/ jueves 13 de junio de 2019

Donald y el descuento por el delirio

Los acontecimientos de las últimas semanas acabaron con la credibilidad que todavía podía quedarle a Donald Trump en cuanto a sus políticas económicas. Y los inversionistas están celebrando.

A estas alturas, la evidencia de que los tuits de Trump son mucho ruido y pocas nueces es, en efecto, una buena noticia.

Revisemos lo que pasó. Primero, tras hacer todo lo posible para celebrar un nuevo acuerdo comercial con México y Canadá —un acuerdo que era muy similar al existente, pero al que Trump podía ponerle su nombre— básicamente dinamitó su postura, amenazando con imponer nuevos aranceles salvo que México hiciera algo sobre cuestiones fronterizas que no tenían nada que ver con el comercio.

Obviamente, esto debilita, si no es que destruye, la capacidad de Trump de negociar acuerdos futuros, ya sea sobre comercio o cualquier otra materia.

Después de todo, ¿qué caso tiene celebrar acuerdos con un gobierno que reniega de sus promesas siempre que se le da la gana?

Pero entonces, apenas una semana después, Trump canceló todo a cambio de que México declarara que tomaría medidas… que había acordado hacer meses antes.

No sabemos exactamente qué causó que Donald Trump reculara, pero una buena conjetura es que las advertencias de los fabricantes estadounidenses —horrorizados ante la posibilidad de que el berrinche de Trump por los aranceles afectara sus cadenas de suministro— por fin llegaron al Despacho Oval, o al campo de golf, o doquiera que estuviera el presidente cuando por fin llegaron a sus oídos.

Pero, como dije, los mercados parecen estar celebrando: mientras escribo esto, los mercados bursátiles están al alza, mientras que las tasas de interés a largo plazo —un mejor barómetro de las opiniones de los inversionistas sobre las perspectivas económicas— ya no están en sus niveles bajos recientes. ¿Qué está pasando?

La respuesta, yo sugeriría, es que los mercados financieros en esencia están descontando las diatribas de Trump; han dejado de tratar las pruebas de su ineptitud para el cargo como noticia.

Sí, la comprensión en materia de políticas de Trump es nula. Sí, sus tuits molestos nos recuerdan todo el tiempo su egomanía e inseguridad, pero ya hace tiempo que lo sabíamos, la personalidad de Trump ya está más que sopesada.

Más bien, lo que los inversionistas quieren saber es hasta qué grado las fallas de su carácter darán como resultado políticas económicas destructivas.

En términos jurídicos, Donald Trump enfrenta considerablemente pocas limitantes: la ley estadounidense en materia de comercio le otorga al presidente una enorme discrecionalidad para imponer aranceles según su voluntad, y dado que tenemos un Senado débil, hay muchas otras cosas que puede hacer en nombre de la seguridad nacional.

Sin embargo, a partir de ahora, los mercados parecen estar apostando a que sus tuits hablan mucho, pero hacen poco.

¿Esa es una buena apuesta? Tengo mis reservas.

Los acontecimientos de las últimas semanas acabaron con la credibilidad que todavía podía quedarle a Donald Trump en cuanto a sus políticas económicas. Y los inversionistas están celebrando.

A estas alturas, la evidencia de que los tuits de Trump son mucho ruido y pocas nueces es, en efecto, una buena noticia.

Revisemos lo que pasó. Primero, tras hacer todo lo posible para celebrar un nuevo acuerdo comercial con México y Canadá —un acuerdo que era muy similar al existente, pero al que Trump podía ponerle su nombre— básicamente dinamitó su postura, amenazando con imponer nuevos aranceles salvo que México hiciera algo sobre cuestiones fronterizas que no tenían nada que ver con el comercio.

Obviamente, esto debilita, si no es que destruye, la capacidad de Trump de negociar acuerdos futuros, ya sea sobre comercio o cualquier otra materia.

Después de todo, ¿qué caso tiene celebrar acuerdos con un gobierno que reniega de sus promesas siempre que se le da la gana?

Pero entonces, apenas una semana después, Trump canceló todo a cambio de que México declarara que tomaría medidas… que había acordado hacer meses antes.

No sabemos exactamente qué causó que Donald Trump reculara, pero una buena conjetura es que las advertencias de los fabricantes estadounidenses —horrorizados ante la posibilidad de que el berrinche de Trump por los aranceles afectara sus cadenas de suministro— por fin llegaron al Despacho Oval, o al campo de golf, o doquiera que estuviera el presidente cuando por fin llegaron a sus oídos.

Pero, como dije, los mercados parecen estar celebrando: mientras escribo esto, los mercados bursátiles están al alza, mientras que las tasas de interés a largo plazo —un mejor barómetro de las opiniones de los inversionistas sobre las perspectivas económicas— ya no están en sus niveles bajos recientes. ¿Qué está pasando?

La respuesta, yo sugeriría, es que los mercados financieros en esencia están descontando las diatribas de Trump; han dejado de tratar las pruebas de su ineptitud para el cargo como noticia.

Sí, la comprensión en materia de políticas de Trump es nula. Sí, sus tuits molestos nos recuerdan todo el tiempo su egomanía e inseguridad, pero ya hace tiempo que lo sabíamos, la personalidad de Trump ya está más que sopesada.

Más bien, lo que los inversionistas quieren saber es hasta qué grado las fallas de su carácter darán como resultado políticas económicas destructivas.

En términos jurídicos, Donald Trump enfrenta considerablemente pocas limitantes: la ley estadounidense en materia de comercio le otorga al presidente una enorme discrecionalidad para imponer aranceles según su voluntad, y dado que tenemos un Senado débil, hay muchas otras cosas que puede hacer en nombre de la seguridad nacional.

Sin embargo, a partir de ahora, los mercados parecen estar apostando a que sus tuits hablan mucho, pero hacen poco.

¿Esa es una buena apuesta? Tengo mis reservas.

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