/ sábado 6 de enero de 2018

Deseos de Año Nuevo

Comienza el 2018 y con el Año Nuevo muchos nuevos propósitos que todos nos hacemos. Pensamos que podemos ser mejores que el año anterior 2017 que ya se fue. Los doce meses que transcurrieron con nuestros viejos propósitos se han esfumado y muchos de ellos quizá fueron incumplidos. Y hacemos un corte de caja y nos volvemos a decir que, ahora sí, en 2018 vamos a cumplir todo lo que nos propongamos y que nuestros propósitos y resoluciones para ser mejores no pasarán en vano. Hacemos una lista muy elegante, organizamos una cena con nuestra familia el 31 de diciembre y seguimos una serie de rituales para tener más suerte. Pero no es una cuestión de suerte. Por tanto, quiero proponer tres adjetivos para nuestros propósitos de 2018:

1.- Propósitos que sean presentes. Esto quiere decir que nuestros objetivos deben poder cumplirse ahora; deben ser realistas. No son para cumplirse más tarde, o cuando logremos tal o cual cosa. No. Nuestras resoluciones de Año Nuevo deben llevarse a cabo a diario, y de tal manera que cada mañana, cuando nos levantemos y antes de siquiera tomar el primer café seamos capaces de hacer un recuento de todo aquello que nos propusimos y encontrar la forma de llevarlo a cabo en ese día específicamente. Poner metas irreales no no nos hace bien (por ejemplo, decir que vamos a correr tres maratones en 2018 cuando nunca hemos corrido en la vida, quizá sea demasiado; pero decir que habremos de correr 5 kilómetros al cabo de 5 meses es más alcanzable y por ende estaremos más entusiasmados para llegar a dicho objetivo).

2.- Propósitos particulares: Otra manera de llamarle a esto es que sean propósitos concretos. Pensar en cosas abstractas no sirve de nada. Por ejemplo, proponer llevar un estilo de vida saludable no es específico. Debemos pensar en metas concretas (por ejemplo, no tomar refrescos o no comer postres excepto por los fines de semana, o bien, ir al gimnasio tres veces a la semana por al menos 45 minutos en cada ocasión). De esta manera seremos más capaces de que nuestros propósitos lleguen a ser realistas y se cumplan.

3.- Propósitos eficaces: Es decir, que sean medibles y que sirvan a la meta anterior a través de indicadores concretos. Siguiendo el ejemplo del punto segundo, se trata de decir que iremos tres veces a la semana al gimnasio y dejaremos de comer postres para bajar 10 kilos de peso durante los próximos 6 meses. Cuando nuestros propósitos pueden medirse y tenemos algunos “indicadores de resultados” sobre si alcanzamos o no la meta, es más fácil motivarnos para llegar a ella. Veamos el ejemplo anterior: tener un estilo de vida saludable no es medible, pero bajar 10 kilos de peso durante un tiempo específico mediante herramientas concretas es mucho mejor.

Los propósitos, valga la redundancia, tienen un propósito: ayudarnos a ser mejores personas. Pero tenemos que ser inteligentes para conseguirlos. Esta breve técnica de tener propósitos y metas presentes (realistas), particulares (concretas) y eficaces (medibles) son una forma de alcanzarlos más fácilmente.

Ahora bien, si esto se aplica en nuestra vida privada y personal, no veo porqué razón no podrían también aplicarse a la vida social, comunitaria, política, etc. Finalmente, los gobiernos y las sociedades también están formadas por personas y los mecanismos a los cuales reaccionamos son los mismos.

@fedeling

Comienza el 2018 y con el Año Nuevo muchos nuevos propósitos que todos nos hacemos. Pensamos que podemos ser mejores que el año anterior 2017 que ya se fue. Los doce meses que transcurrieron con nuestros viejos propósitos se han esfumado y muchos de ellos quizá fueron incumplidos. Y hacemos un corte de caja y nos volvemos a decir que, ahora sí, en 2018 vamos a cumplir todo lo que nos propongamos y que nuestros propósitos y resoluciones para ser mejores no pasarán en vano. Hacemos una lista muy elegante, organizamos una cena con nuestra familia el 31 de diciembre y seguimos una serie de rituales para tener más suerte. Pero no es una cuestión de suerte. Por tanto, quiero proponer tres adjetivos para nuestros propósitos de 2018:

1.- Propósitos que sean presentes. Esto quiere decir que nuestros objetivos deben poder cumplirse ahora; deben ser realistas. No son para cumplirse más tarde, o cuando logremos tal o cual cosa. No. Nuestras resoluciones de Año Nuevo deben llevarse a cabo a diario, y de tal manera que cada mañana, cuando nos levantemos y antes de siquiera tomar el primer café seamos capaces de hacer un recuento de todo aquello que nos propusimos y encontrar la forma de llevarlo a cabo en ese día específicamente. Poner metas irreales no no nos hace bien (por ejemplo, decir que vamos a correr tres maratones en 2018 cuando nunca hemos corrido en la vida, quizá sea demasiado; pero decir que habremos de correr 5 kilómetros al cabo de 5 meses es más alcanzable y por ende estaremos más entusiasmados para llegar a dicho objetivo).

2.- Propósitos particulares: Otra manera de llamarle a esto es que sean propósitos concretos. Pensar en cosas abstractas no sirve de nada. Por ejemplo, proponer llevar un estilo de vida saludable no es específico. Debemos pensar en metas concretas (por ejemplo, no tomar refrescos o no comer postres excepto por los fines de semana, o bien, ir al gimnasio tres veces a la semana por al menos 45 minutos en cada ocasión). De esta manera seremos más capaces de que nuestros propósitos lleguen a ser realistas y se cumplan.

3.- Propósitos eficaces: Es decir, que sean medibles y que sirvan a la meta anterior a través de indicadores concretos. Siguiendo el ejemplo del punto segundo, se trata de decir que iremos tres veces a la semana al gimnasio y dejaremos de comer postres para bajar 10 kilos de peso durante los próximos 6 meses. Cuando nuestros propósitos pueden medirse y tenemos algunos “indicadores de resultados” sobre si alcanzamos o no la meta, es más fácil motivarnos para llegar a ella. Veamos el ejemplo anterior: tener un estilo de vida saludable no es medible, pero bajar 10 kilos de peso durante un tiempo específico mediante herramientas concretas es mucho mejor.

Los propósitos, valga la redundancia, tienen un propósito: ayudarnos a ser mejores personas. Pero tenemos que ser inteligentes para conseguirlos. Esta breve técnica de tener propósitos y metas presentes (realistas), particulares (concretas) y eficaces (medibles) son una forma de alcanzarlos más fácilmente.

Ahora bien, si esto se aplica en nuestra vida privada y personal, no veo porqué razón no podrían también aplicarse a la vida social, comunitaria, política, etc. Finalmente, los gobiernos y las sociedades también están formadas por personas y los mecanismos a los cuales reaccionamos son los mismos.

@fedeling

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