/ miércoles 9 de octubre de 2019

Cumple 29 años la reunificación de Alemania

Para nadie es un secreto que a nivel mundial vivimos tiempos difíciles, en los que se han consolidado liderazgos aislacionistas que se dicen contrarios a esfuerzos de acercamiento entre naciones y bloques, impulsando separaciones y desincentivando esquemas de cooperación, como ocurre con mandatarios como Donald Trump, en Estados Unidos, que por una parte impulsa guerras comerciales, como la que tiene con China, al tiempo que “le habla al oído a la Gran Bretaña” para motivarla a dejar la Unión Europea, en el marco del llamado Brexit.

Frente a situaciones así, resultan casi un llamado a la nostalgia los procesos impulsados entre los años 80’s y 90’s, en los que, con auténticos esfuerzos multinacionales, se fomentaba la unión y cooperación global, como ocurriera con el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), al que entró México en 1986 y que a la postre se convirtió en la actual Organización Mundial del Comercio (OMC). Otro proceso ocurrido prácticamente de forma simultánea fue la transformación de la Comunidad Económica Europea, que, mediante el Tratado de Maastricht, hizo que el bloque, además de económico, fuera político, lo que dio forma a la Unión Europea a principios de los 90’s, siendo tal la base de la creación del euro, como moneda única.

Al tiempo que se daba ese tipo de avances, ocurrió uno de los fenómenos más esperanzadores de la época, la reunificación de lo que entonces eran las dos Alemanias, que se dio el 3 de octubre de 1990, hace 29 años.

Es importante recordar que, hasta ese entonces, productos de los acuerdos derivados de la Segunda Guerra Mundial, Alemania se dividió en dos países, uno, la República Federal de Alemania, de tendencia prooccidental, de libre mercado, básicamente capitalista; otra era la República Democrática de Alemania, que de democrática tenía poco y su tendencia era prosoviética, socialista.

Pero para acabar de entender el concepto de la reunificación de estas dos naciones que en realidad son una sola, es necesario tener el recuerdo de lo implicado en la caída del Muro de Berlín, que ocurrió el 9 de noviembre de 1989, cuando el líder histórico socialista de la República Democrática de Alemania, Erich Honecker, había dejado su cargo y se había exiliado en Rusia, siendo sucedido por Egon Krenz.

El inicio de la caída del muro, se dio cuando se abrió la frontera entre Austria y Hungría, algo que hizo que los ciudadanos de la República Democrática de Alemania se fueran masivamente a territorio húngaro, a donde sí podían viajar legalmente, con el fin de huir hacia Austria, algo que derivó en grandes manifestaciones en Alexanderplatz, zona favorita en Berlín para protestas populares hasta la fecha, por las que Egon Krenz, debió autorizar la salida de ciudadanos hacia occidente, por lo que fueron miles de personas las que se agruparon en los puntos de cruce, cuya presión llevó a que el Muro de Berlín comenzara a ser destruido por la muchedumbre.

Después de que el Muro de Berlín dejara de cumplir su función inicial que era dividir simbólica y físicamente a las dos Alemanias, el canciller de la República Federal de Alemania, Helmut Kohl, quien fue mentor de la actual canciller, Angela Merkel, comenzó a hacer un cabildeo nacional e internacional, con el fin de impulsar la reunificación de Alemania, algo que consiguió llevar a cabo el 3 de octubre de 1990.

Es de recordar la intervención en el proceso, más allá del propio Kohl que fue líder indiscutible, de personajes como el papa Juan Pablo II, cuya labor fue vital para la caída de la llamada Cortina de Hierro de la Europa Oriental prosoviética. Tuvieron también una participación decisiva el entonces presidente de Francia, Francois Mitterrand y los presidentes 40 y 41 de Estados Unidos, Ronald Reagan y George Bush, quienes con una cercana relación con el que fue último líder de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachov, facilitaron el proceso.

Hoy, en tiempos de aislacionismo, es útil recordar los procesos de unificación que han sido posibles, que nos hacen mejores como seres humanos.

FB: YolandaDeLaTorreV

Tw: @Yoladelatorre

Para nadie es un secreto que a nivel mundial vivimos tiempos difíciles, en los que se han consolidado liderazgos aislacionistas que se dicen contrarios a esfuerzos de acercamiento entre naciones y bloques, impulsando separaciones y desincentivando esquemas de cooperación, como ocurre con mandatarios como Donald Trump, en Estados Unidos, que por una parte impulsa guerras comerciales, como la que tiene con China, al tiempo que “le habla al oído a la Gran Bretaña” para motivarla a dejar la Unión Europea, en el marco del llamado Brexit.

Frente a situaciones así, resultan casi un llamado a la nostalgia los procesos impulsados entre los años 80’s y 90’s, en los que, con auténticos esfuerzos multinacionales, se fomentaba la unión y cooperación global, como ocurriera con el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), al que entró México en 1986 y que a la postre se convirtió en la actual Organización Mundial del Comercio (OMC). Otro proceso ocurrido prácticamente de forma simultánea fue la transformación de la Comunidad Económica Europea, que, mediante el Tratado de Maastricht, hizo que el bloque, además de económico, fuera político, lo que dio forma a la Unión Europea a principios de los 90’s, siendo tal la base de la creación del euro, como moneda única.

Al tiempo que se daba ese tipo de avances, ocurrió uno de los fenómenos más esperanzadores de la época, la reunificación de lo que entonces eran las dos Alemanias, que se dio el 3 de octubre de 1990, hace 29 años.

Es importante recordar que, hasta ese entonces, productos de los acuerdos derivados de la Segunda Guerra Mundial, Alemania se dividió en dos países, uno, la República Federal de Alemania, de tendencia prooccidental, de libre mercado, básicamente capitalista; otra era la República Democrática de Alemania, que de democrática tenía poco y su tendencia era prosoviética, socialista.

Pero para acabar de entender el concepto de la reunificación de estas dos naciones que en realidad son una sola, es necesario tener el recuerdo de lo implicado en la caída del Muro de Berlín, que ocurrió el 9 de noviembre de 1989, cuando el líder histórico socialista de la República Democrática de Alemania, Erich Honecker, había dejado su cargo y se había exiliado en Rusia, siendo sucedido por Egon Krenz.

El inicio de la caída del muro, se dio cuando se abrió la frontera entre Austria y Hungría, algo que hizo que los ciudadanos de la República Democrática de Alemania se fueran masivamente a territorio húngaro, a donde sí podían viajar legalmente, con el fin de huir hacia Austria, algo que derivó en grandes manifestaciones en Alexanderplatz, zona favorita en Berlín para protestas populares hasta la fecha, por las que Egon Krenz, debió autorizar la salida de ciudadanos hacia occidente, por lo que fueron miles de personas las que se agruparon en los puntos de cruce, cuya presión llevó a que el Muro de Berlín comenzara a ser destruido por la muchedumbre.

Después de que el Muro de Berlín dejara de cumplir su función inicial que era dividir simbólica y físicamente a las dos Alemanias, el canciller de la República Federal de Alemania, Helmut Kohl, quien fue mentor de la actual canciller, Angela Merkel, comenzó a hacer un cabildeo nacional e internacional, con el fin de impulsar la reunificación de Alemania, algo que consiguió llevar a cabo el 3 de octubre de 1990.

Es de recordar la intervención en el proceso, más allá del propio Kohl que fue líder indiscutible, de personajes como el papa Juan Pablo II, cuya labor fue vital para la caída de la llamada Cortina de Hierro de la Europa Oriental prosoviética. Tuvieron también una participación decisiva el entonces presidente de Francia, Francois Mitterrand y los presidentes 40 y 41 de Estados Unidos, Ronald Reagan y George Bush, quienes con una cercana relación con el que fue último líder de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachov, facilitaron el proceso.

Hoy, en tiempos de aislacionismo, es útil recordar los procesos de unificación que han sido posibles, que nos hacen mejores como seres humanos.

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