/ jueves 12 de julio de 2018

Después del torbellino electoral

VER

Ha pasado el torbellino electoral que todo lo mueve, lo toca, lo involucra, lo modifica, lo afecta. Ahora estamos con la expectativa de los acomodos que estos cambios han de traer, con la duda de si se pondrán en práctica las promesas de la campaña previa. Una cosa es hablar y prometer, y otra pasar a la realidad. El tono de una campaña es muy diferente al tiempo de estar al frente de una responsabilidad de gobierno, pues un candidato puede decir, criticar y ofrecer; un gobernante, en cambio, debe tomar en cuenta leyes, instituciones, historias, ambientes, contextos internos y externos, y sobre todo a las personas. No puede mover todo y a todos a su antojo, pues no todo se puede.

Conozco a un gran sacerdote religioso que hablaba, criticaba, proponía y exigía muchos cambios dentro y fuera de su congregación; cuando lo nombraron superior general, el cargo lo hizo más sereno, prudente, sensato, respetuoso de las personas y de sus procesos. Estar al frente de una responsabilidad, nos debe hacer más maduros y realistas.

En la visita pastoral en un municipio de Chiapas, un presidente municipal me decía que, cuando era candidato, criticaba a los de otro partido que estaban en el cargo, porque sostenía que eran ladrones, que se quedaban con el dinero del pueblo, que eran unos incompetentes, y que él cambiaría todo. Cuando fue elegido y empezó a gobernar, cayó en la cuenta de que el dinero disponible no alcanzaba para tantas necesidades que había. Esto lo hizo más realista, más humilde y más respetuoso de los demás.

PENSAR

El Papa Francisco, dijo a los participantes en un encuentro de católicos con responsabilidades políticas, promovido por el CELAM en Bogotá:

“Los pontífices siempre se han referido a la política como «alta forma de la caridad». Podría traducirse también como servicio inestimable de entrega para la consecución del bien común de la sociedad. La política es ante todo servicio; no es sierva de ambiciones individuales, de prepotencia de facciones o de centros de intereses. Como servicio, no es tampoco patrona, que pretende regir todas las dimensiones de la vida de las personas, incluso recayendo en formas de autocracia y totalitarismo. Y cuando hablo de autocracia y totalitarismo no estoy hablando del siglo pasado; estoy hablando de hoy, en el mundo de hoy, y quizás también de algún país de América Latina. Se podría afirmar que el servicio de Jesús —que vino a servir y no a ser servido— y el servicio que el Señor exige de sus apóstoles y discípulos es analógicamente el tipo de servicio que se pide a los políticos. Es un servicio de sacrificio y entrega, al punto tal que a veces se puede considerar a los políticos como “mártires” de causas para el bien común de sus naciones.

Es claro que no hay que oponer servicio a poder —¡nadie quiere un poder impotente!—, pero el poder tiene que estar ordenado al servicio para no degenerarse. O sea, todo poder que no esté ordenado al servicio, se degenera. Por supuesto que me estoy refiriendo a la «buena política», en su más noble acepción de significado, y no a las degeneraciones de lo que llamamos «politiquería» (I-XII-2017).

ACTUAR

No nos quedemos en la orilla de la historia, sólo contemplando y criticando. ¿Qué podemos hacer para que la gestión de nuestras autoridades ejecutivas y legislativas, actuales y futuras, sirva efectivamente al bien común? Tu palabra cuenta. Tu opinión, que puedes hacerles llegar por algún medio, es importante. Tú eres parte de esta patria, de tu Estado, de tu municipio. Ora y colabora.



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Ha pasado el torbellino electoral que todo lo mueve, lo toca, lo involucra, lo modifica, lo afecta. Ahora estamos con la expectativa de los acomodos que estos cambios han de traer, con la duda de si se pondrán en práctica las promesas de la campaña previa. Una cosa es hablar y prometer, y otra pasar a la realidad. El tono de una campaña es muy diferente al tiempo de estar al frente de una responsabilidad de gobierno, pues un candidato puede decir, criticar y ofrecer; un gobernante, en cambio, debe tomar en cuenta leyes, instituciones, historias, ambientes, contextos internos y externos, y sobre todo a las personas. No puede mover todo y a todos a su antojo, pues no todo se puede.

Conozco a un gran sacerdote religioso que hablaba, criticaba, proponía y exigía muchos cambios dentro y fuera de su congregación; cuando lo nombraron superior general, el cargo lo hizo más sereno, prudente, sensato, respetuoso de las personas y de sus procesos. Estar al frente de una responsabilidad, nos debe hacer más maduros y realistas.

En la visita pastoral en un municipio de Chiapas, un presidente municipal me decía que, cuando era candidato, criticaba a los de otro partido que estaban en el cargo, porque sostenía que eran ladrones, que se quedaban con el dinero del pueblo, que eran unos incompetentes, y que él cambiaría todo. Cuando fue elegido y empezó a gobernar, cayó en la cuenta de que el dinero disponible no alcanzaba para tantas necesidades que había. Esto lo hizo más realista, más humilde y más respetuoso de los demás.

PENSAR

El Papa Francisco, dijo a los participantes en un encuentro de católicos con responsabilidades políticas, promovido por el CELAM en Bogotá:

“Los pontífices siempre se han referido a la política como «alta forma de la caridad». Podría traducirse también como servicio inestimable de entrega para la consecución del bien común de la sociedad. La política es ante todo servicio; no es sierva de ambiciones individuales, de prepotencia de facciones o de centros de intereses. Como servicio, no es tampoco patrona, que pretende regir todas las dimensiones de la vida de las personas, incluso recayendo en formas de autocracia y totalitarismo. Y cuando hablo de autocracia y totalitarismo no estoy hablando del siglo pasado; estoy hablando de hoy, en el mundo de hoy, y quizás también de algún país de América Latina. Se podría afirmar que el servicio de Jesús —que vino a servir y no a ser servido— y el servicio que el Señor exige de sus apóstoles y discípulos es analógicamente el tipo de servicio que se pide a los políticos. Es un servicio de sacrificio y entrega, al punto tal que a veces se puede considerar a los políticos como “mártires” de causas para el bien común de sus naciones.

Es claro que no hay que oponer servicio a poder —¡nadie quiere un poder impotente!—, pero el poder tiene que estar ordenado al servicio para no degenerarse. O sea, todo poder que no esté ordenado al servicio, se degenera. Por supuesto que me estoy refiriendo a la «buena política», en su más noble acepción de significado, y no a las degeneraciones de lo que llamamos «politiquería» (I-XII-2017).

ACTUAR

No nos quedemos en la orilla de la historia, sólo contemplando y criticando. ¿Qué podemos hacer para que la gestión de nuestras autoridades ejecutivas y legislativas, actuales y futuras, sirva efectivamente al bien común? Tu palabra cuenta. Tu opinión, que puedes hacerles llegar por algún medio, es importante. Tú eres parte de esta patria, de tu Estado, de tu municipio. Ora y colabora.



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