/ lunes 6 de diciembre de 2021

Economía 4.0 | Tres años: ¿Cuál es el futuro de la economía mexicana?

La semana pasada el Banco de México dio una mala noticia al presentar su nueva estimación de crecimiento para el país en 2021: 5.4%, una cifra inferior al promedio de 6.1% reportado por el INEGI para los tres primeros trimestres del año.


Lo anterior implica que Banxico prevé una marcada desaceleración para el cuarto trimestre del 2021, una que lleve al PIB a contabilizar incrementos que ronden entre el uno y dos por ciento, algo similar a lo que ocurrió en septiembre pasado cuando el crecimiento fue de solamente 1.3%.


Con ello llega la nueva realidad de la actividad productiva nacional: es el resultado de las fallas del modelo neoliberal implementado en los últimos 40 años, la crisis provocada por el COVID-19 y la ausencia de un programa de desarrollo industrial que corresponda a los cambios globales que se instrumentan en el mundo.


México busca responder a la mayor crisis global que se ha enfrentado en 90 años con instrumentos diseñados para una realidad que ya terminó. La crisis del sector automotriz y de la globalización son la mejor muestra: el país apostó por dichas estrategias y se vio beneficiado por la estrategia de las empresas trasnacionales que ubicaron sus plantas maquiladoras alrededor del mundo, particularmente en donde había mano de obra calificada y de menor costo.


El TMEC cambió dicha realidad y México no se percató. El origen del TMEC fue la búsqueda de Estados Unidos por atraer nuevamente los procesos productivos del sector automotriz. Así lo diseñó Trump con las reglas de origen. Médico se empeñó en defender la idea de libre comercio y no la de un modelo industrial regional de vanguardia.


Hoy Biden busca esquemas para consolidar la fabricación de autos eléctricos en su país, forma parte de su política industrial. La respuesta de México no puede fundamentarse en apelar al TMEC: la negociación de la ubicación de la producción se negociará entre el gobierno de Estados Unidos, las empresas trasnacionales y la respuesta de China. El uso de energía limpia y los salarios serán otras variables a considerar.


México no tiene tiempo que perder, su estructura adolece de los fundamentos para crecer más allá de su promedio de los últimos 40 años: 2.5%.


Dos terceras partes del crecimiento se basan en menos de 30 mil grandes y en medianas empresas con más de 100 empleados, justamente las que dan seguimiento a los cambios institucionales que se operan en el país.


El resto, casi 5 millones, tiene poca incidencia sobre el valor agregado y fue el más dañado por la crisis del 2020: el COVID-19 exacerbó esa realidad y la llevó a un nuevo extremo de precariedad: una caída de (-) 8.2%, una contracción no observada desde la Gran Crisis de 1929 y la cual implicó la quiebra de 400 mil empresas.


El 2021 registró una recuperación parcial del PIB que es atribuible a la baja base de comparación del segundo trimestre del 2020, cuando la economía retrocedió (-) 20% y su sector industrial (-) 30% en varios meses.


Lamentablemente la manufactura perdió fuerza durante los últimos meses y el consumo privado vive la nueva realidad del incremento en la tendencia laboral de la pobreza.


Con las mayores presiones inflacionarias en 20 años, una política monetaria que se redefinirá con los cambios en Banco de México, la incertidumbre sobre la evolución del Covid-19 y el futuro de la reforma energética, el país enfrentará un 2022 que mostrará la nueva realidad de México.


Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

La semana pasada el Banco de México dio una mala noticia al presentar su nueva estimación de crecimiento para el país en 2021: 5.4%, una cifra inferior al promedio de 6.1% reportado por el INEGI para los tres primeros trimestres del año.


Lo anterior implica que Banxico prevé una marcada desaceleración para el cuarto trimestre del 2021, una que lleve al PIB a contabilizar incrementos que ronden entre el uno y dos por ciento, algo similar a lo que ocurrió en septiembre pasado cuando el crecimiento fue de solamente 1.3%.


Con ello llega la nueva realidad de la actividad productiva nacional: es el resultado de las fallas del modelo neoliberal implementado en los últimos 40 años, la crisis provocada por el COVID-19 y la ausencia de un programa de desarrollo industrial que corresponda a los cambios globales que se instrumentan en el mundo.


México busca responder a la mayor crisis global que se ha enfrentado en 90 años con instrumentos diseñados para una realidad que ya terminó. La crisis del sector automotriz y de la globalización son la mejor muestra: el país apostó por dichas estrategias y se vio beneficiado por la estrategia de las empresas trasnacionales que ubicaron sus plantas maquiladoras alrededor del mundo, particularmente en donde había mano de obra calificada y de menor costo.


El TMEC cambió dicha realidad y México no se percató. El origen del TMEC fue la búsqueda de Estados Unidos por atraer nuevamente los procesos productivos del sector automotriz. Así lo diseñó Trump con las reglas de origen. Médico se empeñó en defender la idea de libre comercio y no la de un modelo industrial regional de vanguardia.


Hoy Biden busca esquemas para consolidar la fabricación de autos eléctricos en su país, forma parte de su política industrial. La respuesta de México no puede fundamentarse en apelar al TMEC: la negociación de la ubicación de la producción se negociará entre el gobierno de Estados Unidos, las empresas trasnacionales y la respuesta de China. El uso de energía limpia y los salarios serán otras variables a considerar.


México no tiene tiempo que perder, su estructura adolece de los fundamentos para crecer más allá de su promedio de los últimos 40 años: 2.5%.


Dos terceras partes del crecimiento se basan en menos de 30 mil grandes y en medianas empresas con más de 100 empleados, justamente las que dan seguimiento a los cambios institucionales que se operan en el país.


El resto, casi 5 millones, tiene poca incidencia sobre el valor agregado y fue el más dañado por la crisis del 2020: el COVID-19 exacerbó esa realidad y la llevó a un nuevo extremo de precariedad: una caída de (-) 8.2%, una contracción no observada desde la Gran Crisis de 1929 y la cual implicó la quiebra de 400 mil empresas.


El 2021 registró una recuperación parcial del PIB que es atribuible a la baja base de comparación del segundo trimestre del 2020, cuando la economía retrocedió (-) 20% y su sector industrial (-) 30% en varios meses.


Lamentablemente la manufactura perdió fuerza durante los últimos meses y el consumo privado vive la nueva realidad del incremento en la tendencia laboral de la pobreza.


Con las mayores presiones inflacionarias en 20 años, una política monetaria que se redefinirá con los cambios en Banco de México, la incertidumbre sobre la evolución del Covid-19 y el futuro de la reforma energética, el país enfrentará un 2022 que mostrará la nueva realidad de México.


Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico