/ miércoles 22 de mayo de 2019

Echeverría y la lealtad

A más de 40 años de concluido su gobierno, Luis Echeverría es el más antiguo de los expresidentes de la República en vida. Sujeto en esas décadas al juicio de la historia, la figura de Echeverría ha sido objeto lo mismo de críticas que de análisis objetivos de su paso por la administración como uno de los representantes de la etapa constructiva que consolidó las instituciones surgidas de la Revolución Mexicana y la construcción de nuevas que hoy siguen operantes y vigentes en el desarrollo del país.

La serenidad frente a los veredictos de la historia, la consecuencia con lo que fue y significó su gobierno, pero sobre todo la lealtad a sí mismo, a sus convicciones y a los demás caracterizan al expresidente Echeverría a sus 97 años que vive en la tranquilidad de su hogar, rodeado de los suyos superadas ya las tormentas, los sinsabores y las grandes satisfacciones del servicio público.

Conocí a Luis Echeverría en 1957 cuando, el oficial mayor de la secretaría de Educación fue encargado por su titular, José Ángel Ceniceros, de las negociaciones para solucionar una huelga estudiantil que afectaba a la casi totalidad de las escuelas normales de la República. Subsecretario de Gobernación, secretario del ramo, candidato a la presidencia de la República, jefe del Estado de 1970 a 1976, mi trato con Luis Echeverría, intermitente, fue siempre el del reportero, el del editorialista, el del periodista con el funcionario. Crítico cuando la convicción frente al acontecer de la política así lo determinó, el periodista encontró siempre en Echeverría el respeto a la libertad de expresión, reconocida por toda una generación de comunicadores en esos años.

La amistad cercana con don Luis Echeverría vino años después, cuando a finales de los años 70, el ya expresidente mantenía y alimentaba la relación con personas o grupos con quienes esa proximidad afectiva, personal, no había sido estrechada. Muchos de ellos ya fallecidos, personajes de la política, de la cultura y de los más diversos sectores, encontraron en Luis Echeverría al amigo de siempre. La lealtad, para ser verdadera, transcurre en dos sentidos, del colaborador o el subordinado al personaje y de éste a quien se la otorga. En largas pláticas, reuniones con amigos y familiares cuyo objetivo no ha sido sino el culto a la amistad, con don Luis Echeverría hemos tenido la oportunidad de recordar, comentar serenamente los grandes pasajes de la historia de México y el mundo que el expresidente conoce y analiza a profundidad.

En esas conversaciones, jamás hemos escuchado una crítica mal intencionada, apartada de la objetividad y el juicio de una larga vida sobre persona alguna, adversarios o afines en las batallas políticas libradas por el hoy expresidente en su largo paso por la vida. El trato con quien ha sido investido por el voto ciudadano como presidente de la República es siempre difícil, rodeado del respeto, a veces reverencial que de esa relación se espera. Sin menoscabo de esa consideración, es gratificante conocer al hombre en su dimensión humana que permite esa cercanía.

He recibido recientemente llamadas de don Luis Echeverría con quien me he reunido en su casa de San Jerónimo edificada en los terrenos del antiguo barrio que albergaba, como la suya, granjas y espacios de producción agropecuaria familiar.

Esas llamadas y esas reuniones han obedecido al interés de Luis Echeverría por mi estado de salud, afectada por un padecimiento ocular crónico que no impide la continuación de la actividad periodística, pero sobre todo del cultivo de amistades como la del expresidente, con quien compartir en la lealtad del afecto el análisis de la historia y de la vida pública de una sociedad a la que personalidades de gran trayectoria han servido con apasionada entrega.

Srio28@prodigy.net.mx

A más de 40 años de concluido su gobierno, Luis Echeverría es el más antiguo de los expresidentes de la República en vida. Sujeto en esas décadas al juicio de la historia, la figura de Echeverría ha sido objeto lo mismo de críticas que de análisis objetivos de su paso por la administración como uno de los representantes de la etapa constructiva que consolidó las instituciones surgidas de la Revolución Mexicana y la construcción de nuevas que hoy siguen operantes y vigentes en el desarrollo del país.

La serenidad frente a los veredictos de la historia, la consecuencia con lo que fue y significó su gobierno, pero sobre todo la lealtad a sí mismo, a sus convicciones y a los demás caracterizan al expresidente Echeverría a sus 97 años que vive en la tranquilidad de su hogar, rodeado de los suyos superadas ya las tormentas, los sinsabores y las grandes satisfacciones del servicio público.

Conocí a Luis Echeverría en 1957 cuando, el oficial mayor de la secretaría de Educación fue encargado por su titular, José Ángel Ceniceros, de las negociaciones para solucionar una huelga estudiantil que afectaba a la casi totalidad de las escuelas normales de la República. Subsecretario de Gobernación, secretario del ramo, candidato a la presidencia de la República, jefe del Estado de 1970 a 1976, mi trato con Luis Echeverría, intermitente, fue siempre el del reportero, el del editorialista, el del periodista con el funcionario. Crítico cuando la convicción frente al acontecer de la política así lo determinó, el periodista encontró siempre en Echeverría el respeto a la libertad de expresión, reconocida por toda una generación de comunicadores en esos años.

La amistad cercana con don Luis Echeverría vino años después, cuando a finales de los años 70, el ya expresidente mantenía y alimentaba la relación con personas o grupos con quienes esa proximidad afectiva, personal, no había sido estrechada. Muchos de ellos ya fallecidos, personajes de la política, de la cultura y de los más diversos sectores, encontraron en Luis Echeverría al amigo de siempre. La lealtad, para ser verdadera, transcurre en dos sentidos, del colaborador o el subordinado al personaje y de éste a quien se la otorga. En largas pláticas, reuniones con amigos y familiares cuyo objetivo no ha sido sino el culto a la amistad, con don Luis Echeverría hemos tenido la oportunidad de recordar, comentar serenamente los grandes pasajes de la historia de México y el mundo que el expresidente conoce y analiza a profundidad.

En esas conversaciones, jamás hemos escuchado una crítica mal intencionada, apartada de la objetividad y el juicio de una larga vida sobre persona alguna, adversarios o afines en las batallas políticas libradas por el hoy expresidente en su largo paso por la vida. El trato con quien ha sido investido por el voto ciudadano como presidente de la República es siempre difícil, rodeado del respeto, a veces reverencial que de esa relación se espera. Sin menoscabo de esa consideración, es gratificante conocer al hombre en su dimensión humana que permite esa cercanía.

He recibido recientemente llamadas de don Luis Echeverría con quien me he reunido en su casa de San Jerónimo edificada en los terrenos del antiguo barrio que albergaba, como la suya, granjas y espacios de producción agropecuaria familiar.

Esas llamadas y esas reuniones han obedecido al interés de Luis Echeverría por mi estado de salud, afectada por un padecimiento ocular crónico que no impide la continuación de la actividad periodística, pero sobre todo del cultivo de amistades como la del expresidente, con quien compartir en la lealtad del afecto el análisis de la historia y de la vida pública de una sociedad a la que personalidades de gran trayectoria han servido con apasionada entrega.

Srio28@prodigy.net.mx

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