/ sábado 12 de enero de 2019

Cuchillito de palo | ¿Qué fue primero?

¿El huevo o la gallina? A esta bizantina discusión, para la que sobra debate y dudas, se la pudiera comparar con la tragedia de la gasolina. ¿Hubo una estrategia para el archimentado combate al huachicol, o se trató de una ocurrencia?

Por las consecuencias, que en carne propia viven millones de mexicanos, si en verdad se trazó un plan, o fue de Perogrullo, o no contempló todas las aristas del problema, o el cierre de los ductos les llegó por una inspiración mística.

A saber, en vista de que, ni medio de los funcionarios involucrados da la cara y responde con certeza al objetivo que, de seguir como vamos, se ve difícil que se cumpla.

Sólo un necio rechazaría el que se ponga un alto a un delito, que crecía a velocidad supersónica. El atacarlo era urgente, pero, para acabar con mafias tan poderosas se tenía que haber montado un plan maestro.

El robo del hidrocarburo es un problema mundial y, que se sepa, a nadie se le ha ocurrido dejar a la población sin el fluido. Desde hace años, algunos articulistas comentaban el éxito que se tuvo en Colombia, para abatir este crimen. Tan fácil como el haber consultado a quienes lo pusieron en marcha e implementarlo en esta República.

Los especialistas de aquellas tierras lo hicieron atacando a los ladrones de gasolina, desde varios ángulos. Estaba involucrada la guerrilla, el narco y otras bandas de malosos, a los que despojaron del negociazo. A diferencia de estos lares, no lo hurtaban para comercializarlo sino para la fabricación de cocaína.

Aquí, como el Borras, le dieron vuelta a las llaves. Además de cerrar el grifo, les cerraron la boca a los encargados de la materia. La Secretaria de Energía, Rocío Nahle, hizo unas breves declaraciones con López Dóriga, en las que le pidió disculpas a la sociedad y reconoció errores.

Del director de Pemex, ni sus luces. El Gobernador de Guanajuato –una de las entidades más afectadas-, con muchos pantalones, se le presentó en sus oficinas y logró sacarle algunos balbuceos, que le grabó y difundió. Oropeza se comprometió a enviar más pipas de combustible, aunque la realidad es que, en el Estado, siguen pasando las de Caín.

Se concentró la comunicación en el Presidente López Obrador y sus conferencias mañaneras, palabras que de poco consuelo sirven a quienes pierden horas de su valioso tiempo, en las eternas filas para conseguir unos cuantos litros, en una que otra gasolinera que cuenta con ellos.

Es de cuestionarse lo dicho por Nahle, quien afirmó que se contaba con un programa. De haberlo tenido ya deberían estar tras las rejas los responsables de este latrocinio. AMLO declaró que sólo el 20 por ciento del robo se hace directamente en los ductos y el grueso en las propias instalaciones de Pemex, con el contubernio de altos funcionarios. Entonces, ¿Cómo para qué cerrarlos? ¿Y las gasolineras que lo adquirían? Ya deberían estar clausuradas.

Se culpó a la prensa de propiciar el desabasto, por causar pánico –como si el que la necesita con urgencia fuera invisible- y corrió el rumor de que sólo se afectaba a la Clase Media. ¿Y los transportistas en pequeño? En la Central de Abastos no se aparecen ni las moscas y quienes traen sus mercancías a vender, temen que se les pudra su producto, con grave perjuicio.

Se sigue a la espera de una respuesta oficial contundente. De no darse, entre la desazón social y las pérdidas económicas, sólo se podrá hablar de fracaso por incompetencia y ocurrencia.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


¿El huevo o la gallina? A esta bizantina discusión, para la que sobra debate y dudas, se la pudiera comparar con la tragedia de la gasolina. ¿Hubo una estrategia para el archimentado combate al huachicol, o se trató de una ocurrencia?

Por las consecuencias, que en carne propia viven millones de mexicanos, si en verdad se trazó un plan, o fue de Perogrullo, o no contempló todas las aristas del problema, o el cierre de los ductos les llegó por una inspiración mística.

A saber, en vista de que, ni medio de los funcionarios involucrados da la cara y responde con certeza al objetivo que, de seguir como vamos, se ve difícil que se cumpla.

Sólo un necio rechazaría el que se ponga un alto a un delito, que crecía a velocidad supersónica. El atacarlo era urgente, pero, para acabar con mafias tan poderosas se tenía que haber montado un plan maestro.

El robo del hidrocarburo es un problema mundial y, que se sepa, a nadie se le ha ocurrido dejar a la población sin el fluido. Desde hace años, algunos articulistas comentaban el éxito que se tuvo en Colombia, para abatir este crimen. Tan fácil como el haber consultado a quienes lo pusieron en marcha e implementarlo en esta República.

Los especialistas de aquellas tierras lo hicieron atacando a los ladrones de gasolina, desde varios ángulos. Estaba involucrada la guerrilla, el narco y otras bandas de malosos, a los que despojaron del negociazo. A diferencia de estos lares, no lo hurtaban para comercializarlo sino para la fabricación de cocaína.

Aquí, como el Borras, le dieron vuelta a las llaves. Además de cerrar el grifo, les cerraron la boca a los encargados de la materia. La Secretaria de Energía, Rocío Nahle, hizo unas breves declaraciones con López Dóriga, en las que le pidió disculpas a la sociedad y reconoció errores.

Del director de Pemex, ni sus luces. El Gobernador de Guanajuato –una de las entidades más afectadas-, con muchos pantalones, se le presentó en sus oficinas y logró sacarle algunos balbuceos, que le grabó y difundió. Oropeza se comprometió a enviar más pipas de combustible, aunque la realidad es que, en el Estado, siguen pasando las de Caín.

Se concentró la comunicación en el Presidente López Obrador y sus conferencias mañaneras, palabras que de poco consuelo sirven a quienes pierden horas de su valioso tiempo, en las eternas filas para conseguir unos cuantos litros, en una que otra gasolinera que cuenta con ellos.

Es de cuestionarse lo dicho por Nahle, quien afirmó que se contaba con un programa. De haberlo tenido ya deberían estar tras las rejas los responsables de este latrocinio. AMLO declaró que sólo el 20 por ciento del robo se hace directamente en los ductos y el grueso en las propias instalaciones de Pemex, con el contubernio de altos funcionarios. Entonces, ¿Cómo para qué cerrarlos? ¿Y las gasolineras que lo adquirían? Ya deberían estar clausuradas.

Se culpó a la prensa de propiciar el desabasto, por causar pánico –como si el que la necesita con urgencia fuera invisible- y corrió el rumor de que sólo se afectaba a la Clase Media. ¿Y los transportistas en pequeño? En la Central de Abastos no se aparecen ni las moscas y quienes traen sus mercancías a vender, temen que se les pudra su producto, con grave perjuicio.

Se sigue a la espera de una respuesta oficial contundente. De no darse, entre la desazón social y las pérdidas económicas, sólo se podrá hablar de fracaso por incompetencia y ocurrencia.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq