/ domingo 10 de julio de 2022

Cultura a la mexicana 

No se puede tapar el sol…con un dedo.”

Dice el refrán popular, que ilustra con justicia el impacto que recién nos causó la manifestación escenificada en las principales calles de la ciudad, por parte de los ciudadanos que, de acuerdo con su preferencia y práctica sexual, se distinguen de lo que tradicionalmente la cultura machista considera “normal” en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Fue notorio el entusiasmo con que personas de todas las edades y muchos de sus apoyadores se movilizaron desde temprana hora para congregarse en el punto de encuentro convenido por sus organizadores y al que los convocados se trasladaron alegremente, cada quién por sus propios medios y de acuerdo con sus circunstancias económicas y sociales. No se observó el acostumbrado acarreo siempre evidenciado por la mayoría de las concentraciones políticas de nuestro tiempo ni las expresiones violentas que sin duda ya son una constante entre nosotros. Cierto es que para un sector significativo de la sociedad mexicana los motivos de la marcha son discutibles pues cuestionan los cimientos de una injusta e intolerante cultura patriarcal todavía vigente, pero es indiscutible que la Marcha del Orgullo, en su emisión 44 se desarrolló de manera ejemplar, libremente y sin incidentes de violencia. Fueron denunciados los actos discriminatorios de los que cotidianamente son objeto quienes se atreven a ser distintos, con el consecuente riesgo, siempre latente, por la acción de los sectores intolerantes. Estemos o no de acuerdo, no hay duda de que fue una fiesta multitudinaria que demostró el paulatino abandono de las prácticas homofóbicas por parte de un considerable número de ciudadanos que sin rubor se declara solidario con los reclamos de la comunidad LGTB.

Pero también hay que mencionar que la marcha se verificó en un momento poco propicio y nada recomendable, en medio de una galopante quinta hola de la pandemia del COVID 19 y que querámoslo o no, en algo tuvo que ver con el desmesurado incremento de contagios que se han presentado. Tal parece que ya le perdimos el respeto al bicho que aun nos tenía secuestrados, con eso de que si religiosamente nos han aplicado las vacunas podemos decir “nos hace los mandados” y que con sus raras excepciones sus efectos no son letales, a lo que se le suma la poca o nula difusión que hace el gobierno de las medidas preventivas y ha dejado que la sociedad civil se autorregule principalmente con hacer obligatorio el uso del cubrebocas en nuestra diaria convivencia, que por cierto no hemos escuchado al doctor López Gatell reconocer su gran utilidad en esa bizarra película de horror que él dirigió, no obstante que voces autorizadas con oportunidad lo desmintieron, creo que nos haría bien a todos, pero principalmente a él, que dijera algo al respecto y así evitar que los pocos incautos que aún creen en su probidad y competencia profesional sigan corriendo más riesgos de los estrictamente necesarios.

Por otra parte, seguimos “haciendo agua” con los hechos violentos, el asesinato de otro periodista, Antonio de la Cruz, reportero del periódico Expreso de Ciudad Victoria, Tamaulipas fue acribillado con su pequeña, quien resultó herida por los sicarios que le arrebataron a su padre, triste acontecimiento que se suma a la ejecución de los sacerdotes jesuitas, noticias que han trascendido nuestras fronteras y exhibiendo la estrategia gubernamental de seguridad

“Y…sigue la mata dando.”


napoleonef@hotmail.com

No se puede tapar el sol…con un dedo.”

Dice el refrán popular, que ilustra con justicia el impacto que recién nos causó la manifestación escenificada en las principales calles de la ciudad, por parte de los ciudadanos que, de acuerdo con su preferencia y práctica sexual, se distinguen de lo que tradicionalmente la cultura machista considera “normal” en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Fue notorio el entusiasmo con que personas de todas las edades y muchos de sus apoyadores se movilizaron desde temprana hora para congregarse en el punto de encuentro convenido por sus organizadores y al que los convocados se trasladaron alegremente, cada quién por sus propios medios y de acuerdo con sus circunstancias económicas y sociales. No se observó el acostumbrado acarreo siempre evidenciado por la mayoría de las concentraciones políticas de nuestro tiempo ni las expresiones violentas que sin duda ya son una constante entre nosotros. Cierto es que para un sector significativo de la sociedad mexicana los motivos de la marcha son discutibles pues cuestionan los cimientos de una injusta e intolerante cultura patriarcal todavía vigente, pero es indiscutible que la Marcha del Orgullo, en su emisión 44 se desarrolló de manera ejemplar, libremente y sin incidentes de violencia. Fueron denunciados los actos discriminatorios de los que cotidianamente son objeto quienes se atreven a ser distintos, con el consecuente riesgo, siempre latente, por la acción de los sectores intolerantes. Estemos o no de acuerdo, no hay duda de que fue una fiesta multitudinaria que demostró el paulatino abandono de las prácticas homofóbicas por parte de un considerable número de ciudadanos que sin rubor se declara solidario con los reclamos de la comunidad LGTB.

Pero también hay que mencionar que la marcha se verificó en un momento poco propicio y nada recomendable, en medio de una galopante quinta hola de la pandemia del COVID 19 y que querámoslo o no, en algo tuvo que ver con el desmesurado incremento de contagios que se han presentado. Tal parece que ya le perdimos el respeto al bicho que aun nos tenía secuestrados, con eso de que si religiosamente nos han aplicado las vacunas podemos decir “nos hace los mandados” y que con sus raras excepciones sus efectos no son letales, a lo que se le suma la poca o nula difusión que hace el gobierno de las medidas preventivas y ha dejado que la sociedad civil se autorregule principalmente con hacer obligatorio el uso del cubrebocas en nuestra diaria convivencia, que por cierto no hemos escuchado al doctor López Gatell reconocer su gran utilidad en esa bizarra película de horror que él dirigió, no obstante que voces autorizadas con oportunidad lo desmintieron, creo que nos haría bien a todos, pero principalmente a él, que dijera algo al respecto y así evitar que los pocos incautos que aún creen en su probidad y competencia profesional sigan corriendo más riesgos de los estrictamente necesarios.

Por otra parte, seguimos “haciendo agua” con los hechos violentos, el asesinato de otro periodista, Antonio de la Cruz, reportero del periódico Expreso de Ciudad Victoria, Tamaulipas fue acribillado con su pequeña, quien resultó herida por los sicarios que le arrebataron a su padre, triste acontecimiento que se suma a la ejecución de los sacerdotes jesuitas, noticias que han trascendido nuestras fronteras y exhibiendo la estrategia gubernamental de seguridad

“Y…sigue la mata dando.”


napoleonef@hotmail.com

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