/ sábado 15 de febrero de 2020

Cuchillito de palo | Felices, pero "desplumados"

Después de que los “desplumaran, más de un centenar de empresarios salieron muy contentos de Palacio Nacional, tras su cena con AMLO. Quizá la rIsa de algunos se asemejaba a la de las hienas, o, ¿les habrá caído en gracia la “voluntaria” compra de cachitos para la no rifa del avión presidencial?

El priísta que el tabasqueño lleva grabado en el corazón –a piedra y lodo-, echó mano del ancestral subterfugio de la “vieja guardia”, para sacarles dinero a los ricachones.

Lo que se conocía como el “pase de charola” se cambió por una urna de la lotería y, a diferencia de aquel entonces, se fijaron cantidades. A los “pobretones”, 20 millones y de ahí hasta los 200. Ninguno se atrevió a chistar, conscientes de las desventajas frente a un Poder capaz de enviarles a un emisario de la temida UIF (Unidad de Inteligencia Financiera), o del SAT (Cobrador de los impuestos que tantos se empeñan en evadir).

Llamó la atención el dócil sometimiento. Se habría esperado un rezongo, si no generalizado, cuando menos de unos cuantos. También la 4T tiene entre sus incondicionales a millonarietas, muy cercanos al preciso, como el señor Rincón. Lógico que, quienes comparten sus “ideales” aplaudieran la moción. Pero, ¿y los demás? El miedo no anda en burro.

La economía “estancada” necesita de unas inversiones que no llegan. Se publicitan reuniones al más alto nivel –por los arreglos de Alfonso Romo-; el empresariado se compromete a invertir fuertes cantidades y no pasa nada.

La incertidumbre cierra las carteras de la Iniciativa Privada y qué decir de los extranjeros, que nos ven como el non plus ultra de la República bananera.

Si nadie habló, el camino queda abierto para la siguiente “rifa” o extorsión continuada, previa a que, quienes pueden tomar las de Villadiego, agarren sus maletas y se vayan a un enclave con Estado de Derecho y garantías, para trabajar. De cada ocho pesos que se invierten, siete vienen de ellos. Saque sus conclusiones.

La recolecta se dio la noche en la que se detuvo en España, al máximo símbolo de la corrupción del Peñanietismo, Emilio Lozoya. De la hiel a la miel. La suma de problemas ahogaba a un gobierno, que parece no sabe ni por dónde empezar y al que la realidad alcanza sin posibilidades de eludirla.

Gran festejo para un Fiscal (Gertz Manero), al que se empezaba a dar por muerto. Lo mismo para el titular de la UIF –Santiago Nieto-, a quien Lozoya le hizo perder la chamba en el sexenio pasado. Como si se tratara de un juan lanas, el funcionario se dijo feliz por la aprehensión y palabras más o menos, declaró que al fin caía entre rejas su acérrimo y odiado enemigo.

¿Así se podrá esperar un juicio justo? Es de aplaudir el combate a la corrupción y el que, al fin, se lleve a proceso a un personaje sobre el que recaen tantos expedientes negros, pero un servidor público no puede actuar por venganza ni resentimiento.

El caso Odebrecht, que mínimo involucró a 10 países de Latinoamérica y que tiene en la cárcel a más de un expresidente –Otro, de Perú, Alan García, se suicidó-, gozaba de absoluta impunidad en estos lares. Los sobornos a políticos, por parte de la empresa brasileña que compró vidas y haciendas, se destaparon hace años y, salvo Venezuela y México, se sancionaron.

Tomará tiempo para que Lozoya sea extraditado y, sobre todo, para que arrastre a quienes contribuyeron a saquearnos, aunque ya se dio un primer paso. Esperemos que no sea el único.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


Después de que los “desplumaran, más de un centenar de empresarios salieron muy contentos de Palacio Nacional, tras su cena con AMLO. Quizá la rIsa de algunos se asemejaba a la de las hienas, o, ¿les habrá caído en gracia la “voluntaria” compra de cachitos para la no rifa del avión presidencial?

El priísta que el tabasqueño lleva grabado en el corazón –a piedra y lodo-, echó mano del ancestral subterfugio de la “vieja guardia”, para sacarles dinero a los ricachones.

Lo que se conocía como el “pase de charola” se cambió por una urna de la lotería y, a diferencia de aquel entonces, se fijaron cantidades. A los “pobretones”, 20 millones y de ahí hasta los 200. Ninguno se atrevió a chistar, conscientes de las desventajas frente a un Poder capaz de enviarles a un emisario de la temida UIF (Unidad de Inteligencia Financiera), o del SAT (Cobrador de los impuestos que tantos se empeñan en evadir).

Llamó la atención el dócil sometimiento. Se habría esperado un rezongo, si no generalizado, cuando menos de unos cuantos. También la 4T tiene entre sus incondicionales a millonarietas, muy cercanos al preciso, como el señor Rincón. Lógico que, quienes comparten sus “ideales” aplaudieran la moción. Pero, ¿y los demás? El miedo no anda en burro.

La economía “estancada” necesita de unas inversiones que no llegan. Se publicitan reuniones al más alto nivel –por los arreglos de Alfonso Romo-; el empresariado se compromete a invertir fuertes cantidades y no pasa nada.

La incertidumbre cierra las carteras de la Iniciativa Privada y qué decir de los extranjeros, que nos ven como el non plus ultra de la República bananera.

Si nadie habló, el camino queda abierto para la siguiente “rifa” o extorsión continuada, previa a que, quienes pueden tomar las de Villadiego, agarren sus maletas y se vayan a un enclave con Estado de Derecho y garantías, para trabajar. De cada ocho pesos que se invierten, siete vienen de ellos. Saque sus conclusiones.

La recolecta se dio la noche en la que se detuvo en España, al máximo símbolo de la corrupción del Peñanietismo, Emilio Lozoya. De la hiel a la miel. La suma de problemas ahogaba a un gobierno, que parece no sabe ni por dónde empezar y al que la realidad alcanza sin posibilidades de eludirla.

Gran festejo para un Fiscal (Gertz Manero), al que se empezaba a dar por muerto. Lo mismo para el titular de la UIF –Santiago Nieto-, a quien Lozoya le hizo perder la chamba en el sexenio pasado. Como si se tratara de un juan lanas, el funcionario se dijo feliz por la aprehensión y palabras más o menos, declaró que al fin caía entre rejas su acérrimo y odiado enemigo.

¿Así se podrá esperar un juicio justo? Es de aplaudir el combate a la corrupción y el que, al fin, se lleve a proceso a un personaje sobre el que recaen tantos expedientes negros, pero un servidor público no puede actuar por venganza ni resentimiento.

El caso Odebrecht, que mínimo involucró a 10 países de Latinoamérica y que tiene en la cárcel a más de un expresidente –Otro, de Perú, Alan García, se suicidó-, gozaba de absoluta impunidad en estos lares. Los sobornos a políticos, por parte de la empresa brasileña que compró vidas y haciendas, se destaparon hace años y, salvo Venezuela y México, se sancionaron.

Tomará tiempo para que Lozoya sea extraditado y, sobre todo, para que arrastre a quienes contribuyeron a saquearnos, aunque ya se dio un primer paso. Esperemos que no sea el único.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq