/ viernes 21 de junio de 2019

Desgobierno en la CdMx

Hace poco más de dos meses, en este espacio abordé el tema del desbordamiento de la inseguridad en todo el país; destacaba, asimismo que, coincidentemente, varias de las entidades gobernadas por MORENA concentran los índices más altos de esa problemática. Tal es el caso de Veracruz, Morelos, Tabasco y la Ciudad de México.

Al menos en el tema de la seguridad, las amplias expectativas que en sus inicios generó la llamada “Cuarta Transformación” empiezan a diluirse, pues aquella se ubica -con justa razón- dentro de las tres primeras preocupaciones de los mexicanos. La demanda sigue siendo la misma: queremos vivir seguros.

Apenas el pasado mes de marzo de este 2019, la “Encuesta de Riesgos” que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), reveló que, en el corto plazo, la delincuencia y la violencia constituyen una de nuestras principales inquietudes y que sólo en nuestro país este problema preocupa por igual a hombres que a mujeres.

En esta ocasión, quiero abordar el caso de la CDMX, que pese a la resistencia de las autoridades por asumir que la inseguridad y la violencia las han rebasado, es evidente el desgobierno -la ausencia de gobierno- que prevalece a seis meses de tomar las riendas de la capital. Pero como lo decía líneas arriba, la misma situación ocurre en otras entidades bajo el mando del partido en el poder, con la única diferencia de que, hasta que no ocurren hechos dramáticos, de gran impacto mediático y que terminan por indignar a la sociedad, es que la autoridad intenta romper la parálisis en que se encuentra.

Una y otra vez, la Jefa de Gobierno de la CDMX insiste en negar aquello que los capitalinos padecemos cotidianamente: una espiral de violencia e inseguridad que lo mismo se expresa en la desaparición de niñas, niños y jovencitas; robo a casa habitación, asaltos en el transporte público y a transeúntes, secuestro, cobro de piso, extorsión, narcomenudeo, homicidios, ejecuciones, robo a negocio y, particularmente, una expansión desorbitante de actividades delictivas a cargo del crimen organizado.

Ha pasado medio año desde que la Jefa de Gobierno asumió el poder aquí en la CDMX y no vemos resultados. Después de seis meses es imposible seguir culpando a sus antecesores. A estas alturas lo mínimo que deberíamos tener es una estrategia sólida y bien articulada para hacer frente a la inseguridad, que le devuelva la confianza a los ciudadanos.

Esta semana hubo algunos ajustes en áreas clave y se anunció la creación de nuevos cuerpos policiacos; dichos cambios no sólo representan una señal de la inoperancia de la “estrategia” que se venía implementando, sino también dan cuenta del fracaso en la responsabilidad y compromiso de brindar seguridad a los habitantes de esta ciudad.

De acuerdo con el seguimiento que realiza el “Semáforo Delictivo”, en rubros como: secuestro, extorsión, narcomenudeo, robo de vehículo, robo a casa, robo a negocio, violación y violencia intrafamiliar, las tasas de incidencia en la CDMX se ubicaron por encima de la media nacional, esto al cierre del primer trimestre del presente año.

Sabemos que a este gobierno le incomodan -y, por lo tanto, descalifican- las cifras que no les favorecen, pero la fuente anterior no es la única. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en su seguimiento de la “Incidencia Delictiva” -esto es, la presunta ocurrencia de delitos registrados en averiguaciones previas iniciadas o carpetas de investigación- nos revela dos datos que, inexplicablemente, no se les ha dado la debida importancia:

En abril de este año, la Ciudad de México registró una incidencia de 20,035 presuntos delitos, esto nos llevó a ocupar el segundo lugar a nivel nacional y sólo fuimos superados por el Estado de México, con 25,672 incidencias.

Pero esto no termina aquí, en el acumulado del periodo enero-abril, la CDMX registró 82,175 presuntos delitos, nuevamente nos colocamos en el segundo sitio nacional, pues el Edomex tuvo 100,417 incidencias.

Ante este dramático panorama, es evidente que el éxito de la actual gestión de la Jefa de Gobierno, en gran medida va a depender de la capacidad y eficacia para reducir sustancialmente los niveles de violencia e inseguridad. Esto implicará acabar con las bandas y células criminales que no sólo se disputan el control de la ciudad, sino que también mantienen a sus habitantes en una incertidumbre total.

En su primer discurso ya como Jefa de Gobierno -diciembre de 2018-, desde la tribuna del Congreso de la CDMX, Claudia Sheinbaum manifestó que con disciplina, buen mando e incentivos, la Policía es capaz de controlar la inseguridad de la ciudad y que “podemos retornar al camino de la seguridad en la ciudad en el corto plazo".

Han pasado seis meses desde que asumieron el gobierno, esto es precisamente el llamado “corto plazo”. Los resultados brillan por su ausencia y la rendición de cuentas a la sociedad, también.


Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

Hace poco más de dos meses, en este espacio abordé el tema del desbordamiento de la inseguridad en todo el país; destacaba, asimismo que, coincidentemente, varias de las entidades gobernadas por MORENA concentran los índices más altos de esa problemática. Tal es el caso de Veracruz, Morelos, Tabasco y la Ciudad de México.

Al menos en el tema de la seguridad, las amplias expectativas que en sus inicios generó la llamada “Cuarta Transformación” empiezan a diluirse, pues aquella se ubica -con justa razón- dentro de las tres primeras preocupaciones de los mexicanos. La demanda sigue siendo la misma: queremos vivir seguros.

Apenas el pasado mes de marzo de este 2019, la “Encuesta de Riesgos” que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), reveló que, en el corto plazo, la delincuencia y la violencia constituyen una de nuestras principales inquietudes y que sólo en nuestro país este problema preocupa por igual a hombres que a mujeres.

En esta ocasión, quiero abordar el caso de la CDMX, que pese a la resistencia de las autoridades por asumir que la inseguridad y la violencia las han rebasado, es evidente el desgobierno -la ausencia de gobierno- que prevalece a seis meses de tomar las riendas de la capital. Pero como lo decía líneas arriba, la misma situación ocurre en otras entidades bajo el mando del partido en el poder, con la única diferencia de que, hasta que no ocurren hechos dramáticos, de gran impacto mediático y que terminan por indignar a la sociedad, es que la autoridad intenta romper la parálisis en que se encuentra.

Una y otra vez, la Jefa de Gobierno de la CDMX insiste en negar aquello que los capitalinos padecemos cotidianamente: una espiral de violencia e inseguridad que lo mismo se expresa en la desaparición de niñas, niños y jovencitas; robo a casa habitación, asaltos en el transporte público y a transeúntes, secuestro, cobro de piso, extorsión, narcomenudeo, homicidios, ejecuciones, robo a negocio y, particularmente, una expansión desorbitante de actividades delictivas a cargo del crimen organizado.

Ha pasado medio año desde que la Jefa de Gobierno asumió el poder aquí en la CDMX y no vemos resultados. Después de seis meses es imposible seguir culpando a sus antecesores. A estas alturas lo mínimo que deberíamos tener es una estrategia sólida y bien articulada para hacer frente a la inseguridad, que le devuelva la confianza a los ciudadanos.

Esta semana hubo algunos ajustes en áreas clave y se anunció la creación de nuevos cuerpos policiacos; dichos cambios no sólo representan una señal de la inoperancia de la “estrategia” que se venía implementando, sino también dan cuenta del fracaso en la responsabilidad y compromiso de brindar seguridad a los habitantes de esta ciudad.

De acuerdo con el seguimiento que realiza el “Semáforo Delictivo”, en rubros como: secuestro, extorsión, narcomenudeo, robo de vehículo, robo a casa, robo a negocio, violación y violencia intrafamiliar, las tasas de incidencia en la CDMX se ubicaron por encima de la media nacional, esto al cierre del primer trimestre del presente año.

Sabemos que a este gobierno le incomodan -y, por lo tanto, descalifican- las cifras que no les favorecen, pero la fuente anterior no es la única. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en su seguimiento de la “Incidencia Delictiva” -esto es, la presunta ocurrencia de delitos registrados en averiguaciones previas iniciadas o carpetas de investigación- nos revela dos datos que, inexplicablemente, no se les ha dado la debida importancia:

En abril de este año, la Ciudad de México registró una incidencia de 20,035 presuntos delitos, esto nos llevó a ocupar el segundo lugar a nivel nacional y sólo fuimos superados por el Estado de México, con 25,672 incidencias.

Pero esto no termina aquí, en el acumulado del periodo enero-abril, la CDMX registró 82,175 presuntos delitos, nuevamente nos colocamos en el segundo sitio nacional, pues el Edomex tuvo 100,417 incidencias.

Ante este dramático panorama, es evidente que el éxito de la actual gestión de la Jefa de Gobierno, en gran medida va a depender de la capacidad y eficacia para reducir sustancialmente los niveles de violencia e inseguridad. Esto implicará acabar con las bandas y células criminales que no sólo se disputan el control de la ciudad, sino que también mantienen a sus habitantes en una incertidumbre total.

En su primer discurso ya como Jefa de Gobierno -diciembre de 2018-, desde la tribuna del Congreso de la CDMX, Claudia Sheinbaum manifestó que con disciplina, buen mando e incentivos, la Policía es capaz de controlar la inseguridad de la ciudad y que “podemos retornar al camino de la seguridad en la ciudad en el corto plazo".

Han pasado seis meses desde que asumieron el gobierno, esto es precisamente el llamado “corto plazo”. Los resultados brillan por su ausencia y la rendición de cuentas a la sociedad, también.


Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

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