañaneras transitan en el desgaste derivado de la distorsión de los hechos. Esta pandemia es su talón de Aquiles, ojalá fuese más humilde y sabio, para recapacitar.

Defensora de derechos humanos





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