/ sábado 9 de noviembre de 2019

Cuchillito de palo | ¿Hasta dónde?

¿Querrá AMLO que nos hagamos menos, a base de balazos? Inconcebible lo sucedido a la familia LeBarón. Bavispe, Sonora, se convierte en el símbolo de la escalada de violencia más brutal, de que tengamos memoria.

Se rompen todos los moldes, al asesinar a tres mujeres y seis niños, herir a otros seis y sólo dos resultar ilesos. Cientos de cartuchos disparados contra inocentes, para después quemar una camioneta con varios de ellos. A sangre fría. Cualquier pesadilla se queda corta, frente a una realidad que destroza la dizque “estrategia de seguridad” del gobierno morenaco.

¿Estrategia? Casi un año de ver cómo crecen los índices delictivos, sin la esperanza de unas autoridades que cumplan con su responsabilidad. La seguridad es su primera obligación, concepto que parece que ignora un tlatoani al que se siente, lo he dicho hasta el agotamiento, rebasado y negligente en ese renglón.

La imagen en el exterior, de pena ajena. Congresistas gringos que califican la política de seguridad, como “cuento de hadas”; otro dice que preferiría ir a Siria que a México. La prensa glosando la tragedia, hasta en el último confín del universo.

Si lo de Culiacán había provocado un revuelo, lo de Sonora es barbarie pura. Se calcula que este será el año más violento, desde que iniciaron las estadísticas, sin respuesta oficial.

Grave la rendición del Estado a un delincuente, al que se quiso aprehender con un “operativo fallido”. Se dijo que se liberó a Ovidio Guzmán, para evitar muertes. ¿Y quién puso en peligro la vida de los ciudadanos? Quienes quisieron detenerlo sin la debida preparación.

Las paparruchadas se multiplican y lo único que se escucha es la cantinela del “abrazos y no balazos”, “violencia llama a más violencia” o “es lo que nos dejaron”. Del uso legítimo de la fuerza y de la contención del crimen organizado, ni media palabra.

Se compadece al Chapo, a su mamacita y al resto de salvajes que acaban con la vida, el patrimonio, la salud y la tranquilidad de millones de personas, las que, impotentes, viven en la zozobra.

Trump ofreció ayuda para esclarecer el demencial crimen. La respuesta fue “no, porque se perdería soberanía”, en tanto manda a 25 mil elementos de la guardia nacional a detener a los migrantes de Centroamérica, frente a la amenaza económica contra los productos que exportamos, del mismo señor Trump.

Se pone de rodillas ante al Imperio y luego hace la mascarada de hablar de soberanía, cuando jamás se vio un gobierno más entreguista. El inquilino de la Casa Blanca aprovecha para ganar puntos para su reelección, hábil para doblegar al tabasqueño.

A la violencia hay que ponerle un alto. La delincuencia se apodera de esta República, asida a la impunidad. A cargo de la seguridad, un señor Durazo, la incompetencia y la soberbia, personificadas. Una Fiscalía General, ausente, que da la impresión de estar acéfala.

Qué decir de las estatales y de los gobernadores. Corral, de Chihuahua, se lava las manos y la sonorense, Pavlovich, ni ata ni desata. Al ser delitos del fuero común, tendría que llevar la investigación, o, al ser tan graves, la Fiscalía General habría de atraerla. Una masacre, que los de arriba, lo único que esperan, es a que se olvide.

La Secretaría de Gobernación ni la boca abre y, al que encomiendan para “que se dé una vuelta por el lugar de los hechos”, es a Marcelo Ebrard, de Relaciones Exteriores.

Mientras la violencia crece y la tragedia nos alcanza.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


¿Querrá AMLO que nos hagamos menos, a base de balazos? Inconcebible lo sucedido a la familia LeBarón. Bavispe, Sonora, se convierte en el símbolo de la escalada de violencia más brutal, de que tengamos memoria.

Se rompen todos los moldes, al asesinar a tres mujeres y seis niños, herir a otros seis y sólo dos resultar ilesos. Cientos de cartuchos disparados contra inocentes, para después quemar una camioneta con varios de ellos. A sangre fría. Cualquier pesadilla se queda corta, frente a una realidad que destroza la dizque “estrategia de seguridad” del gobierno morenaco.

¿Estrategia? Casi un año de ver cómo crecen los índices delictivos, sin la esperanza de unas autoridades que cumplan con su responsabilidad. La seguridad es su primera obligación, concepto que parece que ignora un tlatoani al que se siente, lo he dicho hasta el agotamiento, rebasado y negligente en ese renglón.

La imagen en el exterior, de pena ajena. Congresistas gringos que califican la política de seguridad, como “cuento de hadas”; otro dice que preferiría ir a Siria que a México. La prensa glosando la tragedia, hasta en el último confín del universo.

Si lo de Culiacán había provocado un revuelo, lo de Sonora es barbarie pura. Se calcula que este será el año más violento, desde que iniciaron las estadísticas, sin respuesta oficial.

Grave la rendición del Estado a un delincuente, al que se quiso aprehender con un “operativo fallido”. Se dijo que se liberó a Ovidio Guzmán, para evitar muertes. ¿Y quién puso en peligro la vida de los ciudadanos? Quienes quisieron detenerlo sin la debida preparación.

Las paparruchadas se multiplican y lo único que se escucha es la cantinela del “abrazos y no balazos”, “violencia llama a más violencia” o “es lo que nos dejaron”. Del uso legítimo de la fuerza y de la contención del crimen organizado, ni media palabra.

Se compadece al Chapo, a su mamacita y al resto de salvajes que acaban con la vida, el patrimonio, la salud y la tranquilidad de millones de personas, las que, impotentes, viven en la zozobra.

Trump ofreció ayuda para esclarecer el demencial crimen. La respuesta fue “no, porque se perdería soberanía”, en tanto manda a 25 mil elementos de la guardia nacional a detener a los migrantes de Centroamérica, frente a la amenaza económica contra los productos que exportamos, del mismo señor Trump.

Se pone de rodillas ante al Imperio y luego hace la mascarada de hablar de soberanía, cuando jamás se vio un gobierno más entreguista. El inquilino de la Casa Blanca aprovecha para ganar puntos para su reelección, hábil para doblegar al tabasqueño.

A la violencia hay que ponerle un alto. La delincuencia se apodera de esta República, asida a la impunidad. A cargo de la seguridad, un señor Durazo, la incompetencia y la soberbia, personificadas. Una Fiscalía General, ausente, que da la impresión de estar acéfala.

Qué decir de las estatales y de los gobernadores. Corral, de Chihuahua, se lava las manos y la sonorense, Pavlovich, ni ata ni desata. Al ser delitos del fuero común, tendría que llevar la investigación, o, al ser tan graves, la Fiscalía General habría de atraerla. Una masacre, que los de arriba, lo único que esperan, es a que se olvide.

La Secretaría de Gobernación ni la boca abre y, al que encomiendan para “que se dé una vuelta por el lugar de los hechos”, es a Marcelo Ebrard, de Relaciones Exteriores.

Mientras la violencia crece y la tragedia nos alcanza.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq