/ viernes 15 de febrero de 2019

Descrédito del régimen de Maduro

Bajo una interpretación un tanto apretada de los artículos 233 y 350 de la Constitución Bolivariana promulgada por el presidente Hugo Chávez, donde se prescribe que ante “la falta absoluta del Presidente electo o la Presidenta electa se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”, y teniendo en cuenta que ésta es ya la única autoridad democráticamente electa y legitimada, se designó como presidente interino al hasta entonces desconocido ingeniero industrial de 35 años Juan Guiadó.

La atípica situación resulta explicable por el hecho de que la mayoría de los líderes opositores conocidos han sido reprimidos con singular severidad por la dictadura de Maduro, quien para poder sostenerse ha recurrido a una represión cada vez más acentuada, ante la brutal crisis económica que ya se convirtió en humanitaria, en virtud de haber logrado la “milagrosa hazaña”, sin precedentes históricos, de convertir a una de las naciones más ricas y con mayor potencial de América Latina en un país famélico, empobrecido al extremo y con desmesuradas carencias.

Ante la imposibilidad de recurrir a líderes reconocidos, ya que hoy se encuentran presos, exiliados, en reclusión domiciliaria, sujetos a manipulados juicios o fueron impedidos para elegirse como miembros de la Asamblea Nacional, se tuvo que elegir a un cercano seguidor del reprimido líder Leopoldo López, un joven valiente dispuesto a jugarse el pellejo propio y el de su familia contra una dictadura que mostraba cada vez menos escrúpulos para reprimir.

Pero ha sucedido algo inesperado, Maduro ha decidido contenerse y no actuar como era previsible al utilizar su aún vigente pleno control sobre el Poder Judicial que, en esta excepcional ocasión, con algún fundamento jurídico, podría encarcelar a quien se ostenta como nuevo Presidente y pretende desconocer al dictador como tal. Uno esperaría que se hiciera efectivo el mensaje que le envío la ministra de Asuntos Penitenciarios vía Twitter a Guaidó: “te acomodé la celda, con su respectivo uniforme, espero a que nombres a tu gabinete para saber quiénes son los que te van a acompañar".

Pero algo sustancial estaba cambiando: no sólo el pueblo venezolano está cada vez más harto de las privaciones y la escasez de todo, sino que junto con buena parte de la comunidad internacional se volcaron mostrando su humanitario apoyo a la oposición de la dictadura. Ante este generalizado y fortalecido panorama opositor Nicolás Maduro se vio obligado a un radical cambio de estrategia y se mostró por fin inhibido para continuar con su escalada represiva.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

Bajo una interpretación un tanto apretada de los artículos 233 y 350 de la Constitución Bolivariana promulgada por el presidente Hugo Chávez, donde se prescribe que ante “la falta absoluta del Presidente electo o la Presidenta electa se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”, y teniendo en cuenta que ésta es ya la única autoridad democráticamente electa y legitimada, se designó como presidente interino al hasta entonces desconocido ingeniero industrial de 35 años Juan Guiadó.

La atípica situación resulta explicable por el hecho de que la mayoría de los líderes opositores conocidos han sido reprimidos con singular severidad por la dictadura de Maduro, quien para poder sostenerse ha recurrido a una represión cada vez más acentuada, ante la brutal crisis económica que ya se convirtió en humanitaria, en virtud de haber logrado la “milagrosa hazaña”, sin precedentes históricos, de convertir a una de las naciones más ricas y con mayor potencial de América Latina en un país famélico, empobrecido al extremo y con desmesuradas carencias.

Ante la imposibilidad de recurrir a líderes reconocidos, ya que hoy se encuentran presos, exiliados, en reclusión domiciliaria, sujetos a manipulados juicios o fueron impedidos para elegirse como miembros de la Asamblea Nacional, se tuvo que elegir a un cercano seguidor del reprimido líder Leopoldo López, un joven valiente dispuesto a jugarse el pellejo propio y el de su familia contra una dictadura que mostraba cada vez menos escrúpulos para reprimir.

Pero ha sucedido algo inesperado, Maduro ha decidido contenerse y no actuar como era previsible al utilizar su aún vigente pleno control sobre el Poder Judicial que, en esta excepcional ocasión, con algún fundamento jurídico, podría encarcelar a quien se ostenta como nuevo Presidente y pretende desconocer al dictador como tal. Uno esperaría que se hiciera efectivo el mensaje que le envío la ministra de Asuntos Penitenciarios vía Twitter a Guaidó: “te acomodé la celda, con su respectivo uniforme, espero a que nombres a tu gabinete para saber quiénes son los que te van a acompañar".

Pero algo sustancial estaba cambiando: no sólo el pueblo venezolano está cada vez más harto de las privaciones y la escasez de todo, sino que junto con buena parte de la comunidad internacional se volcaron mostrando su humanitario apoyo a la oposición de la dictadura. Ante este generalizado y fortalecido panorama opositor Nicolás Maduro se vio obligado a un radical cambio de estrategia y se mostró por fin inhibido para continuar con su escalada represiva.

amartinezv@derecho.unam.mx

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