/ miércoles 8 de agosto de 2018

Cuchillito de palo | Feminicidios: imparables

Atribulada, la madre de una chiquita de 12 años me confesaba, que le da pavor dejarla salir sola ni a la esquina. Habitan en el Estado de México, entidad, como tantas más en la República-, en la que parece que los feminicidios son algo imparable.

La violencia cobra cada día más víctimas. El 2018 se convierte, hasta donde va, en el año más violento, con casi 16 mil personas asesinadas. Si no se divulgan más, este tipo de noticias, es porque se han vuelto tan comunes, que pasan desapercibidas. No lo son para aquellos que sufren la pérdida de un ser querido, por una causa brutal e injustificada.

Bien dicen que el hilo se rompe por lo más delgado y los ataques contra mujeres, de cualquier edad, proliferan. Inaudita la muerte de cientos de jóvenes y, a últimas fechas, de niñas. Vidas sesgadas por bárbaros,g que se podrían calificar de auténticos dementes, de monstruos.

En unos cuantos días abusaron y mataron a dos pequeñas, una de 8 y la otra de 9 años. Ana Lizbeth Ramírez, en Juárez, Nuevo León, se separó unos minutos de su madre, a unos cuantos pasos, tiempo que bastó para que la secuestrara uno de estos salvajes.

Apareció muerta a los pocos días, a pesar de haberse emitido la alerta Amber y de su búsqueda generalizada. Caso excepcional, unas cámaras de seguridad grabaron al energúmeno, lo detuvieron y ya se le procesa. Insólito, porque la mayoría de estos crímenes quedan sin castigo.

San Juana Romo, 9 años, salió de su domicilio en la Colonia Gavilanes, de Zacatecas, a hacer una compra en la tienda de la esquina. No se volvió a saber de ella y la familia lo denunció. También se hizo público, mediante Amber y se le localizó en un terreno baldío, a los tres días. De la bestia que la agredió, nada.

En Altamira, Tamaulipas, otra niña apareció degollada en su casa. Ni el nombre se dio a conocer ni se espera que las autoridades muevan un dedo, para dar con su verdugo.

El victimario de Ana Lizbeth había salido de 7 años de reclusión, por el abuso sexual de dos menores, en el 2011. A saber si esta inocente fue su única víctima, en este periodo en el que confirmó que, no sólo no se “reincorporó socialmente” -menos se rehabilitó-, sino que llegó al homicidio.

En Estados Unidos se registra a los depredadores sexuales y así cambien de entidad, de colonia, de domicilio, viven bajo la mirada vigilante de vecinos y policía. Aquí dejan el reclusorio y vuelven a las andadas.

En el Estado de México, en 72 horas asesinaron a seis mujeres. Uno de los compromisos básicos de campaña, del mandamás Del Mazo, fue en relación a esta trágica conflictiva. Durante el gobierno de Eruviel Ávila, cuando empezaron a multiplicarse estos crímenes, ante las quejas de organismos civiles de mujeres, se emitieron alertas de género en varios municipios.

Los resultados no fueron lo positivos que se esperaban, pero se hizo el intento. El territorio mexiquense crece en violencia de género y la impunidad cierra el círculo del horror. Hace poco encontraron el cadáver de una chica de 16 años, abandonada en un paraje de Chalco. Era estudiante del cuarto semestre del Bachillerato Tecnológico Número 6, de la localidad.

Se mata a “escorts” (Mujeres acompañantes) por docenas y tampoco se da con los culpables.

Grupos de mujeres profundizan en las causas. Lo que queda patente es el deterioro de un tejido social, en el que se pierde la convivencia y se sustituye por violencia. Hasta esto hemos llegado.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


Atribulada, la madre de una chiquita de 12 años me confesaba, que le da pavor dejarla salir sola ni a la esquina. Habitan en el Estado de México, entidad, como tantas más en la República-, en la que parece que los feminicidios son algo imparable.

La violencia cobra cada día más víctimas. El 2018 se convierte, hasta donde va, en el año más violento, con casi 16 mil personas asesinadas. Si no se divulgan más, este tipo de noticias, es porque se han vuelto tan comunes, que pasan desapercibidas. No lo son para aquellos que sufren la pérdida de un ser querido, por una causa brutal e injustificada.

Bien dicen que el hilo se rompe por lo más delgado y los ataques contra mujeres, de cualquier edad, proliferan. Inaudita la muerte de cientos de jóvenes y, a últimas fechas, de niñas. Vidas sesgadas por bárbaros,g que se podrían calificar de auténticos dementes, de monstruos.

En unos cuantos días abusaron y mataron a dos pequeñas, una de 8 y la otra de 9 años. Ana Lizbeth Ramírez, en Juárez, Nuevo León, se separó unos minutos de su madre, a unos cuantos pasos, tiempo que bastó para que la secuestrara uno de estos salvajes.

Apareció muerta a los pocos días, a pesar de haberse emitido la alerta Amber y de su búsqueda generalizada. Caso excepcional, unas cámaras de seguridad grabaron al energúmeno, lo detuvieron y ya se le procesa. Insólito, porque la mayoría de estos crímenes quedan sin castigo.

San Juana Romo, 9 años, salió de su domicilio en la Colonia Gavilanes, de Zacatecas, a hacer una compra en la tienda de la esquina. No se volvió a saber de ella y la familia lo denunció. También se hizo público, mediante Amber y se le localizó en un terreno baldío, a los tres días. De la bestia que la agredió, nada.

En Altamira, Tamaulipas, otra niña apareció degollada en su casa. Ni el nombre se dio a conocer ni se espera que las autoridades muevan un dedo, para dar con su verdugo.

El victimario de Ana Lizbeth había salido de 7 años de reclusión, por el abuso sexual de dos menores, en el 2011. A saber si esta inocente fue su única víctima, en este periodo en el que confirmó que, no sólo no se “reincorporó socialmente” -menos se rehabilitó-, sino que llegó al homicidio.

En Estados Unidos se registra a los depredadores sexuales y así cambien de entidad, de colonia, de domicilio, viven bajo la mirada vigilante de vecinos y policía. Aquí dejan el reclusorio y vuelven a las andadas.

En el Estado de México, en 72 horas asesinaron a seis mujeres. Uno de los compromisos básicos de campaña, del mandamás Del Mazo, fue en relación a esta trágica conflictiva. Durante el gobierno de Eruviel Ávila, cuando empezaron a multiplicarse estos crímenes, ante las quejas de organismos civiles de mujeres, se emitieron alertas de género en varios municipios.

Los resultados no fueron lo positivos que se esperaban, pero se hizo el intento. El territorio mexiquense crece en violencia de género y la impunidad cierra el círculo del horror. Hace poco encontraron el cadáver de una chica de 16 años, abandonada en un paraje de Chalco. Era estudiante del cuarto semestre del Bachillerato Tecnológico Número 6, de la localidad.

Se mata a “escorts” (Mujeres acompañantes) por docenas y tampoco se da con los culpables.

Grupos de mujeres profundizan en las causas. Lo que queda patente es el deterioro de un tejido social, en el que se pierde la convivencia y se sustituye por violencia. Hasta esto hemos llegado.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


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