/ lunes 27 de enero de 2020

Economía mexicana: del estancamiento a la recesión

La debilidad del mercado interno se ha profundizado, los principales indicadores del sector servicios se siguen alineando a la recesión que desde hace 14 meses enfrenta la actividad industrial: según el Inegi, la economía cayó (-) 0.2 por ciento en los primeros 11 meses de 2019.

Los efectos de la fase recesiva de la economía han permeado a un mercado laboral estructuralmente precarizado: la pérdida de empleos reportada por el IMSS y el aumento de las condiciones críticas de ocupación que revela el último informe del Inegi lo confirman.

Lo último permite entender por qué el consumo privado mostró un crecimiento de sólo 1.0 por ciento en los primeros 10 meses de 2019, ello a pesar de la llegada histórica de remesas (33 mil millones de dólares en los primeros 11 meses del año), de que los trabajadores retiraron más de 12 mil millones de pesos de sus Afores), de los programas de apoyo social y del alza al salario mínimo: todo ello no puede compensar los efectos negativos de una recesión, aunque la misma sea moderada.

Además, se debe considerar la onda de choque que ha llegado desde el exterior: cuatro meses de caídas en la actividad industrial de Estados Unidos, la recesión en este sector en Alemania, la debilidad de Japón, Corea del Sur y Gran Bretaña, por citar algunos ejemplos relevantes, muestran que la industria global está en un terreno más cercano a una recesión que a una recuperación.

México, al ser una economía plenamente abierta (en una proporción superior a la de sus principales socios comerciales) y dependiente de los flujos financieros del exterior, enfrenta las primeras consecuencias de una afectación industrial que no ha sido debidamente diagnosticada y la cual se conjuntará con la situación interna que vive el país.

La información del Inegi es clara: el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) muestra que la debilidad del sistema productivo es amplia y se profundiza. Por ello se refrenda la pertinencia de instrumentar una Nueva Política Industrial, no sólo representa el único mecanismo para revertir los desequilibrios coyunturales y los rezagos internos acumulados en materia social y económica durante los últimos 40 años; al mismo tiempo constituye el único camino para enfrentar exitosamente las nuevas condiciones que impone el T-MEC y la discrepancia de este acuerdo con el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP): la baja exigencia de este último en materia de contenido regional y nacional choca con los requerimientos del TMEC.

Sólo una Nueva Política Industrial basada en la promoción del Contenido Nacional y de lo Hecho en México servirá para transformar al país: mayor contenido implica empleo e inversión que favorece el desarrollo social y económico.

En este sentido es fundamental el financiamiento orientado a la integración de cadenas productivas, desarrollo de proveedores y sustitución competitiva de importaciones que la banca de desarrollo ha comenzado a instrumentar a través de Bancomext y Nafin, representa uno de los primeros pasos en una lógica de industrialización de México con sentido social.

El año 2020 requerirá la multiplicación de esfuerzos que favorezcan lo Hecho en México para revertir la recesión de la economía nacional.

La debilidad del mercado interno se ha profundizado, los principales indicadores del sector servicios se siguen alineando a la recesión que desde hace 14 meses enfrenta la actividad industrial: según el Inegi, la economía cayó (-) 0.2 por ciento en los primeros 11 meses de 2019.

Los efectos de la fase recesiva de la economía han permeado a un mercado laboral estructuralmente precarizado: la pérdida de empleos reportada por el IMSS y el aumento de las condiciones críticas de ocupación que revela el último informe del Inegi lo confirman.

Lo último permite entender por qué el consumo privado mostró un crecimiento de sólo 1.0 por ciento en los primeros 10 meses de 2019, ello a pesar de la llegada histórica de remesas (33 mil millones de dólares en los primeros 11 meses del año), de que los trabajadores retiraron más de 12 mil millones de pesos de sus Afores), de los programas de apoyo social y del alza al salario mínimo: todo ello no puede compensar los efectos negativos de una recesión, aunque la misma sea moderada.

Además, se debe considerar la onda de choque que ha llegado desde el exterior: cuatro meses de caídas en la actividad industrial de Estados Unidos, la recesión en este sector en Alemania, la debilidad de Japón, Corea del Sur y Gran Bretaña, por citar algunos ejemplos relevantes, muestran que la industria global está en un terreno más cercano a una recesión que a una recuperación.

México, al ser una economía plenamente abierta (en una proporción superior a la de sus principales socios comerciales) y dependiente de los flujos financieros del exterior, enfrenta las primeras consecuencias de una afectación industrial que no ha sido debidamente diagnosticada y la cual se conjuntará con la situación interna que vive el país.

La información del Inegi es clara: el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) muestra que la debilidad del sistema productivo es amplia y se profundiza. Por ello se refrenda la pertinencia de instrumentar una Nueva Política Industrial, no sólo representa el único mecanismo para revertir los desequilibrios coyunturales y los rezagos internos acumulados en materia social y económica durante los últimos 40 años; al mismo tiempo constituye el único camino para enfrentar exitosamente las nuevas condiciones que impone el T-MEC y la discrepancia de este acuerdo con el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP): la baja exigencia de este último en materia de contenido regional y nacional choca con los requerimientos del TMEC.

Sólo una Nueva Política Industrial basada en la promoción del Contenido Nacional y de lo Hecho en México servirá para transformar al país: mayor contenido implica empleo e inversión que favorece el desarrollo social y económico.

En este sentido es fundamental el financiamiento orientado a la integración de cadenas productivas, desarrollo de proveedores y sustitución competitiva de importaciones que la banca de desarrollo ha comenzado a instrumentar a través de Bancomext y Nafin, representa uno de los primeros pasos en una lógica de industrialización de México con sentido social.

El año 2020 requerirá la multiplicación de esfuerzos que favorezcan lo Hecho en México para revertir la recesión de la economía nacional.